White supremacy o la identidad herida

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Creo que este fenómeno, más allá de deberse a un impulso reaccionario, es causado por una identidad – masculina, blanca y heterosexual – que se percibe vulnerada debido al reconocimiento y la inclusión de otras en espacios percibidos como propios.

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Si este siglo se ha caracterizado por un discurso en concreto,  es el de la tolerancia. Los medios y Hollywood nos inundan con dicho concepto, basta haber visto la entrega de los premios Oscar de este año. Representación de todas las diferencias: raza, nacionalidad, orientación sexual, género, etc. El siglo de los muros fue el XX – dicen algunos – este, el XXI, es el de la tolerancia. Sin embargo, me pregunto, ¿por qué Trump y su muro?, ¿por qué Bolsonaro y su discurso de odio? ¿Qué hay de Francia, Italia, Grecia y demás países europeos que amenazan con volver a una época de intolerancia y diferenciación? ¿Por qué vuelve a ampliarse el abismo que separa lo que es distinto?

Dos casos, separados continentalmente en el espacio, y a unos cuantos meses en el tiempo. Crímenes de odio, así los clasifican los medios internacionales. Brenton Harrison, Christchurch, Nueva Zelanda, 50 víctimas. Robert Bowers, Pittsburgh, Estados Unidos, 11 víctimas. En el primer caso, las víctimas fueron musulmanes en dos mezquitas; en el segundo, fueron judíos rindiendo culto en una sinagoga. Brenton tiene 28 años; Robert, 46; los dos hombres caucásicos. Lo que une los dos tiroteos es el odio y la intolerancia patológica hacia la diferencia. 

El problema es uno de identidad, de pertenecer a un grupo bien delimitado y diferenciado. Así, frente a otros conjuntos, la propia identidad se ve agredida. Pero, ¿cómo definir la identidad personal si no es a partir de los otros, de la diferencia? ¿Podemos determinarla partiendo de lo otro sin negarlo a su vez?

En Polonia, por ejemplo, para celebrar los 99 años de su independencia (2017), un grupo de alrededor de 60 mil personas marcharon por las calles de Varsovia enalteciendo una identidad que identifican con la pureza racial y la superioridad cultural. Un conjunto de rasgos que anhelan regresar a una supuesta “Europa blanca” ya perdida según su imaginario. Make America Great Again también pretende volver a un pasado idealizado y recuperar una identidad perdida, arrancada de ellos por la alteridad, por los otros. 

Para personas como Harrison y Bowers, supremacistas blancos, las identidades distintas pueden (y deben) ser negadas con el fin de proteger una que ellos consideran universal y única. Ya sea con balas, con muros o jaulas.

Creo que este fenómeno, más allá de deberse a un impulso reaccionario, es causado por una identidad – masculina, blanca y heterosexual – que se percibe vulnerada debido al reconocimiento y la inclusión de otras en espacios percibidos como propios. Por ello, pese al discurso general de la tolerancia y la inclusión, o incluso, incentivado por ese mismo razonamiento, vemos cómo se levantan los muros y se cavan las trincheras, reales y simbólicas. 

Para cerrar, esto no se limita al racismo y xenofobia por parte de quienes se identifican de la manera ya mencionada. Hay que recordar los grupos ideológicos identitarios, como el sector de la sociedad mexicana que hizo llamamientos contra la caravana migrante, alegando la prioridad del pueblo de México frente a aquella otredad en desplazamiento; las guerras tribales africanas, imponiendo supuestas superioridades culturales y religiosas sobre otras, masacrándolas; así como algunas minorías radicales alrededor del mundo que reclaman una autoridad moral sobre los demás, etc. 

La paradoja aquí es la siguiente: si la identidad se apuntala frente a lo otro, si la diferencia es prerrequisito del yo y en mayor escala del nosotros, ¿Cómo afirmar los reconocimientos particulares sin caer en políticas e ideologías identitarias ya sean de izquierdas o derechas? ¿Cómo superar el miedo al otro? Al filósofo alemán del siglo pasado, Edmund Husserl, se le ocurrió una idea: la empatía.

Maximiliano García

Es licenciado en Filosofía y Humanidades. Escritor aficionado y poeta amateur. Sus intereses varían desde la filosofía política hasta el arte y el estudio histórico de las religiones