Vivir en dos idiomas

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Tal vez un día el patriarcado se vuelva una lengua muerta a la que solo regresen quienes estudien historia para entender las transformaciones del lenguaje. Porque a diferencia del latín o el griego, por ejemplo, este idioma antiguo no tendrá ningún uso, sus metáforas dejarán de tener sentido.

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Desde que me fui de México hablo la mitad del tiempo en español y la mitad en inglés. Vivir como un ser bilingüe es reinventarse. He aprendido a contar de dónde vengo, estudiar, trabajar, hacer amigos e incluso a amar en otro idioma. A veces me toma más tiempo para encontrar la palabra correcta, a veces la pronuncio mal o incluso es totalmente desconocida para mí. Esta condición me ha permitido darme cuenta: yo ya era bilingüe, pero en otro sentido. Tengo años hablando el idioma del patriarcado y del feminismo.

Pertenezco a una generación que ha tenido que (des)aprender normativas, roles, expectativas y estamos aún en el proceso. Soy hija de la década de los noventa en Monterrey. La educación a la que estuve expuesta tenía destellos progresistas. Las Chicas Súper Poderosas fueron un referente, pero no la norma. Nacimos y crecimos en la lógica del patriarcado, un lenguaje cargado de sus significantes. Fue poco a poco que comenzamos a aprender feminismo. Entró a nuestra casa en forma de libros, películas, canciones y finalmente pudimos entablar conversación en este idioma con las generaciones pasadas.

Me di cuenta de mi condición bilingüe cuando comencé a hablar con mujeres más jóvenes que yo. Su feminismo casi no tiene acentos como el mío, casi podría decir que son native speakers. Su vocabulario es amplio, la forma en que enlazan los pensamientos fluye, y sobre todo tienen otras palabras -otras metáforas- para entenderse. Pueden oler el mansplaining en segundos. Su concepción del cuerpo, de las relaciones, del poder está dentro de otra lógica, una que mi generación tuvo que aprender. Claro hay, como en todo, personas de mi edad que son perfectamente diestras en feminismo, pero han tenido que invertir tiempo y energía para master it. Porque hablar los dos idiomas al mismo tiempo es agotador.

Hablar patriarcado es algo a lo que vuelvo para entender a alguna gente o incluso para comunicarme con ella porque solo hablan este idioma. Tal vez un día el patriarcado se vuelva una lengua muerta a la que solo regresen  quienes estudien historia para entender las transformaciones del lenguaje. Porque a diferencia del latín o el griego, por ejemplo, este idioma antiguo no tendrá ningún uso, sus metáforas dejarán de tener sentido. 

Entre un idioma y otro, el sentido cambia cuando se traduce. Los chistes del patriarcado no dan risa en el feminismo porque la lógica es otra. Objetividad, subjetividad, emoción, razón, todas toman un significado diferente. Y entonces quien habla patriarcado piensa de una manera y quien habla feminismo piensa de otra. Por eso, cuando las estudiantes de una universidad católica y privada decidieron alzar la voz contra la violencia de género en la institución, los directivos decidieron vetarlas de su graduación y no permitirles estudiar más ahí. Estos directivos solo hablan patriarcado, y uno muy primitivo, por cierto.

Puedo entender el pánico que esto le causa a quienes solo hablan patriarcado. Me imagino a los escritores aterrados de que nadie volverá a leer sus obras porque pertenecerán a una lengua muerta. Su reacción es evidente: prefieren atacar este nuevo idioma que aprenderlo, como sucede en la globalización. So text book. Es decir, que quienes hablamos los dos idiomas los entendemos porque para su lógica nos es familiar, paupérrima pero familiar. No tienen expresiones, palabras, ni chistes nuevos, se puede oler cómo se marchitan. Se van preparando para el museo. 

Espero que, en mi analogía, el feminismo no se equipare con el inglés y sus rasgos colonizantes y capitalistas sino con un lenguaje que abre fronteras. Y así como hay muchas formas de hablar inglés, también hay varios feminismos que han crecido en diferentes latitudes con sus propios vocabularios, expresiones, chistes, metáforas.

Adoro tener conversaciones en feminismo, es un idioma que me llena de vida, con sus palabras tan bellas y que me permiten concebir el mundo desde el respeto, la equidad y la empatía. Sueño con que un día la educación sea en feminismo, las noticias se escuchen en feminismo y la ciencia se desarrolle también así. Creo que para allá vamos, pero por ahora a conversarlo, cantarlo y vivirlo.

Karem Nerio

Periodista mexicana. Estudió Letras en la UDEM allá por el 2012. Amante de las ironías y las coincidencias poéticas. Creyente del poder de la palabra ya sea en poesía o en Twitter.