Procesos de la noche

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Recientemente estuve en una reunión con amigos y familiares. Para mi sorpresa hubo quienes no sabían del caso de los 43. Muchos no saben y no quieren saber. Prefieren voltear la cara. Creer que esa realidad está lejos de sus vidas. La obligación y el compromiso es exigir justicia y que estos hechos se conozcan para que no se repitan nunca. 

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Nos faltan 43

Nos faltan miles

Nos falta Julio César Mondragón Fontes

Dice Alma Guillermo Prieto que gran parte de la obligación de los periodistas es enseñar a ver. Estaba en la Ciudad de México (CDMX) cuando compré el libro Procesos de la Noche. Al llegar al hotel me puse a revisar el texto, lo abrí al azar y leí: el cuerpo de Julio César Mondragón fue abandonado en una calle de Iguala. Julio César forma parte de los 43 de Ayotzinapa. Los estudiantes desaparecidos de la normal rural en septiembre de 2014.

Seguí hojeando el texto y lo primero que pensé fue que la tragedia de Julio César Mondragón es la de México entero y que hemos de reconstruir el rostro completo del país, el rostro desollado de México. Entonces supe que tenía que conocer a la autora. Hice contacto con ella pensando que me ignoraría, pero para mi sorpresa accedió a que nos conociéramos. La invité un café muy malo en alguna parte de la CDMX y me sentí privilegiada de tener a la joven escritora frente a mí.

Tremendo proceso la lectura del texto de Diana del Ángel. Aun conociendo la noticia antes de salir en la prensa, aun habiendo visto fotos que me hizo llegar un compañero periodista y que me negué -en un primer momento- ¡a aceptar como reales! Aun y todo ello me subí a la barca para asomarme, una vez más a los infiernos.

Como argonauta seguí la crónica puntual y solidaria de Diana del Ángel, su línea del tiempo impecable. Lo personal es político, me decía al remar en la lectura: tenemos una historia de amor, de empatía y resistencia frente a los aparatos represivos de estado, historia narrada por Diana del Ángel: una poeta, una activista, defensora de derechos humanos. Partimos de un nombre: Julio Cesar Mondragón Fontes. Joven que tenía 22 años, estudiaba en la Normal Rural de Ayotzinapa; padre de una bebita y enamorado de Marisa Mendoza, su esposa y madre de su hija.

Pero ésta también es una historia de horror y lleva el nombre de Julio: estudiante asesinado, caso emblemático de los 43 de Ayotzinapa que sacudió a México entero; entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, Julio es torturado, lo golpean hasta hacerle estallar los órganos internos y lo tiran como basura en una calle de Iguala. ¿Quién? ¿quiénes? fue el Estado, se lee en las pancartas de las manifestaciones por todo el país.

Julio César Mondragón Fontes, con más de sesenta fracturas, desollado, le arrancaron la piel del rostro -nunca la encontraron- le cortaron la lengua, ¡le sacaron los ojos! Se me corta la respiración, pienso en su madre, en su esposa, en su pequeña, en su familia y amigos, pienso en México y reafirmo que tenemos que dar a conocer las historias desde el dolor y la resiliencia que cubren el territorio nacional y exigir justicia y aplicación estricta de la ley.

Recientemente estuve en una reunión con amigos y familiares. Para mi sorpresa hubo quienes no sabían del caso de los 43. Muchos no saben y no quieren saber. Prefieren voltear la cara. Creer que esa realidad está lejos de sus vidas. La obligación y el compromiso es exigir justicia y que estos hechos se conozcan para que no se repitan nunca. 

Decíamos que lo personal es político y se expresa en una historia de amor de varios niveles:  dos jóvenes enamorados ven su proyecto de vida hecho pedazos y se convierten en protagonistas de una historia de abusos y violaciones; el hilo conductor de la narrativa es retomado por Diana del Ángel -la autora del texto-, por Sayuri Herrera -la abogada que ha acompañado a la familia durante todo el proceso- y por Marisa, la joven viuda y madre de su hija. Sus experiencias nos describen un nivel de violencia, opresión e indiferencia frívola que nos atañe a todos. Y así hay que entenderlo.  Un espejo que refleja nuestra vulnerabilidad frente al uso indiscriminado de la fuerza del estado, que se atribuye una licencia para matar pasando por encima de leyes y derechos humanos. Por esto es necesario, imprescindible no voltear la cara al espejo. Por eso hay que leer este libro. Una historia de resistencia, pese al horror, pese a las ausencias.

Delia Weber

Periodista. Madre. Facilitadora de talleres y cursos a las mujeres privadas de su libertad.