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Repensarnos frente al Covid-19

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A Martha, quien busca a su hijo, las autoridades le dijeron que ya no debe vender barbacoa en el puesto que ponía por su casa.

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“No tenemos desde agua, hasta autoridad municipal, esto nos hace sumamente vulnerables (…) añoramos que esta epidemia no nos pegue duro”, dijo una voz de San Mateo del Mar en el Istmo de Tehuantepec citada por la periodista Diana Manzo hace un par de días. La falta de agua potable ocurre en diversas zonas de Oaxaca y en otras entidades de la república, por lo que la recomendación básica para enfrentar la epidemia del nuevo coronavirus, lávate las manos, se vuelve inoperante.

Quédate en casa es la otra indicación. Y aquí estamos unas y otros, con la privilegiada posibilidad de hacerlo, sin embargo “la mitad de la población vive literalmente al día”, como bien lo dijo este domingo 5 de abril el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell. En empresas de Puebla y Tlaxcala, para ejemplificar, a mucha gente ya la “descansaron”: no hay trabajo y no hay paga.

Lo mismo en Nuevo León donde a los impactos de la violencia que ya existían, se suman los efectos de la pandemia. Roberto, por ejemplo, quien busca a su hija desaparecida, es panadero en un restaurante, pero le acortaron las horas y también su salario. A Martha, quien busca a su hijo, las autoridades le dijeron que ya no debe vender barbacoa en el puesto que ponía por su casa. Aunado a ello está la situación de la población migrante, rural; las trabajadoras domésticas o las personas privadas de la libertad en centros penitenciarios.

El panorama no es alentador. La pregunta no solo es qué va a pasar, sino qué es lo que ya está sucediendo. Si bien hay personas que por necedad o inconsciencia no siguen las medidas de prevención, otra parte de la población simplemente no tiene posibilidad de hacerlo. Ya lo señaló el Subsecretario de Salud: alrededor del 80 por ciento de la población se contagiará del virus -lo que no quiere decir que desarrollará la enfermedad-. El punto es que no se den todos los contagios al mismo tiempo ya que nuestro sistema de salud no podría soportarlo.

En este contexto pareciera que hay que estar alerta ante tres cuestiones: por un lado, sobre la intensidad y expansión del virus en el país; por otro, el impacto social y económico en la población; y como tercer elemento vendrán, me parece, reflexiones y transformaciones en la vida.

Para el martes 7 de abril se tienen 2 mil 875 casos confirmados de Covid-19 en México y 141 personas fallecidas. El contagio ha ido rápido y el panorama cambia de desalentador a esperanzador entre uno y otro día como puede verse en las gráficas presentadas diariamente por el Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, LaNSBioDyT, quienes siguen el análisis del curso de la epidemia en México en relación con otros países. Es pronto para conclusiones respecto a números de contagios y expansión de la epidemia, y a la vez es tarde para resolver situaciones apremiantes de los sistemas de salud, servicios básicos y seguridad social en el país.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, refirió en su informe de este domingo 5 de abril que como medida de apoyo ante el Covid19 adelantaron el recurso a las personas adultas mayores. Señaló también que el gobierno generará empleos y créditos. Lo anterior como parte del Plan económico para hacer frente al coronavirus, el cual ante la urgencia y la falta de detalle suena aún intangible, además de no precisar acciones o acuerdos con el sector empresarial.

Son tiempos increíbles. Difíciles para buena parte de la población. El Covid-19 nos hará transformar muchas cosas que van desde lo personal y lo familiar hasta lo laboral y lo social. ¿Tendrá sentido seguir apostando a la construcción de política pública gubernamental para atender problemáticas sociales? ¿Dónde aportar que sea útil? ¿Qué alimentar que dé frutos? Somos parte de un sistema que poco funciona, que se resquebraja, que no es capaz de dar cobertura a la población más vulnerable ¿Seguiremos tejiendo en la misma lógica? Habrá que repensarnos, esperando -como me decía mi amiga Ale, de Tlaxcala- que no salgamos de ésta volviendo a la misma vorágine, como si nada hubiera pasado.

Liz Sánchez

Con el sur como norte, camino. Disfruto la sierra y el mar; la salsa y los postres; la música, el viento y la poesía. El corazón se alimenta de lo amable. He colaborado y latido en la defensa de derechos humanos en Oaxaca, Tlaxcala y Nuevo León. Soy integrante de CADHAC.