Testimonios de #UnDíaSinMujeres

Por: Redacción Vertebrales

El Foro Gráfico y Vertebrales colaboramos para presentar este registro gráfico y textual de lo que fue y nos significó el paro nacional de mujeres, el 9 de Marzo de 2020. Las fotografías fueron tomadas ese mismo día y los textos fueron escritos la semana siguiente.

LAS PAREDES SE BORRAN, LAS MUJERES NO REGRESAN

Foto: César Iván Pérez Durán
Texto: Ireri Palacios Llano

Agresión: otra más… de un sistema anacrónico que intenta borrar, callar, tapar la realidad. Como si se pudiera esconder lo que pasa y seguir como siempre, aguantando solas, separadas, rotas. Como si se pudieran callar los gritos del 8 de marzo, la indignación, la pena, la alegría de sabernos fuertes, unidas, hermanas. Como si no hubiéramos caminado por esas calles con el corazón latiendo muy fuerte, como si no existiéramos. 

Pero no pueden quitar la protesta, no pueden parar el cambio, ya nos vimos a los ojos, esto no se acaba hasta que llegue el equilibrio “si tocan a una, nos tocan a todas”.


LA MAÑANA SIGUIENTE

Foto: César Iván Pérez Durán
Texto: Liz Sánchez Reyna

Cristi fue la única de su clase que no asistió el 9 de marzo. Me lo contó su prima. Cristi se lo platicó mientras revisaban juntas una tarea de formación cívica. Algunas niñas de otros salones -pocas- no fueron, pero en el suyo solo faltó su “¡Presente!” cuando la maestra tomó lista. 

Sus compañeras, y sobre todo sus compañeros, se sorprendieron por su ausencia. Al día siguiente uno de los niños de ese colegio le preguntó por qué faltó. Por el paro, le dijo. – Pero si tú no eres una mujer, Cristi, eres una niña. – Sí, pero Fátima era una niña, como yo, y la mataron.


LA TARDE. EL METRo

Foto: César Iván Pérez Durán
Texto: Andrea Sierra

Chicas, ¿cuáles estrategias, probadas por ustedes, les han funcionado para enfrentar a un hombre que las acosa en la calle o en el metro? 

  • Cuando se me arriman por detrás, les meto un pisotón dejando caer todo mi peso en su pie.
  • Lo encaro y le digo viéndolo a los ojos: ¿te conozco? ¿qué traes?
  • Cargo con un alfiler largo y le meto un piquete despistadamente, no saben ni qué les pasó, pero se alejan.
  • Les meto un putazo con todas mis fuerzas y grito como loca.
  • Le digo que eso mismo le estarán haciendo a su hermana, a su hija, a su pareja…
  • Enfrentarlos. Les gusta cuando les muestras miedo.

Técnicas amateur de defensa personal que hemos tenido que fabricarnos, pero que reposaron durante el 9M. Recuperamos fuerza. Mañana más.


LA TARDE. EL METRO

Foto: César Iván Pérez Durán
Texto: Rubas Tamez

Nuestro vagón

Está nublado ¿A dónde nos dirigimos? ¿Hacia dónde va nuestro vagón? En el viaje de hoy faltan personas, no todos nos damos cuenta de inmediato. 

Levantamos la mirada y nos encontramos unos a otros en un modo distinto, difícil describirlo. Algunos vamos alegres, otros creemos estarlo, otros vamos tristes, pero no lo diremos. 

Estamos en silencio. Las risas siempre son buenas para romper el hielo ¿no? Hay que hacer el momento agradable. ¡Qué bueno que vamos solos!, ni quien las extrañe ¿no? ahora sí, bien a gusto, menos ruido y menos choques, ¿una carnita asada? El humor siempre funciona. Es muy importante que los otros sepan que somos de los mismos, que nos aceptemos, compartimos esa necesidad aprendida. 

El vagón se detiene y las puertas se abren ¿y ese ruido? Hay colores: morado, rojo, verde. Las vemos. Ellas gritan y cantan, se encuentran, lloran, sonríen, reclaman ¿qué cosa? Son caos ¿para qué? No deberían, pensamos algunos, ¿por qué así? preguntamos otros. 

No podemos dejar de verlas. Algunos sentimos repudio, otros simulamos no haber visto nada y otros más, sorprendidos, sentimos el impulso de bajarnos para verlas más de cerca y tal vez preguntarles algo. No lo hacemos y las puertas se cierran. 

