Vocación sin distinciones

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Los autores del estudio identificaron que las propias autoridades educativas, así como las madres y los padres de familia, refuerzan el estereotipo de que los hombres no son aptos para desempeñarse como docentes de preescolar.

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Actualmente estamos viviendo momentos muy difíciles en todo el mundo. En estos momentos, no hay escuelas para nadie, tampoco hay guarderías, así que niñas y niños están en casa al cuidado de la familia. Sin embargo, vale la pena preguntarnos ¿en quién está recayendo la responsabilidad de atender, educar y entretener a los más pequeños?

Tradicionalmente, en nuestra cultura mexicana los roles de género han estado muy marcados en cuanto a lo que deben de hacer los hombres y lo que deben de hacer las mujeres. Y esto no es algo que solo ocurre en el ámbito familiar, lo mismo sucede en el campo profesional en donde seguimos viendo que hay trabajos que son para ellos y otros trabajos que son para ellas.

Aunque en México se ha ido avanzando (muy lentamente) en materia de equidad de género en el trabajo, todavía podemos ver como ciertos trabajos u oficios siguen siendo relacionados con ser hombre o ser mujer. La educación básica, especialmente en el ámbito privado, parecer tener muy arraigado el estereotipo del género.

En un estudio realizado en la Ciudad de México durante el año 2015, cuatro investigadores se dieron a la tarea de analizar situaciones de prejuicio, discriminación y exclusión en torno a la participación de los hombres en la educación preescolar. Sus tres principales focos de atención fueron la percepción de riesgo al tener hombres en las escuelas, el cuestionamiento de la “hombría” o la orientación sexual de los maestros hombres y la puesta en duda de su capacidad docente por el mero hecho de ser hombres.

Los autores del estudio identificaron que las propias autoridades educativas, así como las madres y los padres de familia, refuerzan el estereotipo de que los hombres no son aptos para desempeñarse como docentes de preescolar. Inclusive, a los hombres en estos puestos se les etiqueta automáticamente como homosexuales o potenciales abusadores sexuales. En cambio, se considera a las mujeres como aptas para esta labor, ya que se les asocia con cualidades supuestamente femeninas como la ternura, la fragilidad, la dulzura y la maternidad.

Lo anterior no es sorpresivo ni tampoco un secreto. Ya Julieta Tamayo Garza ha expresado en sus investigaciones que a las mujeres se les ha asociado tradicionalmente con tareas consideradas “femeninas”, como la maternidad, el cuidado de los hijos y el cuidado de los demás en general, tal y como sucede en el caso de las maestras.

En Nuevo León los estereotipos vinculados a la figura femenina dentro de la educación básica están muy naturalizados. Al revisar vacantes publicadas en los sitios de OCC Mundial y del periódico El Norte, se puede encontrar que colegios como el Madison, el Instituto Boston, el Instituto Federico Froebel y el Colegio Irlandés Anáhuac, solicitan para sus puestos docentes únicamente mujeres.

Casos como los anteriores existen muchos. Hace ya varios meses encontré una vacante docente para el Colegio Oxford. Cuando llamé para solicitar informes, me indicaron que solo recibían solicitudes por parte de mujeres. El pase de entrada para algunos colegios regiomontanos es el género. La formación y la experiencia profesional quedan en un segundo término.

Hace ya algunos años tuve la oportunidad de ser profesor en el Colegio San Patricio. Impartía la clase de tecnología a estudiantes de 3°, 4° y 5° grado de primaria. Esta, sin duda, fue una experiencia muy enriquecedora para mi formación profesional; sin embargo, pareciera que mi historia es una de las pocas excepciones en las que el género no se interpone para ser formador en estudiantes pequeños.

La educación básica en México está sumamente feminizada. La labor docente ha sido relegada únicamente a las mujeres, privándolas incluso de aspirar a otro tipo de profesiones y puestos de trabajo. Resulta contradictorio y muy preocupante que desde la formación temprana las mismas instituciones educativas sean quienes estén reproduciendo los estereotipos de género en el ámbito profesional.

Ya va siendo momento de que las instituciones escolares, públicas y privadas, se cuestionen la forma en que están entendiendo a la educación. La verdadera vocación docente se lleva en el corazón y no en el género.

Óscar Tolentino

Orgullosamente regiomontano. Me formé como Ingeniero en Sistemas de Información y ejercí como consultor de negocios por más de diez años. Me cuestionaba sobre las dinámicas del mundo del trabajo y decidí convertirme en científico social. Estudiante de doctorado en Ciencias Sociales, con interés en investigar los cambios en las relaciones laborales. Disfruto enormemente de caminar por la ciudad de Monterrey.