Una simple decisión

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No terminé de leer y la miré fijamente: ¿qué es lo que tú quieres? Dio un respiro hondo y empezó a llorar. Sus lágrimas frustradas recorrían sus mejillas. Era evidente que no sabía qué hacer.  

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Por la mañana recibí una llamada en mi celular. Era ella, le urgía hablar conmigo en persona. Quedamos de vernos a las 5 de la tarde en Plaza Real. Noté en su voz una tranquilidad absoluta. Supuse que me diría cuánto me amaba y que fue un error haberse ido. Tal vez estaba arrepentida. 

La conocí en el 2004. En ese entonces era un simple cocinero y ella una atractiva mesera. Estudiaba el séptimo semestre de psicología y yo solo aspiraba a cocinar alitas. Era el momento perfecto para tener una cita con una psicóloga. Tal vez, el no saber qué hacer de mi vida, me hubiera hecho caer en depresión. Recuerdo que le dedicaba todas las canciones que estaban de moda: Entra a mi vida, Te vi venir y Desde que llegaste. Creí que eso era el amor. Después de dos años de relación con altibajos, llegó la separación. Comencé a estudiar y no le pareció que yo dejara un puesto de gerente por andar en la calle de aventurero salvando vidas. Solo dijo que no compartía la misma visión, se dio la vuelta y se fue. 

Sin embargo, por obra del destino o la casualidad, nuestros caminos se volvieron a encontrar en el 2008. Una buena conversación en el Sanborns de Morelos para ponernos al corriente. Platicamos de planes, logros y fracasos. Hubo risas y buenas anécdotas, acompañadas por unos deliciosos chilaquiles rojos con pollo. No le guardaba rencor por su decisión. Cada uno siguió con su vida. Ella pasó de ser mesera a gerente. En cambio, mi oficina era una ambulancia. Salimos del restaurant y ya era de noche. El tiempo se fue demasiado rápido. Ambos queríamos seguir platicando. Caminamos rumbo al Barrio Antiguo y le propuse ir al Café Iguanas. Aceptó y pagué la primera ronda de cervezas. El alcohol hizo su efecto. La desinhibición puso a prueba nuestro sistema nervioso central contra el impulso monogámico y terminamos en la casa que yo rentaba en ese entonces. En la mañana siguiente tomó un taxi y se fue. Pensé que no volvería a verla. 

Pasó el tiempo y un mes después iba rumbo a Plaza Real. La verdad es que me sentía un poco nervioso por lo que me diría. Me sentía bien estando solo, trabajando y enfocándome en lo mío. No era momento para tener una relación y menos de regresar con una ex. Así que ya estaba decidido: solo fue un momento de placer y listo. Aquí nada pasó.

Subí por las escaleras eléctricas y llegué al área de snacks. Estaba sentada frente al McDonald’s. Fui recibido con un beso en la mejilla más frío que una paleta de hielo. Tomé asiento y la miré a los ojos: no decía nada. Pasado algunos segundos, hizo un movimiento muy extraño que llamó mi atención. Introdujo las manos en su bolso y con tranquilidad sacó un sobre de color blanco. Lo colocó sobre la mesa y lo deslizó hacia mí. Enseguida me dijo: lo que estás a punto de ver podrá cambiar el rumbo de tu vida.

Alcance a leer el membrete de color azul: Laboratorios Moreira. Mi corazón empezó a palpitar un poco más aprisa y sentí un estremecimiento. Todo me indicaba la gran sorpresa que encontraría en ese sobre. Lo que estaba a punto de cambiar mi vida se escondía haciendo su primera travesura. 

Permanecí callado sin abrirlo. Sus manos se volvieron a deslizar por la mesa y ahora colocó un papel doblado diciendo: aquí puede estar la solución.

No comprendía lo que pasaba. Frente a mí algo que cambiará todo y la posible solución. Me sentí como en la escena de la película Matrix, cuando Morfeo le da a elegir a Neo entre la píldora roja y la píldora azul. Sin embargo, aquí no había píldoras; solo papeles y una decisión.  

 Levanté el papel doblado y lo abrí. Era un instructivo para practicar un aborto. Cytotec $2,700 pesos.  Misoprostol de 200mg. Es útil y eficaz para abortos. El proceso consta de tres dosis de cuatro pastillas introducidas por vía vaginal cada 24 horas. El sangrado es inevitable y comenzará aproximadamente entre cuatro o seis horas después de la primera dosis. Advertencia: pueden aparecer mareos, náuseas, vómitos, diarrea, fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y cólicos. Sangrado abundante, pérdida de conocimiento y paro cardio respiratorio.

No terminé de leer y la miré fijamente: ¿qué es lo que tú quieres? Dio un respiro hondo y empezó a llorar. Sus lágrimas frustradas recorrían sus mejillas. Era evidente que no sabía qué hacer.  

Se levantó de la mesa y antes de irse, pronunció aquellas palabras que sigo recordando:

Necesito estar sola. Aún no sé qué decisión tomar. Pero lo que sea, lo tienes que respetar. Si lo tengo, no me quiero casar contigo. Si quieres tomar tu papel como papá, adelante, bienvenido. Si no, no importa, haz tu vida. Si no lo llego a tener, no me culpes de haber matado o asesinado al que pudo ser tu hijo. Es mi vida y mi cuerpo. Te mantendré al tanto, cuídate.

Se volvió a marchar. No la detuve y respeté su decisión. Abrí el sobre y vi el eco. Tenía 5 semanas. Apenas se notaba un puntito en color negro de 2 milímetros. Mi mente se hizo a la idea de las dos posibles decisiones y me pregunté ¿cuándo se van a respetar los derechos y la decisión de la mujer? para no forzar su integridad poniendo en riesgo su salud y no ver el aborto como un infanticidio. Hace falta más información para entender a qué llamamos concepción de vida. ¿Un embrión tiene alma? El debate acerca de este tema se suma más a un interés político que un interés religioso y filosófico. 

Han pasado 10 años y tanto ella como yo, nos sentimos dichosos y afortunados de ese puntito, que hoy en día nos llama papás. 

Jorge Medina

Técnico en Urgencias Médicas, Administrador de Empresas y estudiante de Filosofía. Me gusta escribir porque puedo expresar mis ideologías. Considero que la felicidad se acompaña con una taza de café y una buena lectura. Practico Kung Fu y Tai Chi. Mi Filosofía se basa en la fuerza, la paciencia y la voluntad.