Whitexicans 

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La inclusión de whitexican dentro del vocabulario cotidiano, y el parcial divisionismo resultado del reciente periodo de elecciones presidenciales, han dejado a México viéndose a los ojos frente al espejo. Tenemos ahora el reflejo de cuestionar estratos sociales, privilegios e injusticias sistémicas.

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Últimamente, en los pasillos del Twitter ha soplado una nueva voz. Un tema de conversación que pasó de ser tendencia a establecerse como elemento sólido de nuestro discurso colectivo. En tan solo tres meses, el término whitexican se ha instalado en la vitrina más alta de la jerga mexicana. Ser whitexican—según Twitter—es sentirse orgulloso de ser mexicano en todo el mundo menos en México. Es también beber agua Perrier o sentirse alternativo por subirse al metro. Ser whitexican es asegurar que la trabajadora del hogar es “como de la familia”. Pero ser whitexican no es necesariamente ser blanco y mexicano. 

Este término whitexican hace referencia a las pretensiones, costumbres y hábitos sofisticados de un segmento socioeconómico privilegiado (en su mayoría blanco, pero no exclusivamente). Al whitexican se le critican dos cosas: la superioridad moral que perpetua la aspiración primermundista de su estilo, y la ceguera social que los distingue: esa resistencia a ver a México más allá de su folclore. Es complejo definir la palabra whitexican dada su entrada informal a la conversación colectiva. Todo comenzó con un tweet que alcanzó la escala viral, y hasta ahora es difícil acertar si el uso de “whitexican” es un simple meme o una verdadera crítica social al viejo clasismo mexicano. 

Aunque no existe una definición unívoca de esta palabra es claro que el concepto es más una consecuencia que un efecto social aislado. Durante meses se ha hablado con un tono de “nosotros los pobres y ustedes los privilegiados”. El término “whitexican” es un subproducto de la narrativa impulsada por las campañas presidenciales de este año. Recordemos que, en campaña, nuestro actual presidente posicionó su discurso en el divisionismo entre el México que puede y el México que carece.

También existieron otros factores mediáticos, como el lanzamiento de la serie Made In Mexico de Netflix, que más que entretenimiento, ha sido un ejercicio de reflexión sobre quiénes somos y qué matices convergen dentro del concepto de ser mexicano. La masiva difusión del término whitexican, y la conversación sobre la injusticia social propagada por las campañas presidenciales, si bien no han oficializado un discurso sobre el gravísimo racismo mexicano, nos han hecho parcialmente conscientes del peso contundente que tienen el origen socioeconómico y el color de piel en nuestro país. Whitexican, además de un juicio satírico a la élite, es un recordatorio de que, en México, la correlación entre esfuerzo y oportunidad no es directamente proporcional— estatus, apariencia y color son variables que ejercen influencia en esta ecuación. 

La inclusión de whitexican dentro del vocabulario cotidiano, y el parcial divisionismo resultado del reciente periodo de elecciones presidenciales, han dejado a México viéndose a los ojos frente al espejo. Tenemos ahora el reflejo de cuestionar estratos sociales, privilegios e injusticias sistémicas. Estos son cuestionamientos estructurales que, si logran ser bien examinados, podrían llevarnos a entablar una conversación sana sobre las diversas fallas del sistema socioeconómico que actualmente rige a nuestro país.

El reto para los mexicanos está en pasar de la parodia de los whitexicans a un diálogo consciente; nos toca aceptar la frialdad de la realidad social de nuestro país (son 43,6 por ciento de los mexicanos viviendo en condiciones de pobreza). La responsabilidad de los poderes públicos, al haber fomentado este debate, es la de asegurar que México pasará de este periodo de introspección a una verdadera fase de deconstrucción de la desigualdad social.

Mahomed-Ramiro Jezzini

Me expatrié con un cuaderno para en ocasiones escribir de mi regreso. Cuento historias en jezzini.eu