Violencia genera violencia, una frase imprecisa

Por |

Revisando los logros históricos del movimiento feminista, bien podremos anticipar que la violencia contra las paredes, vidrios y monumentos se erige como uno de los detonantes para la consecución de nuevos avances, aun cuando no alcancen a expresar la rabia, impotencia y dolor acumulado.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email


En el contexto de las protestas por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, incontables voces se han pronunciado contra los disturbios de las manifestantes, aludiendo a frases como ‘esa no es la forma’ o ‘violencia genera violencia’. Esta última frase destaca por ser simplista, burguesa e imprecisa.

Simplista porque omite el recuento histórico de las luchas sociales exitosas. La gran mayoría de estas han utilizado la violencia como un medio estratégico para obtener avances, justo cuando las vías pacíficas fueron agotadas. Incluso movimientos presumiblemente pacíficos como los comandados por Martin Luther King y Nelson Mandela administraron la violencia para conseguir sus objetivos.

El acta de derechos que se firmó después del asesinato de Luther King se suscribió por las protestas y acciones violentas –como quema de edificios- que ocasionaron los afroamericanos, y que costaron millones de dólares en daños. Solo así. Por su parte, Mandela declaró que la violencia no cesaría hasta la abolición del apartheid, e incluso bajo prisión rechazó la oferta de liberación que en 1985 le propuso el presidente Botha a cambio de que el Congreso Nacional Africano renunciara a la violencia.

¿Gandhi? Para bien o para mal, su caso representa una de las pocas excepciones y no es tan sencillo reproducirlo porque se dio en condiciones sociopolíticas específicas.

Burguesa, porque olvida que la violencia ha sido el único camino para muchos sectores oprimidos en sus intentos de liberación. Es más sencillo señalar que existen otras formas de protestar, desde los privilegios políticos, económicos y sociales, que reconocer que los sectores oprimidos en general carecen de esos privilegios.

Imprecisa, porque no todas las formas de violencia son igual de graves. En el contexto de las recientes marchas, quizá la frase en cuestión tendría sentido si las manifestantes hubiesen violado, castrado y matado a hombres inocentes, es decir, si hubiesen respondido con actos violentos similares a los que acusan. 

En todo caso, la frase debe ser dirigida no a las manifestantes, sino a las autoridades porque su indiferencia, inoperancia e inacción son formas graves de violencia; o a las personas que se mofaron de las protestas pacíficas previas, porque la burla es otra forma de violencia; o a las personas que naturalizan el abuso y dominación de un género sobre otro; o a los emisarios del capitalismo, porque la desigualdad que generan sus políticas deriva en violencia económica y social.

Pero parece que se trata de culpabilizar a las mujeres cuando asumen el control de sus propias causas. El que una protesta legítima cause más indignación que los disturbios ocasionados por fanáticos del futbol, borracheras masivas o daños al patrimonio natural a causa de eventos elitistas como la F1, revela un machismo y una falta de empatía alarmantes. 

Tengamos presente que las manifestantes salieron a las calles a exigir los derechos que les han sido arrebatados, la justicia por las víctimas que no volverán y las medidas para que no hayan más víctimas. Los vidrios rotos, las pintas y los daños a monumentos históricos son el mejor indicador de que otras vías no han funcionado, o mejor dicho, no han sido tomadas lo suficientemente en serio por el Estado, la sociedad civil y los poderes fácticos. 

Vale recordar que, a partir de la marcha de agosto, el gobierno de la capital (entonces sí) comenzó a tomar medidas y el debate social ha crecido como nunca. También que el tema de género ganó espacio en la agenda de la 4T gracias a la presión (protestas y disturbios incluidos) del movimiento feminista en conjunto con familiares de las víctimas.

Revisando los logros históricos del movimiento feminista, bien podremos anticipar que la violencia contra las paredes, vidrios y monumentos se erige como uno de los detonantes para la consecución de nuevos avances, aun cuando no alcancen a expresar la rabia, impotencia y dolor acumulado.

La violencia no siempre genera violencia. A veces sólo genera justicia y un despertar activo hacia una sociedad más equitativa y pacífica. Al final del día las paredes serán limpiadas, pero las consignas quedarán tatuadas en nuestras conciencias.

Israel Arriola

Se graduó en licenciatura y maestría por la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos. Actualmente se desempeña como profesor en la Universidad La Salle Nezahualcóyotl, en el área de Ciencias en el Deporte. Es vegano y activista por los derechos animales desde 2008. También hace parte del movimiento por el Descrecimiento en México.