Repartir el cansancio

Cuando nació mi bebe alguien me dijo: “prepárate para estar cansada todo el tiempo.” ¿Neta?, ¿así tiene que ser?  Lo que nos urge es un espacio y un momento que sea propio, un día de descanso.

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Aunque quizá ahora los hombres participan más en las labores del hogar y la crianza de los hijos, creo que también es cierto que la mayor parte de la responsabilidad sigue recayendo en las mujeres. Sobre esto platicaba hace unos días con un grupo de amigas, todas mamás primerizas. Cada quien, poco a poco, va encontrando la manera de hacer funcionar la nueva dinámica que requiere hacerse cargo de una personita, mientras también descifra como no abandonarse a sí misma, ni a la pareja.

Hay de todo. Que si el esposo de fulana es super buena onda porque cuida al bebé para que ella tome siesta o vaya al salón a arreglarse las uñas. Algunos, ni muertos cambian un pañal, otros participan esporádicamente en la limpieza de la casa o hacen de comer.

En las historias de mis amigas, invariablemente sus parejas dedican la mayor parte del día al trabajo remunerado, mientras que ellas se dedican al malabarismo. Hacemos malabares entre el trabajo remunerado y el trabajo de la casa: la famosa doble jornada. Mientras que se lava la ropa, lavamos trastes y cocinamos. En la mente apuntamos la lista del super hasta encontrar un momento libre para ponerlo en papel. Hacemos trabajo físico pero también mucho esfuerzo mental: planeamos, organizamos y dirigimos. Cuando por fin llega el fin de semana, realmente no es garantía de descanso.

La crianza y la vida moderna nos exigen tanto que siempre estamos exhaustas. Y es que el burn out es real, y también afecta a quienes somos madres. Aunque por lo general el término se usa para referirse al ámbito laboral, en esta situación también aplica. Se trata de un agotamiento crónico, físico y mental que muchas veces desemboca en otros padecimientos como depresión o ansiedad. Nos sentimos solas, abrumadas y frustradas.

Cuando nació mi bebe alguien me dijo: “prepárate para estar cansada todo el tiempo.” ¿Neta?, ¿así tiene que ser?  Lo que nos urge es un espacio y un momento que sea propio, un día de descanso.

Cuando se lo propuse a mi marido, no le hizo mucha gracia. La idea de quedarse cuidando al niño o salir de paseo sin mí como que no le cuadraba, pero era lo que yo necesitaba. Una casa en silencio para mí sola. Comer con las dos manos, sin interrupciones. Ir al baño sin intrusos. ¿Dije silencio? Silencio para escuchar mis pensamientos, escribir o leer. Tal vez una siesta. Un momento también para ir construyendo el reencuentro con una misma, porque a veces se confunde con el de “mamá.”

Al final no se trata nada más del descanso para las madres, sino también de lo que se están perdiendo ellos en su relación padre – hijos. Creo que en este sentido, el descanso para mamá, abona en la construcción de una paternidad responsable, pero también más cercana y amorosa.

Creo que el mayor obstáculo para nosotras es la culpa, esa sensación de egoísmo. Porque la verdad es que todas queremos ser buenas madres. Tal vez falta atreverse y asumir que más vale madre descansada que madre abnegada. Tan fácil como que no podemos dar lo que no tenemos. Queremos ser alegres, pacientes y amorosas con nuestros hijos y para eso hay que recargar baterías.

Normalizar el cansancio no le hace bien a nadie. No nos tocó así. Siempre estamos a tiempo de deconstruirlo y encontrar nuevas maneras que sean más amables. No hay manera correcta, existe lo que le funciona a cada quien. Sí, hemos avanzado. Los hombres participan más, pero sigue habiendo una resistencia para lograr la equidad en el trabajo que se hace en casa y mucho más en lo que se refiere a las labores de crianza. Nos toca a nosotras seguir montando estas revoluciones al interior de nuestros hogares. En definitiva, nos merecemos ese descanso aunque a veces tengamos que exigirlo.

Lorena Siller

Obtuvo la Licenciatura en Humanidades por la Universidad de Monterrey y la Maestría en Estudios de Gènero y de las Mujeres por la Universidad de Austin en Texas. Aunque es regiomontana, radica en Playa del Carmen desde el 2010. Desde el 2006 es profesora de Bachillerato y actualmente prepara un proyecto de empoderamiento para niñas titulado Espacio Púrpura.

7 comentarios en “Repartir el cansancio

  1. A mi me parece que solo hay q fluir. Ya tuvimos tiempo para nosotras y ahora será tiempo para compartir con esas hermosas creaturitas que nos enseñan a amar tanto. Con mis hijos conici la verdadera ternura de la vida. Mi corazón llego hasta lo mas alto de todo el universo. Y hoy por hoy aunque me cansa su desorden no cambio nada por ellos. Lo son todo en mi vida y de mi marido. Ambos trabajamos duro por su crianza.
    Llega un tiempo donde de nuevo hay mas espacio para ntas y ellos. De ser egoistas. De disfrutarnos solos, sin ellos, con ellos etc. Juntos pero no revueltos.
    Habrá que olvidarnos de los esteriotipos que la sociedad nos da. Eso nos libera bastante!… Nos dicen tantas cosas cuando uno está embarazada… jajja a mi me dijerón: “Ahora sabrás lo que es amar a Dios en tierra de indios”
    Me agrada tu reporte…

  2. La verdad es que soy una mamá que le cae el “saco” en cada una de las líneas del artículo, ahora comprendo mi cansancio crónico, que muchas veces me induce a un estado de tristeza, al sentir que no puedo con todo en mi rol de madre. Sin embargo nunca es tarde para redireccionar y encontrar un poco de paz para una misma como persona y mujer.

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