El vagón avanza de nuevo. Regresa el silencio y habrá que romperlo otra vez. Comenzamos un nuevo ciclo: criticamos, nos reímos, carcajeamos, cada vez más fuerte. Algunos estallamos hilarantes, otros sobreactuamos, fingimos, otros más guardamos silencio y sentimos algo nuevo, diferente, difícil describirlo. 

Unos reflexionamos, ya no encontramos la gracia ¿y si lo decimos? Mejor no. De nuevo, naturalmente, aparece el silencio. Algunos sentimos la necesidad de seguir riendo, pero otros también la necesidad de dialogar, cuestionar y compartir las nuevas sensaciones ¿lo hacemos? Es difícil, algo nos detiene. Inicia un nuevo tema de conversación, pero nos asomamos por la ventanilla y las volvemos a ver mientras nos vamos alejando. 

¿Lo decimos ahora? No. Será quizás en la siguiente estación.


8.9 M

Foto: Germán Romero Martínez
Texto: Elena Gaytán

Las niñas también pararon el 9M y marcharon el 8M. Si te preguntas las razones por las que las feministas incluimos a las niñas en nuestro discurso, sea cual sea el origen de tu cuestionamiento, es porque también son violentadas todos los días, igual que nosotras. 

Lee las noticias, sabrás que las han violado, acosado, desaparecido o asesinado. Ve la televisión, donde se les percibe como incubadoras potenciales, donde las sexualizan. Tal vez por eso las has visto pedir nenucos en Navidad, ir maquilladas y entaconadas a algunas fiestas y kermeses, y surtiendo la despensa imaginaria en su tiempo de recreación. 

Observa la cotidianidad, en la que las niñas son tratadas como pequeñas mujeres, como nínfulas para los Humbert Humbert mexicanos. Reflexiona en su educación, en la que se les enseña su rol de género apenas caminan, y con esto me refiero a la escuela y a su hogar, donde se les calla y se les censura al doble que a un niño varón, si te atreves a comparar. 

Sabrás que son embarradas del discurso patriarcal y te explicarás por qué la mayoría, de adultas, lo asimila como un sistema correcto e incorregible. También creo que sabes que las niñas, tarde o temprano, entrarán en el proceso que las definirá como mujeres libres u oprimidas. 

Si llegas por lo menos a vislumbrar algo de esto, entonces comprenderás que deseemos con tanta fuerza que el feminismo esté al alcance de nuestras niñas, que lo consideren un discurso real y válido, para contrarrestar la influencia misógina en la que han sido criadas.


Economía femenina (1)

Foto: Mauricio Ávila
Texto: Juan Macías

La realidad supera a la ficción una vez más. Parafraseando a los guionistas de BoJack Horseman: A raíz de lo que se vive actualmente, hemos conformado un panel diverso de señores en camisa y saco para discutir temas de la mujer. 

Los espacios informativos han sido históricamente reservados para los hombres, las mujeres son usadas como atractivo visual de una audiencia acostumbrada a estímulos machistas. El paro no hizo diferencia en este aspecto, los espacios informativos siguieron siendo reservados para que los hombres, bajo el precepto misógino de ser más “confiables”, poblaran la discusión pública con sus comentarios buscando participar en un fenómeno feminista que les pasó encima y no han logrado comprender. 

¿Existía alternativa? Creo que sí, no sé si la adecuada, pero al menos se hubiera podido jugar a la disrupción, a mantener con interferencia estática todas las transmisiones de todos los medios, como una forma de simbolizar el vacío que se debe sentir en un día sin más de la mitad de la población.


Economía femenina (2)

Foto: Mauricio Ávila
Texto: Pau Morán

Este espacio hace algunos años no estaba abierto al público. Era visible desde la banqueta, pero solo la comunidad Tec podía acceder a él al formar parte de las instalaciones deportivas de la universidad. 

Cuando se convirtió en un parque de bolsillo, el panorama cambió drásticamente; de repente se llenó de vida y de actividad. Un lugar antes desierto se convirtió en un nodo de convivencia que les abría los brazos a personas de todas las edades, fortaleciéndose con la apertura de Tetecoloh. 

Este parque de bolsillo no se conformó con acoger actividades de mujeres y niñas, sino que se nutrió con la apertura de un café que contrata exclusivamente baristas mujeres que toman los pedidos, preparan el café y operan el mobiliario del parque de bolsillo. Verlo así, vacío, sin vida y con el mobiliario guardado me recuerda los días antes de que el espacio se abriera. 

