Que nadie se atreva a llamar

Me pregunto, ¿de qué nos estaremos perdiendo al abandonar la subjetividad de la conversación cara a cara? ¿Por qué no queremos hablar?

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WhatsApp domina nuestras vidas. Nos persigue a todos lados, mientras nos detenemos en un semáforo o esperamos en la fila del super. Participamos en el grupo del trabajo, de la familia, de las amigas, del colegio y un largo etcétera.

Hay además esta necesidad de inmediatez. Si te descuidas un rato, abrir la aplicación puede resultar en 300 mensajes no leídos, ¡qué fastidio! Otros al no recibir respuesta,  sobre todo si se trata de trabajo, suelen mandar un signo de interrogación como diciendo “¿por qué no respondes si me leíste? Ya esperé suficiente.”

Hace poco me descubrí queriendo poder escuchar un audio mientras que seguía atendiendo alguna otra conversación y pensando, porque a WhatsApp no se le ha ocurrido hacer esto realidad. Al fin multitask sí, pero que nadie se atreva a llamarme.

Pensé que yo era la única a quien le molestaba recibir llamadas, pero hace poco me tocó presenciar algo interesante. Durante una reunión con amigas, de pronto sonó el teléfono de una de ellas. Agitada y visiblemente molesta contestó, ¿por qué me hablas, es una emergencia? Cuando he recibido llamadas vía WhatsApp, acto seguido hay un mensaje de texto que dice “perdóname se marcó sin querer.” En otras ocasiones antes de llamar, se pregunta “¿puedo marcarte?”

Muy pocos de mis conocidos tiene teléfono en casa. El celular poco a poco ha reemplazado al teléfono fijo, y ahora aparentemente el mensaje de texto a la llamada de voz.

La llamada irrumpe en nuestra cotidianidad y en nuestros tiempos. Nos interrumpe el hilo de las cosas. No nos permite el multitask. Es como si el mensaje de texto fuera más respetuoso de nuestro espacio. Es además mucho más preciso y no da pie a errores.

Ya sea para negocios o para resolver cuestiones personales nos apoyamos en WhatsApp.

Por ese medio he recibido documentos importantes y he ordenado comida a domicilio. Un par de amigas han recurrido al mensaje de texto para solucionar temas de pareja que bien se podrían hablar en persona.

Un mensaje de texto nos protege. Si se nos olvidó lo que se dijo, podemos regresar a la conversación y revisar, algo que la llamada no permite. El mensaje nos salva de perdernos en la traducción (lost in translation). Es también la versión moderna de “papelito habla”.

Me pregunto, ¿de qué nos estaremos perdiendo al abandonar la subjetividad de la conversación cara a cara? ¿Por qué no queremos hablar?

La verdad no sé muy bien cómo contestar esta pregunta. No tenemos tiempo, ni ganas de hablar. Hemos perdido la capacidad de escuchar y de entregarnos al otro. Y es que escuchar requiere de toda nuestra atención.

En estos intercambios nos implicamos con el otro, con su historia y adquirimos cierta responsabilidad. Lo hace todo más íntimo. En definitiva nos exige estar presentes, cosa que creo que cada vez se nos dificulta más. Tal vez estamos tan exhaustos de tanta conexión, que no nos queda más energía para el otro.

Poco a poco hemos desaprendido la escucha. Nos hemos vaciado de nosotros, de la complejidad afectiva y del manejo de emociones, para convertirnos en letras y signos.

Lorena Siller

Obtuvo la Licenciatura en Humanidades por la Universidad de Monterrey y la Maestría en Estudios de Gènero y de las Mujeres por la Universidad de Austin en Texas. Aunque es regiomontana, radica en Playa del Carmen desde el 2010. Desde el 2006 es profesora de Bachillerato y actualmente prepara un proyecto de empoderamiento para niñas titulado Espacio Púrpura.

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