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¿Ya te pagaron?

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La glamurización de compartir casa con 5 personas desconocidas y esa fantasía que se nos había disfrazado de libertad: ser freelancer y trabajar “sin jefes”, ya no nos alcanza.

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Por fin llegó el fin de una semana muy intensa y apenas tengo oportunidad de escribir. Me parece sorprendente cómo el tiempo se expande y contrae de manera muy curiosa en las últimas semanas. A veces pienso en cosas que ocurrían en la otra vida y me parecen muy lejanas, qué raro pensar que hace un mes todo era distinto. Ahora, todo marcha a un ritmo diferente. Un conteo constante que crece día con día nos recuerda la importancia de actuar con agilidad. Otras cosas se ralentizan y pareciera que algunos aspectos de la vida están en pausa.

Estos días he tenido muchísimo más trabajo que de costumbre, pues me dedico a comunicar y la comunicación no para, aunque todo pare. Como mucha gente, llevo tres semanas trabajando desde casa que, aunque a veces parece más cómodo, también pareciera ser una trampa para no poder escapar de la ola de pendientes que inundan mi bandeja de entrada.

Le platico a un amigo mi situación y me comenta: al menos aún tienes trabajo, muchos de nosotros hemos tenido que parar totalmente. Pues sí, supongo que en esta época no es malo tener mucho trabajo. Es curioso estar frente a este momento, en el que colectivamente pareciera estar yéndonos mal, entonces si te va menos mal que al otro ya es ganancia. No estoy segura de que esto se deba a la pandemia o simplemente sea un síntoma más de vivir en México.

El martes 31 de marzo, fue un momento decisivo para muchos asalariados (incluyéndome) pues fue el día de pago o no pago de nuestra primer quincena en cuarentena. ¿Ya te pagaron? recibí ese mensaje cuatro veces de cuatro personas diferentes, todos a la expectativa y con cierta ansiedad compartida, pues en estos días la incertidumbre es generalizada. Mi hermana fue la primera en recibir su quincena, completita ¡Uff qué alivio!, a otros amigos no les fue tan bien: hubo recortes de sueldos y a otros los mandaron a “descansar” de manera temporal. ¡Qué nervios! Yo recibí mi quincena hasta las 7 de la noche, me di cuenta de que estaba incompleta.

Nadie me explicó qué sucedió hasta el otro día donde me informaron que mi sueldo se vería reducido en un porcentaje, al igual que el de todo el personal, fue la solución que propuso la empresa para no hacer recortes. Ni modo, soy afortunada, al menos sigo percibiendo ingresos. Aun así, me causa impotencia la situación de sentir que en realidad no hay tanto rango de opción.

Sobra decir que tengo miedo de lo que se viene. Además de la crisis de salud, me preocupa mucho la cuestión económica, en particular la de mi generación. El futuro parecía poco prometedor para los millennials desde antes del coronavirus, somos la generación del outsourcing y la precariedad. Ya se nos había avisado que con nuestros afores no nos alcanzaba para tener un retiro digno y que tener una casa propia era un sueño casi inalcanzable. Ahora, con la crisis generada por el COVID-19 nuestro futuro es aún más incierto. La mayoría de nosotros trabajamos sin recibir prestaciones, sin estar suscritos a algún seguro, sin un fondo de ahorro y a veces hasta sin vacaciones. La glamurización de compartir casa con 5 personas desconocidas y esa fantasía que se nos había disfrazado de libertad: ser freelancer y trabajar “sin jefes”, ya no nos alcanza.

Lucía Anaya

Soy muy curiosa, feminista, fan de los perritos, las caminatas y el café. Me apasionan los temas de sociedad, género, nuevos medios y cultura audiovisual. Me encanta aprender, estudié una Licenciatura en Arte Digital y una Maestría en Humanidades. Actualmente me desempeño como creadora de contenido digital tanto educativo como para marcas.