Un pedacito de ciudad que, teniendo el potencial de estar lleno de gente, luce estéril y en silencio. Yo estuve en paro y no pasé por ahí a pesar de que normalmente uso ese espacio por lo menos 4 días de la semana. Quiero seguir pasando por ahí de camino al trabajo y quiero ver a las demás que pasan por ahí; ver el mobiliario activo y que Tetecoloh siga abriendo porque significa que habrá mujeres que trabajen ahí. 

Después del 9M, confirmamos que el mundo lo movemos las mujeres, con trabajo pagado y trabajo no pagado. Lo podemos seguir moviendo con algunas condiciones: que no nos falte ninguna, que podamos hacerlo en paz, libres, felices y dignas.


(Sin título)

Foto: Ulises Buenaventura
Texto: Carlos González

Clara está llegando a casa. Respira cierta tranquilidad, pero al mismo tiempo inquietud. Casi lo logra. Ya solo es cuestión de subir esa escalera, meter la llave, abrir la puerta, entrar y poner candado para sentirse un poco más segura. Al menos ella. Al menos por hoy. Amelia no fue a clases y está en casa. Eso espera. El simple trayecto desde que deja en carro en la cochera y que sube la escalera, ha sido suficiente para que ya les hayan metido varios sustos. 

Tenía razones muy poderosas para participar en la protesta del 9M. Su hija Amelia, está siendo acosada por su exnovio. Fue a poner una denuncia y la Agente del Ministerio Público que la atendió, le dijo que ella era la que lo provocaba. 

¡Tenía que haber participado y ese día no salir de casa!, ¡que se notara su ausencia! Pero la esposa del doctor para quien trabaja la aceptó en Facebook hace algunos meses. No era para menos, la conoce desde hace 22 años. Entre las invitaciones al “Catecismo para Personal Doméstico” que dan en Fátima, y las fotos del juevecitos con sus amigas del colegio de los niños, en su muro está, como cada semana, el discurso del Padre Cano: ¡Detrás del movimiento, están las abortistas! ¡El primer feminicidio es en tu vientre! ¡Tú no me representas! la foto de una mujer furiosa, tatuada, con la cara tapada por un pañuelo verde y sin sostén. 

Clara sabe que no puede arriesgarse a perder un día de salario, mucho menos el empleo. Es el único que ha tenido. Es extremadamente eficiente en lo que hace, las cuentas del consultorio siempre salen perfectas y hasta sabe hacer declaraciones. Pero a los 40 años y sin un título, no sería fácil encontrar algo. 

Muy atrás quedó ese promedio casi perfecto que tenía hasta el cuarto semestre en la Facultad de Contaduría Pública y Administración, en 1998, cuando quedó embarazada. Su papá la obligó a salirse de estudiar para empezar a trabajar y pagar su “estupidez”. Le consiguió trabajo con su ahijado Raulito, el doctor. “¡Tu madre tiene suficiente con atendernos a tu hermano y a mí, como para andar cargando con criaturas!”. Su novio Renán, de puta no la bajó. “A mí no me haces pendejo, no puede ser mío”. Amelia tiene ya 22 años. Está por recibirse en ingeniería civil. Renán nunca regresó. Ni por sus ojos, ni su nariz, Amelia los tiene


(Sin título)

Foto: Diego Magallanes
Texto: PAOLA BARRAGÁN

¡Que dejen de estar haciendo desfiguros y mejor se dediquen a educar bien a sus hijos e hijas!, ¿Qué no se dan cuenta que la violencia no es por género sino por falta de educación y valores en el hogar?, Si no viene la maestra porque va a parar, mejor que se cancelen las clases. 

Estas son solo algunas de las frases que escuché en los días posteriores al paro, razón por la cual creo es vital reflexionar sobre el rol que históricamente ha sido asignado a la mujer en la educación. Incluso ahora, mientras luchamos nuestras propias batallas de deconstrucción y entendimiento, hay quien nos exige explicar nuestros conocimientos adquiridos empírica o teóricamente sobre los feminismos, la mayoría de las veces más como un reto que con la disposición real del receptor a escucharnos y entablar un diálogo constructivo. 

Si bien, como mujeres SÍ nos corresponde hablar, exponer nuestras ideas, miedos, inquietudes, experiencias y aprender a identificar y no tolerar conductas propias del sistema patriarcal, es responsabilidad de TODA la sociedad educarnos y cambiar nuestras actitudes y maneras de interactuar colectivamente. 

