Quitarnos la camiseta

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), México tiene un 75 por ciento de prevalencia de estrés en su fuerza laboral, lo que lo coloca en un primer peldaño por encima de las primeras economías del mundo, como China (73 por ciento) o Estados Unidos (59 por ciento).

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La señora N empleada bancaria, profesionista exitosa, vive cargada de ansiedad, siente que algo le presiona el pecho y no sabe qué es; batalla a veces para poder dormir, se despierta pensando que tiene que ir a trabajar y su rutina no la entusiasma. A diario se pregunta el motivo, será su trabajo, sus hijos adolescentes, su marido despreocupado, no sabe que responderse, pero tampoco busca ayuda profesional. Últimamente hacer ejercicio diariamente le ha ayudado mucho, al grado de que casi se le olvida su malestar.

La señora Y empleada en una firma constructora de medio pelo, de profesión ingeniera, jefa de compras, buena salud, muy sociable, sufre de ansiedad en silencio; padecer lupus no es poca cosa, tener un hijo con una condición del espectro autista es difícil para cualquiera, no sabe qué es lo que le causa ese malestar. Su clase de Pilates es un atenuante milagroso, convivir con sus amigas todavía más, eso le ayuda a sobrellevar el día a día.

El señor X trabaja en lo que dice le gusta, no hay nada mejor que hacer su trabajo, vender, ejecutar, cobrar, tener satisfecho al cliente es su principal objetivo. Cada noche al irse a la cama es una batalla consigo mismo, no puede dormir, siente que el mundo se le va acabar. No sabe que es lo que lo tiene en esa situación, tal vez el trabajo, los hijos, sus deudas, el tráfico. Hacer ejercicio es un buen paliativo, tomar algún curso, convivir con los amigos han sido su medicina.

Todos ellos traen la camiseta bien puesta, eso exige la chamba, lo competido que está el mercado laboral exige eso y más. No importa en qué nivel estemos, a todos se nos exige compromiso al máximo, muchas veces sacrificando vida familiar.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), México tiene un 75 por ciento de prevalencia de estrés en su fuerza laboral, lo que lo coloca en un primer peldaño por encima de las primeras economías del mundo, como China (73 por ciento) o Estados Unidos (59 por ciento).

En la última década en nuestro país la ansiedad, el estrés y la depresión se han convertido en padecimientos comunes para los trabajadores de distintas ramas productivas. En el afán de adaptarse a los efectos de la globalización, las empresas han implementado malas prácticas y procesos organizacionales en los que se dejó de ver que el activo más importante de las empresas son sus colaboradores.

Sin duda alguna no es el objetivo de este texto definir o establecer qué es cada uno de esos padecimientos. Sería muy irresponsable de nuestra parte.

Claramente día a día más gente sufre sus síntomas, lo escuchamos en todas partes y no solo en las personas adultas, también en muchos jóvenes por diferentes motivos. Viene a colación el viejo chiste o anécdota de que con un par de cachetadas se nos quita la depre, pero estaríamos siendo groseros o insultando a quien la padece y a los especialistas en la materia.

Estamos de acuerdo que en este momento hay una infinidad de problemas en nuestro país y en nuestro estado, temas mucho más relevantes que nuestra salud. Porque sin lugar a dudas se está convirtiendo en un problema de salud pública. Pero ¿quién quiere leer o escuchar de depresión en los jóvenes o profesionistas cuando no hay medicamentos urgentes para tratar a niños con cáncer o que faltan miles de camas en los hospitales? ¡Qué dilema!

Hablar de adicciones o de enfermedades que nadie ve, pero ahí están, tal vez no sea de atención inmediata para nuestro gobierno o sociedad en general. ¿Qué hacer para ayudar a todas esas personas, sobre todo a las cercanas, que están pasando por una enfermedad de este tipo? Tal vez la solución sería desprendernos de la mentada camiseta.

Miguel Angel Pinal

Mi esposa dice de mí que soy alegre, alborotador, divertido, soñador, trabajador, excelente conversador, buen hijo, excelente esposo y padre... y yo digo que soy respetuoso de las formas y los fondos, seguidor de la política nacional desde niño. Padre, esposo, amigo. De oficio, constructor.