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Una emergencia para un plan

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Voy camino al trabajo, en un momento llego a Gonzalitos y descubro que según mi percepción hay más carros que en las últimas semanas.  Pienso que se agotaron de estar en casa.  De todas las veces que me he prestado a violar la ley o a no cumplir lo que las autoridades esperan de mí, esta ha sido la peor.  No estoy divertido.

Desde hace días vivo con la angustia disfrazada de certeza de que me correrán del trabajo.  He pedido la comprensión de la emergencia nacional pero como dice un meme, las industrias en Apodaca ya mero tendrán la noticia de la llegada del chupacabras.  En algunas pláticas con regios presumen que Nuevo León ya está parado y yo no sé de qué hablan. 

Termino explicando a mi familia la compleja situación de deuda en que me encuentro.  Es bonito recordar que la deuda me fue aceptada el mismo día que se cumplió un año de que se fue mi mamá.  Un regalo.  Lo pienso mejor y decido no echarle la culpa de nada. ¡Ja!, sonrío irónicamente, fracasar implicaba menos riesgo cuando estaba mamá.

Con el paso de los días veo una lucha intensa en Twitter, televisión nacional y algunos chats por querer demostrar que el gobierno de México es el que peor lo está haciendo.  Me quedo pensando en quién lo está haciendo bien. 

Como parte de mi rutina diaria, me levanto a las 4 de la mañana a desayunar, preparar café y elegir qué podcast escucharé durante el entrenamiento.  Quiero estar enterado, busco esperanza, movido por el miedo.  Los podcasts que he elegido durante el último mes han sido de personas de otros países en encierro por la emergencia.

Así fue como me enteré de que el primer día que Argentina tomó acciones, metió a la cárcel a 5 mil personas.  Que en Ecuador están dejando a los muertos en la calle.  Que Bolsonaro en Brasil se declara a diario como negacionista.  En Filipinas disparan a matar a quien salga.  Que Israel era un caso de éxito y ahora es un total fracaso.

Me viene a la mente el miedo a un gobierno autoritario, y hoy piden a gritos, sombrerazos y tuitazos uno.  Que nos encierren porque no entendemos.  Viene la imagen de las películas de tragedias mundiales, cuando el momento decisivo en donde es muy doloroso ver al inescrupuloso líder ordenar que cierren las fronteras.  Una prima pasó tiempo urgiendo a todos vía WhatsApp a exigir el cierre.

Cada país reporta sus muertos como si fuera una olimpiada, una de terror. Los agoreros del apocalipsis están extasiados y exigen un plan.  Todos quieren que los líderes hagan, aunque hagan como que hacen. 

Millonarios exigiendo rescates financieros.  Pequeños y medianos empresarios también.  Recuerdo que todo es “ji ji, ja ja, quieren que el gobierno los mantenga” hasta que quieren que el gobierno los mantenga.  ¡Ja!, vuelve mi sonrisa irónica.

Recuerdo lo que yo había planeado para este año.  Curiosamente, el fin del 2019 fue especial.  Mi primer fin de año sin mi mamá y el primero en muchos con toda su familia.  Quería viajar, armar tres proyectos.  Quería conocer gente porque era algo que había dejado atrás.  Japón preparaba sus olimpiadas, mi nadadora favorita subía fotos de sus entrenamientos todos los días.  Pienso en el gobierno.  Había un plan, pero no había una crisis mundial en medio.  Confieso que no me imaginaba que llegaría antes un enemigo biológico que uno en forma de bomba atómica a pesar de tanta ficción consumida.

Dejo de pensar en los juegos olímpicos y me viene a la memoria los juegos del hambre y el distrito once que seguramente fue inspirado en Apodaca.  A tropezones, mi mente llega a todos aquellos que se van a ir quince años antes de lo esperado, en las personas que son parte del grupo de riesgo, pero hoy no saben que lo son. Todos mis muertos.  Todos tus muertos.  Todos nuestros muertos.  La tragedia que sabemos ya llegó y que no termina de hacerlo. 

Por último, me pongo a pensar en cómo se siente el miedo y concluyo que este se siente como yo. 

Tano Nieto

Soy Tano, tauro, tampiqueño, chilango. Lo personal es político y ahí me juego la piel. Mi historia siempre va contada desde el fracaso. Por otro lado, no tengo duda de que la vida me sonríe.  No sé si avisarle que tiene un frijol entre los dientes. Si te gustan los memes, el café y la nieve, ya tenemos algo en común.