Cuando se sigue esperando que las mujeres seamos quienes eduquen a los hombres, a las infancias y a nuestro contexto próximo, el poder se mantiene en la misma posición, evade la responsabilidad de sus acciones y se niega la oportunidad de iniciar su propio proceso de deconstrucción. Hasta que logremos romper estos roles de género tan arraigados para las actividades propias de la educación y los cuidados, y entendamos que no son exclusivos para nosotras las mujeres, sino que deben ser parte colectiva de nuestras sociedades, no veremos un cambio real.


(Sin título)

Foto: Enrique Martínez
Texto: Ximena Peredo

Aunque algunos feminismos censuraron nuestra emoción de ver a los hombres participar en el 9M, yo me quedé con la convicción de que siendo que nosotras nos guardaríamos, serían ellos en el espacio público quienes tendrían que hacer notar nuestra ausencia, de lo contrario, parecería un día de asueto. Pero esto, esto tan grande, tan simbólico, lo llevarían a cabo, por desgracia, muy pocos hombres por convicción personal. A la mayoría había que “forzarla” un poco. Eso fue lo que hicieron empresas, centros educativos y algunas dependencias públicas. 

Esta foto es un recuerdo de esa apuesta institucional por ir desanudando amarres culturales. El símbolo feminista y el listón morado le dieron a este momento un significado histórico. Detrás de esta fotografía hay, pues, juntas, discusiones, resoluciones, acuerdos. Esas reuniones en las que por primera vez se habló de feminismo, de protesta, de inequidad, gestaron estos momentos que conmueven y dan escalofríos. 

Yo no soy quién para agradecer a todas las mujeres y los hombres que decidieron como política de empresa apoyar el paro nacional de mujeres, pero desde mi voz les agradezco por mí, por ti, por todas las mujeres.


(Sin título)

Foto: José Luis Barajas
Texto: Ximena Peredo

Esta imagen tiene una historia detrás que desconozco, pero jugaré a inventarla. Voy al súper por todas las mujeres. Volver visiblemente extraño lo que tendría que ser normal, me parece un gesto de insurrección. Hoy compré con cuidado y paciencia todo lo que mi familia requiere. Pensé en Irene, en la pasta que prefiere; llevo la pimienta que ha comenzado a extrañar Ramón en la comida. A Susana no pude encontrarle el jocoque que le gusta, pero de aquí me iré a buscarlo a la tienda naturista de afuera, he visto que lo venden. Me tengo que apurar, es cierto, porque tengo que ir a recoger a Ramón a la escuela y aún no comienzo la comida. Tranquilo. Puedo hacer algo sencillo, ups, como ayer, que tampoco tuve tiempo de cocinar con calma. Y es que tengo la impresión de que la comida hecha con amor y calma produce reuniones familiares más disfrutables. Cuando escucho que gusta mi sazón, que piden más, siento que reciben un te quiero tanto, y regresan un y yo a ti, papá.


(Sin título)

Foto: José Luis Barajas
Texto: Ariadna Ramírez Garagorri

Va por ti, por mí, por todas. Va por dar voz a la sabiduría y los actos de valentía de las ancestras, las amazonas, las cuidadoras de todos los tiempos. Va por sueños recuperados, y por esos otros que, hasta hoy, no sabíamos que arropábamos. Va por los hombres que serán, más libres, más plenos, que se creen excluidos sin darse cuenta de que también marchamos por ellos. Va por las consignas que fueron, las que son y las que serán, hasta que un nuevo orden nos permita entretejer sueños y promesas, con realidades regadas de esperanza. Va por los puños cerrados y en alto, que marcan con su silencio un tiempo nuevo. Va por lo que viene, porque para atrás, nunca, nunca más.


(Sin título)

Foto: Julieta Hernández
Texto: Enrique Martínez

Éramos las generaciones que salimos y regresamos a tal hora, nuestros traslados eran caminar o en camión y un carro de sitio solo para emergencias. 

Ya sabíamos qué sectores evitar, teníamos preocupaciones, pero no tantas. 

No sé en qué momento, me preocupé al grado de que la vida tuya y la mía se modificaron, y que también se le sumó una angustia. 

Mi tic nervioso es cuando tú no estás. Es un incesante levantar mi mano derecha y ver qué hora es; también le sumo una emoción y una pregunta. Pero sales a hacer tus cosas, trabajo, amigas, escuela, etc. Me quedo aquí o también hago mis cosas, pero me digo que esto ya no es una vida normal. 

Cuando llegues a tu casa, avísame. 

¿Ya habrá llegado? 

¿A qué hora llegará? 

¿Le dirán cosas en el camino? 

¿Pasó algo y no me dijo? 

No quiero ver el reloj y saber que no llegarás. 

Pero tengo que verlo.

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