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Trece veces

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Mantener el horror frente a la violencia es necesario. ¿Cómo, si no, vamos a ser empáticos?

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Ayer recordé cuando decidí que ver televisión ya no era para mí. El espectáculo de ver un linchamiento y a un hombre atado a un poste, sangrando, consciente y rogando por su vida mientras una turba lo golpeaba fue impactante. Sentí claramente cómo mi cuerpo iba dando pasitos hacia atrás para alejarme de ese contenido.

Seguí, sin embargo, viendo las noticias. Con el pretexto de que tenía que estar al tanto del reporte del tiempo y de la actualidad, ponía la televisión por la mañana. Entonces, tiempo después, fue cuando me tocó ver cómo funcionaba el arco eléctrico para sacrificar a los perros en el antirrábico. En aquel momento los animalistas luchaban por prohibir esa práctica y las imágenes se mostraban con la justificación de que la gente se enterara de su crueldad. Es fecha en que no soy capaz de describir lo que vi.

Si la memoria no me falla, ambos eventos ultraviolentos llegaron a mí por cortesía del noticiero matutino de Multimedios, conducido en ese tiempo por Mario Gámez. Decidí que no podía continuar presenciando este tipo de contenidos, que necesitaba cuidar mi sensibilidad y que no quería acostumbrarme a ver cosas espantosas. Mantener el horror frente a la violencia es necesario. ¿Cómo, si no, vamos a ser empáticos? Cuidar la sensación de estómago revuelto como reacción a una escena dolorosa es una herramienta necesaria para la supervivencia como comunidad.

El recuerdo de estas imágenes no fue casual. Volvieron a mí gracias a un programa transmitido en Facebook Live, en la página de la emisora de radio Dominio. En ella se presentó el programa La Grillotina, dirigido por Mario Gámez. Fui a dar allí de manera fortuita, como cuando alguien te pasa un enlace y casualmente no tienes nada que hacer en ese momento.

Por una parte, me alegro de la experiencia. Me hizo darme cuenta de que el cuidado que he puesto por mantener mi sensibilidad a salvo ha rendido frutos. Sentí cómo se me retorcía algo por dentro a lo largo de la introducción del programa.

Ni siquiera estoy segura de que sea legal que se exhiban imágenes grabadas por una cámara del Centro de Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo (C4) y que tienen que ver con un hecho que se sigue investigando, pero eso fue lo que vi. La repetición completa del atropellamiento de Cristina hasta trece veces y unas cuantas más en donde se le señalaba a ella en un círculo rojo, en imagen fija.

Trece veces, trece. Lo escribo todavía con un nudo en la garganta. De verdad, que alguien me dé algún argumento racional que justifique que la audiencia tenga que presenciar trece veces cómo una ciclista es atropellada, sale disparada y se impacta contra un muro. ¿Para qué? ¿Someter a las personas a esa experiencia los va a convertir en peritos viales?, ¿en jueces?, ¿alguien pensó por un segundo en lo que sintió Cristina mientras una camioneta la impactaba por detrás y la proyectaba? ¡Esas imágenes que se están repitiendo como un espectáculo corresponden a una persona que estaba viva cuando fue víctima de un hecho vial!

Me siento además increíblemente dolida ante la falta de respeto hacia ella, porque cuando pude escuchar lo que decía el presentador del espacio, me percaté de que además estaba enjuiciándola, diciendo cosas como que rodaba ya muy tarde, usaba determinada ropa o que supuestamente no traía protección o luces.

Ayer me vi sometida a imágenes que no deseaba ver. Comprobé que en todos los años que han pasado, no han variado las prácticas de presentación de la información. Quería enterarme del contenido de lo que suponía que iba a ser una entrevista y tuve que pagar un precio demasiado alto. ¿Cuál es el papel de los medios de comunicación? ¿Informar o desensibilizar? Por lo visto la decisión de dejar de consumir sus contenidos no basta, puesto que ellos no parecen hacer autocrítica.

Me he dedicado toda la vida a la educación en diferentes modalidades y niveles. Me apasiona leer y escribir. Soy amante de la diversidad humana, defiendo la alegría. En algún tiempo, activista animalista. Aprendiendo cada día, gracias a las ideas de los participantes de los talleres de columna de opinión.