Selfie en la montaña

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Pareciera que el esparcimiento se está limitando a subirse al vehículo, ver quien levanta más polvo, remueve más los ríos, destruye más caminos, o, en el caso de los menos expertos, llegar a cierto punto, tomarse una selfie y regresar.

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Salir a la montaña para tener un momento de recreación en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey puede ser una experiencia muy caótica y conflictiva, casi tan estresante como pasar algunas horas en el tráfico de la ciudad.

Hace algunos años, con un grupo de amistades, organizamos un campamento en el ejido “Los Mauricio”. Para que se den una idea de la ubicación, el conocido paraje “Las Adjuntas” se encuentra dentro de este ejido en un Área Natural Protegida (ANP), en el municipio de Santiago, Nuevo León.

En ese mismo espacio, pasadas las primeras horas del día, se dieron cita muchos otros paseantes que, pensamos, buscaban una escapatoria hacia la tranquilidad de la naturaleza. La realidad fue diferente.

La gente llegó al espacio en vehículos todoterreno: motocicletas, jeeps, camionetas, tubulares, una gran variedad. Puedo decir que ninguno era usado como medio de transporte, sino más bien como medio de recreación. La dinámica consistía en llevar el vehículo hacia lugares donde no hay camino para ponerlos a prueba. Una de estas pruebas no funcionó, el aparato chocó con una roca provocando el derrame del combustible en pleno bosque, poniendo en riesgo a las personas que estábamos cerca y además afectando nuestro patrimonio natural.

Actualmente basta con hacer una visita a la sierra de Santiago un fin de semana para observar a niños manejando transportes de diversos tipos por la carretera, adultos ingiriendo cerveza y toda clase de bebidas alcohólicas en “litros”; vehículos con luces que encandilan a otros conductores generando situaciones de riesgo, música a todo volumen, ruido excesivo de los motores, entre muchas otras situaciones.

Esta cultura del uso de los vehículos todoterreno está desbordada, no hay control, y lo que predomina es el ruido, el impacto ambiental en los ríos, las montañas e incluso en el aire que se respira. Pareciera que el esparcimiento se está limitando a subirse al vehículo, ver quien levanta más polvo, remueve más los ríos, destruye más caminos, o, en el caso de los menos expertos, llegar a cierto punto, tomarse una selfie y regresar.

Es evidente que esta forma de recreación genera riesgos y lo más preocupante es que ha reemplazado una cultura que anteriormente era respetuosa con la naturaleza, era solidaria y  las personas ponían sus vehículos al servicio de la comunidad.

En abril del 2017, el Grupo de Especialistas y Actores Ambientales de Nuevo León, publicó un extenso análisis donde se documentan el impacto que los vehículos todoterreno y los paseantes en general, estamos provocando sobre las ANP.  Dentro de las principales problemáticas documentadas están: la basura, ruido y perturbación de fauna nativa, grafitti y vandalismo en paredes de las montañas, contaminación en cuerpos de agua por ingreso de vehículos, remoción de vegetación, erosión del suelo, por mencionar algunas.

Este análisis actualmente se encuentra en discusión en el congreso estatal con la instalación de mesas de trabajo, en donde autoridades, acompañados de especialistas, usuarios y miembros de clubes, y habitantes de las zonas protegidas, discuten la regulación del uso y renta de estos vehículos en las Áreas Naturales Protegidas.

Veamos nuestra realidad, podemos apoyar la iniciativa de los especialistas, y de usuarios que están a favor del uso responsable y la conservación, o seguiremos haciendo paseos solo de selfie, que continuarán generando ruido, basura, promoviendo la cultura del motor en la montaña, y dejando a la deriva nuestros bosques.

Miguel Ángel Villarreal

Me dedico a la administración de proyectos de intervención social. Me gusta trabajar con grupos y he sido maestro. Quiero ser músico y psicólogo. Me gusta viajar y recorrer la naturaleza.