Protección o persecución

Por |

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

En México tenemos una larga historia de violencia policial y militar. Repuntó durante “la guerra contra las drogas”, iniciada por el gobierno del presidente Felipe Calderón, y desde entonces, los episodios de violencia son nuestro “pan de cada día”. Entre desapariciones forzadas, asesinatos de activistas, periodistas, madres buscando a sus hijos desaparecidos, importa señalar la ineficiencia de las instituciones encargadas de la seguridad pública, quienes supuestamente son las responsables de mantener el orden y la seguridad de los ciudadanos a través de distintos mecanismos. El último recurso del que deberían hacer echar mano es ejercer la fuerza pública contra las personas. Sin embargo, los episodios de violencia nos han llevado a tener una gran desconfianza a estas instituciones, lo que me llevan a preguntar: ¿en realidad el objetivo de las instituciones de seguridad pública es proteger a la sociedad, o proteger a quiénes?

Las fuerzas policiales y militares están sometidas a las decisiones y órdenes del Estado. Su principal justificación es la salvaguarda del orden público. Es así como se han cometido diversas acciones con la intención de mantener la seguridad de los ciudadanos. Como menciona Max Weber, el Estado tiene el monopolio de la violencia legítima, convirtiéndose en los creadores de los objetos del miedo, que permiten justificar el uso de la fuerza pública mediante estrategias que han logrado criminalizar a grupos sociales. Entonces, ¿a quién protegen? Si estas instituciones solo siguen órdenes eso me lleva a pensar que su último objetivo es cuidar y defender a los ciudadanos.

Según datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2019, realizada por el INEGI, la mayor preocupación de los mexicanos tiene que ver con temas de inseguridad. Además, se puede observar que existe una gran desconfianza en las autoridades como policías de tránsito, municipal y estatal. Las que más inspiran confianza son la Policía Federal, el Ejército y la Marina. Pero distintos episodios han incrementado la sospecha de que la policía es parte del problema y no de la solución, esto ha llevado a la población a hacer frente a los problemas de seguridad por su cuenta a través de otros mecanismos como la justicia por propia mano, la instalación de cámaras de seguridad y rejas en los hogares.

En septiembre, en el marco de las movilizaciones por el Día de Acción Global por el Aborto Legal y Seguro en la Ciudad de México, una de las estrategias del gobierno fue realizar cercos policiales a las manifestantes con el fin de “acompañarlas” para evitar daño a los comercios de la zona. Cabe señalar que el gobierno de la Ciudad envió a estas manifestaciones a policías mujeres. Esto desató diversos cuestionamientos sobre las estrategias implementadas por el Estado y que también desacreditó al movimiento, al resaltar los enfrentamientos que se han dado entre mujeres, manifestantes y policías.

Es así como se deja ver la violencia de Estado implementada a través de la brutalidad policial, militar, el discurso y las estrategias para legitimar sus acciones. Un estudio de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) menciona que la SEDENA y la SEMAR, fueron las instituciones que presentaron los mayores índices de comisión de violaciones graves durante el 2007 al 2017. Se reportaron mil 69 víctimas de diversas violaciones a derechos humanos, 91 fueron víctimas de asesinato, 94 de desaparición y 389 de tortura por parte de las fuerzas armadas.

Todas estas acciones y miles de historias tienen como actores principales a las fuerzas armadas y de seguridad pública federal y estatal, quedando en impunidad en la mayoría de los casos. Entonces habrá que preguntarnos, ¿vivimos en guerra?, ¿una guerra de quién contra quién?, ¿es necesario seguir financiando militarización, más elementos policiales, más armas, si al final es a nosotros a quienes nos va peor?

Elided Hernández Acosta

Revolucionaria de nacimiento. Creo en un mundo distinto. Me gustan las ciudades, la fotografía, la música y ser contreras. Estoy en un constante cuestionamiento de todo, creo en la acción colectiva y en que la revolución será feminista o no será.