#YaNoQuieroSerCochista, pero no puedo

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Queremos dejar de usar el coche, pero, ¿cómo? ¡si no conviene ni en cuestión de tiempos, ni de dinero, ni de seguridad!

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Se fue la tormenta del desabasto. Bajó la angustia, la tensión. Hablamos sobre el impacto del uso desmedido por autos particulares, la contaminación, el ultraje al espacio público y las calles, el despilfarro de dinero invertido en vialidades colapsadas… pero, ¿qué sigue? Esta no es una historia de villanos. Al menos quienes llegamos a usar nuestros coches particulares para movernos, en la mayoría de los casos estamos orilladas a hacerlo. ¿Cómo prescindir de él en una ciudad que devora peatones, ciclistas y usuarias de transporte público?

De acuerdo con los resultados de la encuesta “Así Vamos Nuevo León” del 2018, 48 por ciento de los viajes en la metrópoli los hacemos en auto no colectivo y la mayoría, el 70 por ciento de las automovilistas, viajamos a solas en nuestros carros. Gran parte de los recorridos son inevitables pues vamos al trabajo (60 por ciento) o para hacer compras (20 por ciento). ¿Por qué es así? ¿Tendremos que hacerlo SIEMPRE en coche?.

La población de Nuevo León asegura, en la misma encuesta, que las principales razones por las que no usa el transporte público tienen que ver con que va lleno (12 por ciento), con qué tarda más que ir en coche propio (11 por ciento), que no llega al destino deseado (10 por ciento), es muy caro (10 por ciento) e inseguro (6.5 por ciento).  Queremos dejar de usar el coche, pero, ¿cómo? ¡si no conviene ni en cuestión de tiempos, ni de dinero, ni de seguridad!

En mi caso, al tener la posibilidad de vivir cerca de mis destinos puedo ser ciclista con mayor facilidad y dejar el coche semanas completas. Sin embargo, siendo mujer en una ciudad con alerta de género y alto riesgo a ser violada o asesinada, me la pienso dos veces antes de rodar sola de noche por la ciudad. Viéndome obligada a usar el coche.

Pero, hay esperanza. Hay ciertas prácticas que pueden ayudarnos mientras que este problema sistémico se soluciona. Por ejemplo, mi hermana acostumbraba usar su coche temprano por las mañanas para ir a su maestría y pasaba horas en el tráfico. Ahora, recorre un tramo en coche, lo deja estacionado cerca del metro y toma la línea 1 al centro de Monterrey. Ésta opción de intermodalidad, mezclando varios medios de transporte le permite ahorrar tiempo y gasto de gasolina.

En el trabajo hicimos un mapa con los puntos de donde salimos y nos dirigimos para llegar a laborar. Identificamos quienes vivíamos cerca y de vez en cuando compartimos el coche de la casa a la oficina. Es un problema conseguir estacionamiento. Así que, hacer “carpooling” una vez a la quincena representa un alivio y nos ahorramos la molestia.

Un tanto más “radical” es la acción mundial del #retosinauto. Conmemorado ya por tradición en el mes de septiembre, La Red de la Semana de la Movilidad en Monterrey nos convoca a dejar el coche por completo al menos un día; y de ser posible, una semana al año. Desde su primera edición en el 2014, hemos visto como rectores de Universidades, funcionarias públicas y ciudadanía se animan a dejar el coche para moverse de una forma alterna. ¿Podrías? ¿Al menos 7 de 365 días?

Evidentemente todas estas gestiones pueden resultar cansadas, tediosas, y quizás insostenibles. El punto es salir un poco de la burbuja a costa de incomodidades y sacrificios, pero con la mirada larga de coadyuvar a disminuir los impactos negativos del uso del coche, y mantener la noción de la situación de los medios de transporte colectivos en nuestra comunidad. Así podríamos indignarnos ante la precariedad o celebrar los avances.

Por otro lado, no hay que dejar de señalar que la buena disposición ciudadana nunca será suficiente ante políticas públicas que favorecen sólo intereses privados. Es por esto que la semana pasada organizaciones de la sociedad civil presentaron su rechazo total a la Nueva “Ley de Movilidad” del Gobierno del Estado. Pues, aseguran, necesita reformularse para que en verdad fortalezca medios no motorizados y garantice mejoras al sistema de transporte público.

Vecinas, vecinos, que nuestra rutina caníbal no nos aleje de la realidad. Mantengamos la esperanza en que podemos mejorar la forma en que nos movemos. Soltemos poco a poco el apego al coche. Sigamos exigiendo y apoyando a las colectividades que están trabajando por visibilizar y atender el problema de movilidad en la ciudad. Esto si lo podemos seguir haciendo. Eventualmente, cambiará y cuando esto suceda, recorrer la ciudad será disfrutable.

Lety Esquer

Me intrigan y apasionan las interacciones sociales. Me he dedicado a aprender de ellas y acompañar procesos para la organización y la colaboración. Sueño con una ciudad renovada. Por lo mismo, soy parte de Pueblo Bicicletero y Femibici. Aunque mi paz se encuentra en la calma del hilo y la aguja de un bordado, a @ritmocaracol.