Titanes quemados

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Quien cuida se ve afectado por sentimientos con frecuencia ambiguos, siente a la vez rabia e impotencia, se siente abandonado por el resto de los familiares, casi siempre siente culpa al creer que no está atendiendo adecuadamente al ser querido, y descuida o incluso se ve forzado a abandonar actividades productivas, sociales y de esparcimiento, y todo lo anterior hace que este desempeñar su nueva tarea se vuelva un proceso largo y doloroso.

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Don Armando tenía hipertensión arterial desde hacia tiempo, cuando tenía 77 años dejó de caminar producto de un stroke secundario a su hipertensión, durante los 4 años posteriores y hasta su fallecimiento su cuidadora fue su hija, quien desarrolló depresión, ansiedad y dolencias físicas; tenía síndrome de sobrecarga del cuidador o burnout.

Situaciones como la anterior son bastante comunes.  Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), desde 2010 la población mayor de 60 años supera la de menores de 4, y su proyección para 2050 es que 1 de cada 5 personas tenga más de 60 años.  La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2012 evidenció que al menos una cuarta parte de la población de adultos mayores presenta limitaciones en sus actividades de la vida diaria, o tiene demencia o deterioro cognitivo moderado a severo.  Es decir que al menos 3 millones de adultos mayores en México presentan dependencia parcial o total para sus actividades de la vida diaria, sin considerar la posible dependencia económica.  

Durante toda la vida, pero especialmente cuando alcancemos la tercera edad, para todos será importante cuanta independencia conservamos en nuestra cotidianidad.  Para determinar la independencia o dependencia en la vida diaria, se toman en cuenta las actividades básicas e instrumentadas que una persona es capaz de realizar, considerando entre las básicas, el caminar, bañarse, acostarse, levantarse de la cama y vestirse, y las instrumentadas, la preparación y compra de alimentos, la administración de medicamentos y el manejo de dinero.  

Estos adultos mayores que van desarrollando dependencia, secundaria a enfermedades como diabetes, hipertensión, Alzheimer y Parkinson, entre otras, requieren de cuidadores que los apoyen en su vida diaria.  

Cuidador es aquella persona que asiste o cuida a otra afectada de cualquier tipo de discapacidad o incapacidad que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus actividades vitales o de sus relaciones sociales.  En nuestro medio casi la totalidad de esas actividades son realizadas por cuidadores informales, en su mayoría familiares del enfermo, y casi siempre mujeres.  

La tarea del cuidador no solo es titánica, sino que al requerírseles desempeñar esa tarea generalmente de un día para otro, la mayoría de las veces no están preparados para ello ni física, ni académica, ni mucho menos emocionalmente, y es entonces cuando de forma súbita el cuidador ve afectada su vida a corto y a largo plazo, debiendo muchas veces cambiar en muchos aspectos, para ahora poder cuidar y atender las necesidades de un familiar que se vuelve dependiente, relegando a segundo plano la propia vida en todos los aspectos: físico, emocional, social y laboral, entre otros, y todo esto genera un lastre para el cuidador.  

Quien cuida se ve afectado por sentimientos con frecuencia ambiguos, siente a la vez rabia e impotencia, se siente abandonado por el resto de los familiares, casi siempre siente culpa al creer que no está atendiendo adecuadamente al ser querido, y descuida o incluso se ve forzado a abandonar actividades productivas, sociales y de esparcimiento, y todo lo anterior hace que este desempeñar su nueva tarea se vuelva un proceso largo y doloroso.

El cuidador con burnout desarrolla cansancio persistente, problemas de sueño, abandono de las aficiones, desinterés por nuevas experiencias, irritabilidad, dolor o molestias físicas sin problemas aparentes de salud, aislamiento social, pobre rendimiento laboral, estrés y ansiedad elevados.  

Por el número cada vez mayor de adultos mayores que desarrollan problemas de independencia en su vida diaria, difícilmente se podrán desarrollar políticas sociales para su cuidado por lo que, en otros países como España, Finlandia y el Reino Unido, la estrategia de la sociedad ha sido desarrollar programas, intervenciones y redes de apoyo para el cuidador.  

Tanto por gobiernos como por organizaciones no gubernamentales se han desarrollado programas educativos, estrategias e intervenciones psicoeducativas y redes de apoyo que buscan facilitar las cosas al cuidador, haciéndole consciente de la importancia de cuidarse a sí mismo, instándole a explorar formas nuevas de brindar cuidados a su familiar, que reaprenda a hacerse tiempo para sí mismo y para otras relaciones sociales.   

Escribía Eric Fromm en El Arte de Amar: ¿Qué le da una persona a otra?  Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida.  El objetivo de los programas para el cuidador es apoyar a estos titanes, para que dejen de estar quemados y puedan brindar todos estos cuidados con amor al otro y a sí mismos.

Raúl Cantú Leyva

Médico, maestro por convicción. Gran admirador de mi familia. Fan del buen café, y de la discusión de opiniones. Creyente del poder de la esperanza y de que una sola persona puede marcar la diferencia.