¿Qué ropa traía puesta la víctima? 

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Una de las preguntas “tontas” que hacían usuarios de redes era ¿qué esperaba (la víctima) que pasara después de beber hasta quedar inconsciente? “Una resaca”, fue lo que varias personas contestaban. Pero resulta que la pregunta no se hacía para obtener esa información, sino de manera retórica. Como si un abuso fuese el resultado esperado de una borrachera, (claro, si quien se emborracha es una mujer).

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¿Qué hacía en ese lugar y a esa hora?

¿Por qué se quedó ahí?

¿Dónde estaban sus padres?

¿Por qué no gritó?

¿Por qué tardó tanto en denunciar?

Estas preguntas no son nuevas. Las leemos como comentarios en noticias que nos atraviesan. Las vemos en las publicaciones que denuncian abusos, tragedias, situaciones que nos parecen inadmisibles. Las escuchamos entre personas que comparten chismes. Las hacemos incluso a quienes nos comparten sus historias oscuras. 

Pareciera que, si damos respuestas a esas preguntas, encontraremos una explicación, una estrategia para evitar futuros incidentes, una justificación del porqué sucedió tal hecho. Y sí. Pero las preguntas no son las adecuadas, y en muchas ocasiones se dirigen hacia la persona o personas no indicadas. O bien, no se contestan porque la pregunta puede parecer indignante, e irrespetuosa, irrelevante, absurda o quizás porque revictimiza a alguien. Hay preguntas, sin embargo, que señalan la normalización de la violencia en nuestra cultura. 

En enero del 2015, Brock Allen Turner abusó sexualmente de una mujer inconsciente y en estado de ebriedad en Stanford University. Un par de estudiantes lo vieron y detuvieron. Turner fue arrestado y la noticia se hizo viral en redes sociales, así como en universidades de Estados Unidos. Una de las preguntas “tontas” que hacían usuarios de redes era ¿qué esperaba (la víctima) que pasara después de beber hasta quedar inconsciente? “Una resaca”, fue lo que varias personas contestaban. Pero resulta que la pregunta no se hacía para obtener esa información, sino de manera retórica. Como si un abuso fuese el resultado esperado de una borrachera, (claro, si quien se emborracha es una mujer).

Y así hay que responder a esas preguntas que nos parecen aberrantes e indignantes.

– ¿Qué vestía la víctima?

– Vestía pantalón y sudadera. Shorts y un top. Ropa ajustada. Traje, filipina, saco, vestido. Bata de paciente de hospital. Uniforme escolar. Pijama.  

Una vez contestadas estas preguntas podemos pasar a otro tema. Sabemos que la ropa no influye en por qué ocurrió un abuso sexual, por ejemplo. Podemos preguntar de vuelta, ¿cuál es la relevancia de esa pregunta? Y no hay relevancia. Lo que sí hay son datos que señalan que el abuso puede ocurrir independientemente de lo que la persona lleva puesta. 

Una de las preguntas más difíciles de responder es: ¿Por qué no dijiste nada antes?

Es difícil porque pareciera que coloca culpa o responsabilidad a la víctima, una responsabilidad que no le corresponde. Sin embargo, esta pregunta no es tan descabellada. Perderle miedo a la pregunta y decir que fue debido a que la persona estaba confundida, que tenía miedo, que desconocía que lo que le había ocurrido no era para nada consensuado o respetuoso, también es información. Información que se correlaciona con las mismas razones de otras víctimas. Tanto la pregunta como las muchas respuestas sirven para obtener un diagnóstico de cómo se estructura el pensamiento de alguien que guarda un secreto que le atormenta, de cómo los victimarios controlan a sus víctimas para que no los denuncien. 

Pero también sirven para que otras víctimas se encuentren entre tanta gente. Sirven para confirmar que no estaban confundidas, sirven para reafirmar que no están/estamos solas. 

No es lo mismo preguntar ¿por qué no denunciaste a tiempo?, a preguntar, ¿qué te hizo callar?, ¿qué temías? Con el tiempo y respondiendo a esas preguntas difíciles, sabremos preguntar menos y de mejor manera. Y las preguntas dejarán de asechar a las víctimas y se enfocarán en diagnosticar, denunciar y sanar.

Celeste Matsumoto

CDMX, 1988.

Floricultora. Madre. Docente.

Estudiante. Feminista Radical.