Querida amiga:

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Poco a poco, aprendí que la tristeza necesita a la soledad para ser ella misma sin guardar formas ante los demás, pero también necesita encontrar su lugar.

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Llegó el día en que tienes que mudarte de tu casa de toda la vida al departamento que compraron tu esposo y tú antes de que él se fuera.

Te mentiría si te dijera que va a ser fácil acostumbrarse; ya sabes cuánto detesto los clichés para dar ánimo; por lo mismo, no te diré que un departamento es más fácil de mantener en orden, o que vas a tener mucha seguridad en tu condominio. Eso, y muchas cosas más, las analizaron ustedes cuando decidieron que era una buena opción vivir ahí. Lo que sí puedo decirte con certeza es que vivir sola, no significa ser una persona solitaria.

Cuando me cambié al departamento en el que vivo la parte más difícil no fue mudarme, fue estar sin mi compañero. Tuve la suerte de que la familia y las amistades, tú entre ellas, me ayudaran y me cuidaran. Poco a poco, aprendí que la tristeza necesita a la soledad para ser ella misma sin guardar formas ante los demás, pero también necesita encontrar su lugar. No se va a hacer más pequeña con el tiempo, eso no es cierto, lo que va a pasar es que uno va a crecer y la va a poder abarcar, la va a poder contener para que no se desborde. Y crecer es todo un proceso que requiere trabajo. No voy a darte consejos, cada quién vive su duelo a su propia manera, solo compartiré contigo lo que me tocó vivir.

Cuando me decían: no estés triste, piensa que ya descansó, él está en un mejor lugar, yo me preguntaba quién les había dicho que estaba cansado. Y por supuesto que estaba en un mejor lugar, no tendría por qué ser de otra manera, él cumplió con la vida. Tardé un poco en aceptar que mi tristeza era por mí, yo estaba triste por mí, por haberme quedado sin mi compañero, por sentir el peso de una soledad que me asfixiaba. Querida amiga: se vale la autocompasión. Lo único que te pido es que no te quedes ahí. Yo empecé por ocuparme de las cosas que tenían que ser atendidas de inmediato, ya sabes, seguros, tarjetas, etc. Comprendí que no hay que ser estoica, pero si hay que tener entereza.

Ya instalada en el nuevo departamento caí en la cuenta de que por primera vez en mi vida iba a vivir sola, a veces pasaban horas sin que dijera palabra, nunca me ha molestado el silencio, pero cuando era excesivo ponía la música que cantábamos y bailábamos juntos. De repente me sorprendía preguntándole qué pensaba de tal o cual cosa y me contestaba a mí misma: sí, ya sé que dirías. A veces volvía a llorar, otras sonreían con tristeza y, en algún momento, reí nuevamente. Ocurrirá amiga, las risas regresarán, aunque las acompañe la nostalgia.

Pasados algunos meses yo seguía con esa sensación de estar recogiendo pedacitos para reconstruir mi vida. Fue cuando me enfermé y me pasé un mes recluida en el departamento sin querer recibir visitas, hasta que, sin preguntar, llegaste para pasar un rato conmigo.  

En mis recuerdos, no ubico un momento preciso en el que haya tomado la decisión de sobreponerme y continuar mi vida. Más recuerdo que una y otra vez me tuve que esforzar por levantarme para ir al negocio, hasta que volví a la costumbre de hacerlo.

Fui creando otra rutina para mis días, me fui poniendo pequeñas metas, primero muy a corto plazo, por ejemplo: levantarme a la misma hora. Después fueron tomando forma otros proyectos, como participar en talleres literarios.

Tú siempre has sido una persona muy activa en la comunidad, espero que lo continúes siendo, y que poco a poco te reencuentres con tus motivaciones y descubras otras nuevas.

Cuando te hayas instalado, invítanos a tu departamento, cuéntanos qué piensas hacer, cómo te sientes, todas tus amistades estamos para ti, no te quedes sola, reúnenos de nuevo en tu vida.

Te quiero.

Mercedes Barbosa

Oficio de viajera, caminante y aprendiz de escritora. Consultora en tecnologías de información por muchos años, comerciante incipiente con negocio propio.