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Romina

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Caminando para el súper, tomo el celular y con gran júbilo llamo a Freeze. Hoy nació su hija Romina. Hoy en fase 3 de Covid-19 y tras mucha vacilación de los médicos que, sin guardar demasiada distancia con los burócratas, amparándose en el juramento hipocrático y en las estadísticas, exigen protocolos y solicitan pruebas de urgencia como solo un médico con síndrome de burn out puede hacerlo. Pruebas que como siempre, el seguro no cubre. Todo esto para repetirle en cada consulta la verdad: tu hija va a nacer en el peor momento de esta pandemia.

Mientras voy cruzando la calle recuerdo que apenas 3 días antes, Freeze estaba convencido de que faltaba tiempo para el parto. Lo decía como siempre ha dicho todo: con la ligereza de alguien que intenta dominar sus ansias, pero lo delata la preocupación en su rostro cada que mira la hora de reojo. Por teléfono me cuenta todo. A las 4 de la tarde empezaron las contracciones, tardaron 10 minutos en llegar a la clínica, rápido los separaron y Janeth entró sola a la sala de parto. Nadie más puede acompañarlos en el hospital.

Son los 50 minutos más ansiógenos de su vida. Con el corazón pendiendo de un hilo. ¿Qué puede pensar un hombre cuando todo lo que ama está al otro lado de la pared? Sin moverme de la fila pienso ¿de qué se trata mi alegría? ni siquiera se trata del sentimiento del padre, sino del amigo; un testigo a distancia que, a juzgar por un observador externo, no tiene mucho de diferente con los demás hombres formados. Soy uno más esperando mi turno de entrar al súper, ajustarme el cubre bocas, untarme gel en las manos y formarme nuevamente para pagar en la caja los víveres de la semana, seguramente inflados al doble de su precio por la crisis. 

Pero hoy es distinto. Hoy nació Romina. No hace falta que me cuenten más, sé que el rostro de Freeze está pálido, las pupilas dilatadas y los cabellos erizados. El mito se había terminado, no fue como lo imaginaba, ocurrió en plena tarde de mayo, un lunes en medio de la pandemia mundial, con un parto que duró menos de una hora y contra todos los pronósticos.

Sin darme cuenta ya estoy afuera con la despensa amontonada entre mis brazos. Regreso a casa con paso lento y observo a las personas aferrándose a sus últimas reservas de cordura. ¿Qué valor tendrá esta bitácora?  Aunque suene trillado, el tiempo lo dirá. Tal vez un día Romina la encuentre como yo encontraba en los casetes VHS un pedazo de historia familiar. La tarea para ti Romina, será diferente. No hay imágenes del súper ni del camino a casa, no tengo cámara y no me gustan las fotos, pero dejo este pedazo de papel y un poco de mi aliento para decirte que, en medio de este mundo absurdo, a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.

Con amor

Jaime

6 de mayo de 2020

12:51 A.M.

Jaime Arturo Reyes Hernández

Aficionado a la civilización y la barbarie. Interesado en la historia y las minorías, llámese antigua burguesía o liberales radicales. Apasionado del rock and roll y el fútbol. Estoy terriblemente convencido que la brevedad es el alma del ingenio. Soy declarado abiertamente ateo y freudiano. Finalmente, regiomontano por adopción.