Valar Dohaeris

Tienes que verla, te va a gustar, es tipo medieval como el Señor de los Anillos, pero en otro universo, son varias familias y hay conflictos interesantes. Palabras más o palabras menos, fue lo que me respondió un amigo cuando le pregunté su opinión acerca de la ahora serie más exitosa de los últimos tiempos, Game of Thrones, allá por el año 2011; vaya qué conflictos y qué familias resultaron ser.

Mi amigo, corto de palabra pero honesto, había visto solo algunos capítulos de la reciente primer temporada, por lo que decidí darle una oportunidad y ponerme al corriente. El infortunio de los Targaryen, la soberbia de los Lannister, la elocuencia de los Baratheon y la integridad de los Stark, me rodearon en una emboscada sin igual, a la que no he podido escapar hasta el día de hoy. De vez en cuando, revisaba otra serie como House of Cards, donde Kevin Spacey en su papel de Frank Underwood, me recordaban lo que puede llegar a pasar en el mundo real, donde si bien no existen dragones, si hay tronos de hierro.

Temporada tras temporada, año con año, esperé los 10 capítulos que producía HBO en los primeros años; cada temporada tenía un ritmo similar, un inicio de cierta manera intenso por dos o tres capítulos, el desarrollo de los conflictos, el penúltimo capítulo con plot twist y la conclusión de la temporada que buscaba dejarte expectante durante un año, mientras llegaba la siguiente temporada. El penúltimo capítulo merece una mención especial, ya que en varias ocasiones fue mejor o más intenso, que el propio final de temporada.

Los personajes reflejan sentimientos reales y crudos de la humanidad: alegría, amor, sacrificio, pena, ira, venganza; todos catalizadores de un efecto dominó, donde una acción llevaba a la otra. Afrentas aceptadas, rumores esparcidos, batallas ganadas, estrategias filtradas, complots descubiertos y otros tantos ocultos, secretos milenarios que eran el origen de los problemas del hoy. Si Ned Stark no se hubiera manejado con tanta honradez y rectitud, otra historia habríamos visto; presenciamos la brutalidad de las palabras tanto en el juramento de Lady Brianne a Catelyn Stark, como en la influencia de Lord Varys en la vida pública de los Siete Reinos.

Los caminos de todos se cruzan en al menos un punto intermedio entre el inicio de sus viajes y las metas elegidas, vimos transformaciones impresionantes como la de Arya Stark, de niña a soldado de élite; la de Daenerys Targaryen, de refugiada a la más grande amenaza del reino; o la de Jon Snow, de bastardo a justo heredero del Trono de Hierro, sin dejar a un lado las enseñanzas del que consideraba su padre.

Los Siete Reinos son un mundo salvaje, lo podemos ver en muchas ocasiones, el Internet y las redes sociales también pueden llegar a serlo; estás crecieron a la par con la serie, basada en la historia escrita por George R. R. Martin. Conforme pasó el tiempo y ganó adeptos, cada vez era más común ver comentarios acerca de algún personaje, algún meme y spoilers para los despistados. Igualmente vimos reacciones a las escenas impactantes como la Boda Roja, que nos partió el corazón junto con los Stark; la Explosión del Septo, coronando a Cersei Lannister como una de las villanas más desalmadas de la cultura pop y la muerte del Rey de la Noche (Night King), escena que, oficialmente, me robó el grito de impresión más fuerte que he dado frente a una televisión. Merece una mención especial la música creada por Ramin Djawadi, que ambientó las tres escenas anteriormente mencionadas (y en realidad de toda la serie), por situarnos de manera impecable, en el universo descrito por la pantalla; poco a poco, HBO posicionó, a través de producciones monumentales, a la serie como la favorita de la audiencia, cada capítulo era mejor que el blockbuster propuesto por Hollywood.

El cierre de Game of Thrones se antoja agridulce; no será un cierre triunfante. La última temporada no ha sido del gusto de todos los fanáticos, quienes, con teorías y memes, han manifestado su esperanza de un final más acorde al punto de vista de cada uno, difícil para los encargados dar gusto a todos los televidentes. Esta serie ha sido un parteaguas en el entretenimiento mundial, los elementos reunidos en esta producción se perciben difíciles de comulgar en el mismo sitio de nuevo. Personalmente, pienso que la prisa por terminar es el origen de tantas preguntas entre la audiencia.

Con el final de Game of Thrones también se va (o al menos se diluye grandemente), el modelo de negocio, ritual o tradición colectiva, de sentarnos cada semana frente al televisor para presenciar, expectantes, el siguiente episodio lleno de conspiraciones, batallas épicas y magia antigua; se antoja difícil que algún otro fenómeno del mismo tipo logre las mismas reacciones que presenciamos actualmente. Gracias por las aventuras, Game of Thrones. Valar Dohaeris.

Ángel Javier Vázquez

Doy mi opinión, aunque ni me la pregunten. Estudiando ingeniería, me dijeron que podía ser factor de cambio y me la creí. Aude Aliquid Dignum.