Una poda al clasismo (a ver si me entiendes)

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El tamaño del déficit de áreas verdes nos habla de una obvia negligencia por parte de los ayuntamientos, pero además nos alerta sobre prácticas de corrupción muy graves, con el involucramiento de supuestos “expertos” y asociaciones que se benefician de una política ambiental errada porque, sin importarles los resultados, venden, compran y plantan árboles por negocio, al mejor postor.

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Reforestación Extrema es una organización polémica tanto como su líder, Cosijoopii Montero. Sus voluntarios han plantado más árboles que muchos municipios en conjunto, pero su discurso institucional es sumamente agresivo, y sus denuncias “selectivas”. Pueden dejar de ver un despojo ambiental de 24.5 hectáreas (en La Pastora, por ejemplo) pero amenazan: “Si destruyes un árbol, vamos a ir por ti (…)”. Esto lo escriben una y otra vez en su página de Facebook, acompañando fotografías de casas con su ubicación: calle y número.

A principios de mes vi anunciado un evento en la página de Facebook de los vecinos del barrio de la Independencia-Tanques-América que llamó mi atención, “El festival de la podita”. Se trata de una próxima reunión anual (este próximo domingo 14 de Octubre)  para intercambiar o compartir esquejes de sus plantas. En el mismo evento se anunció que la vecina Abe llevará poditas de coqueta, maravilla y oreja de burro…me pareció encantador imaginar a las familias del barrio emparentadas unas con otras a partir de la reproducción y adopción de plantas.

Hace un par de días, Reforestación Extrema (RE) denostó públicamente este evento a partir de la imagen de un vecino del barrio quien, machete en mano, podaba una anacua, y convocaba a todas las personas a asistir el próximo domingo a su barrio. “¡Su compa el Turbo los invita!” decía la invitación. “¿El Turbo?, ¿quién diablos es este depredador que todavía se promueve como un benefactor a través de un festival `de la podita´?” escribió Reforestación Extrema en su muro de Facebook compartiendo la imagen. “El arraigo cultural de hábitos primitivos son confundidas como prácticas de ´mantenimiento´ que en realidad son prácticas de destrucción y por lo mismo son ilegales”, condenó la organización. Además, publicó que investigaría dicho festival y que ya había dado aviso “a las autoridades correspondientes”. “¿Qué sigue, el festival del maltrato animal?”.

En unas cuantas horas, la organización recibió un alud de críticas por sus comentarios clasistas y totalmente fuera de lugar, de manera que tuvo que borrar su publicación. Tiempo después aclaró (para sí misma) que “el festival de la podita” no era una actividad dirigida a “podar” árboles, sino a valorar las plantas. “Aclarado el punto, estamos todos tranquilos (…)”. Pero no, no quedamos todos tranquilos. En principio porque debió disculparse y debió aclarar que ya había cancelado su reporte “con las autoridades correspondientes” , pero hay algo más.

La cultura que predomina en nuestra Ciudad entiende a los árboles como mercancías intercambiables. Esta es la lógica de la política ambiental conocida como “compensación”, que permite que se elimine el suelo vegetal o se talen árboles, bajo la condición de comprar y/o plantar árboles en otro lado. Así los municipios expiden una enorme cantidad de permisos de tala y remoción para beneficio de una industria “verde”. Esta política ha resultado un rotundo fracaso tomando en cuenta la deforestación masiva de los últimos cuarenta años en la zona metropolitana.

Según un cálculo de principios del 2018, del biólogo Antonio Hernández, tenemos sólo 14 millones de metros cuadrados de áreas verdes cuando el ideal, tomando en cuenta el número de habitantes, es de poco más de 63 millones de metros cuadrados de áreas verdes. Tenemos un déficit de un 77 por ciento. El equilibrio que prometía “la compensación” está totalmente roto.

Estos números nos hablan de una obvia negligencia por parte de los ayuntamientos, pero además nos alertan sobre prácticas de corrupción muy graves, con el involucramiento de supuestos “expertos” y asociaciones que se benefician de una política ambiental errada porque, sin importarles los resultados, venden, compran y plantan árboles por negocio, al mejor postor. Esto los coloca en un conflicto de intereses que urge señalar. El prestigio lo intentan sostener con un discurso supuestamente muy crítico aunque, en realidad, sólo sea intimidatorio.

En una de sus recientes publicaciones, Reforestación Extrema utilizó la imagen de la película “El planeta de los simios” en la que está un hombre blanco (Charlton Heston), rubio, hablando a un chimpancé humanoide. En esta imagen inscribieron la leyenda: “A ver si me entiendes, chango, destruir árboles está prohibido, si lo haces, te van a multar”. Su “meme” (o mame) me voló la cabeza. La supremacía blanca, “moderna”, capaz, frente al atraso del “salvaje” que se disfraza de moderno. Racismo y aires de supremacía extremos, intolerables.

Me quedo pensando el bien que le haría a esta organización, especialmente a sus líderes, que tuvieran una “podita” de la Indepe. Basta ver desde lejos la floresta de este barrio para saber que tenemos mucho que aprender de la cultura del cuidado, y de la reproducción de la naturaleza a partir de relaciones afectivas.

Politóloga. Mi vida está cruzada por la escritura. Soy columnista del Grupo Reforma y dirijo el sitio de opinión Vertebrales.