Querido Monterrey:

Soy uno de los tantos que nació y creció en tu suelo. Pero te escribo ya que últimamente estoy empezando a desconocer tus recuerdos; ya no eres igual que antes, te has trasformado en algo diferente. Antes, me cuentan, tus montañas eran claras e imponentes y Monterrey contestaba como sociedad civil, organizada y activa.

Aunque nunca te conocí así, me han contado estos bellos relatos de cómo eras antes. Estos relatos siempre romantizados y llenos de nostalgia. Siempre me emociono escuchándolos y me quedo sin creer que se trate de ti, tiempo atrás.

Todos se ayudaban como comunidad, siempre con mentalidad de colaborar unos con los otros. Un lugar donde la palabra robo era algo raro. De un lugar lleno de oportunidades. Aunque yo no te puedo juzgar por cómo eras antes, sí puedo hacerlo desde que te conocí.

Aunque mi tiempo contigo ha sido relativamente corto, los primeros recuerdos que tengo no fueron del todo buenos. Desde que tengo memoria siempre te pinto con miedo. Un miedo que se respiraba todo los días. Aunque yo era todavía muy niño para siquiera percatarme de lo que estaba ocurriendo, se me quedó grabada en la memoria la tensión que se vivía. Esa violencia. Esas conversaciones de angustia que se escuchaban muy seguido. Me acuerdo de un tema que se platicaba mucho, de cómo prendieron en llamas un casino, y de toda la violencia que ocurría.

Me acuerdo de cómo muchos amigos se alejaron de ti. Yo sin comprender por qué se mudaban a otra ciudad. Hasta que después advertí que la situación de violencia fue un punto de quiebre para muchos.

Afortunadamente, nunca he vivido en carne propia la violencia, pero sí en un entorno trágico. Me acuerdo cómo se escuchaban tiros durante toda la noche. Ahora que recuerdo incluso en el colegio nos prepararon para reaccionar en el salón de clases en caso de situación de balacera. Mis padres también me enseñaron en su momento a no acercarme a las ventanas, ya que una bala perdida podía caer cerca. Hasta ahora me percato que sobreviví y crecí en un ambiente lleno de angustia y miedo.

Ya que ahora puedo percibir un poco mejor las cosas de mi entorno y sobre todo de ti, ahora me toca a mí crear esos recuerdos para contar en un futuro cómo eras tú, cuando yo era niño. A veces pienso en esto y me digo a mí mismo ¿qué diré? Ya ni siquiera pienso en qué diré en un futuro si no, qué les diré a las personas ajenas a Monterrey. ¿Que siempre estás sucia y congestionada? ¿de los colgados y embolsados? O ya sé, ¿de los desaparecidos y extorsionados? Cada vez resulta más difícil defender a Monterrey de ataques, insultos, burlas o críticas.

Tal vez puedo irme a la fácil y decir lo cosmopolita y moderna que eres, pero yo no creo que lo seas. No solo por tener unos edificios altos te puedes declarar moderna. Y mucho menos se podría decir de ti que eres progresista, ya que eres una ciudad con un severo racismo y sobre todo clasista. Y que ni se menciona la igualdad en ti. Tampoco eres vanguardista ya que necesitas, mínimo, pensar de forma más abierta, aceptar toda la diversidad en todas sus formas y sobre todo adaptarte a los cambios.

Lo único que he visto que cambies en ti, son todos los OXXO nuevos y la nueva forma de saqueo que traes contigo todos los años. ¡Carajo! Creo que aun así hablaré bien de ti. Porque, aunque no eres la mejor, tú me viste crecer y me diste un lugar a donde pertenecer. Al final, todos fingimos, pero nadie es engañado.

Saludos, espero que te mejores.

Atentamente,

Alejandro Valdés

Alejandro Valdés

Curioso de nacimiento y afable por excelencia. Crítico cotidiano y escritor inconforme. Estudiante de tiempo completo y lector en los ratos libres. Cuentan los que lo conocieron que actúa de una forma quejumbrosa. Fanático de la música ruidosa.