Privilegiada

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Terminó dándome la orden de laboratorio bajo el título de: trastorno mixto de ansiedad, a cambio de media hora de sermón acerca de cómo, a sus 40 años, no se le acaban los sueños, pues ahora estaba por entrar a estudiar diseño de modas, y cómo había pacientes suyos, jóvenes, que los veía desmotivados y sin hacer nada, cosa que por supuesto, para nada comprendía.

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La psicóloga me recomendó hacerme un perfil hormonal. No vaya a ser que esto de las emociones volátiles, las largas temporadas de irritabilidad y las depresiones exprés no sea solo inmadurez o falta de herramientas psicológicas.

Como me acabo de inscribir al seguro por mi cuenta (porque esto de hacerme la artista y la independiente es más difícil que entrarle al sistema), hoy pude ir a una consulta general para que manden a hacer todos los estudios que requiero.

La doctora, de unos 40 años aproximadamente, se mostró incrédula en dos cosas: la primera, que yo haya ido repetidas veces en mi vida a terapia psicológica y la segunda, que mi problema sea hormonal. Terminó dándome la orden de laboratorio bajo el título de: trastorno mixto de ansiedad, a cambio de media hora de sermón acerca de cómo, a sus 40 años, no se le acaban los sueños, pues ahora estaba por entrar a estudiar diseño de modas, y cómo había pacientes suyos, jóvenes, que los veía desmotivados y sin hacer nada, cosa que por supuesto, para nada comprendía. También me platicó que superó una depresión que le costó 5 años después de un accidente, algo digno de reconocimiento. 

Lo que me llamó la atención es que desconfiara de la terapia psicológica y que le sorprendiera mucho que yo, una mujer de 26 años, haya ido a terapias intermitentes desde los 18. No puedes depender toda tu vida de un psicólogo, me dijo. Creyó que yo estaba reacia a tomar medicamentos para tratar esto que tengo, sea desorden hormonal, falta de herramientas o trastorno mixto de ansiedad. No te cierres a las soluciones, decía. La verdad es que cuando le dije que nunca he tomado medicinas por esto, lo dije como un logro, ya que gran parte de mis conocidas y conocidos y más grandes amigos y amigas han tomado o están tomando ansiolíticos o antidepresivos. Y otros tantos que deberían tomarlos.

Me di cuenta que ella, una profesionista del sector salud, estaba desinformada de que las generaciones jóvenes somos altamente susceptibles a caer en trastornos de ansiedad o depresiones clínicas por el estilo de vida que llevamos, de alienación, rapidez, inmediatez, sobreproducción y consumo; la velocidad con la que cambian los esquemas sociales y la tecnología, el contexto socio-económico y político en el que nos tocó formarnos, entre otras cosas. Solo una parte de esta generación es consciente y puede tomar medidas preventivas como ir a terapia psicológica antes de que sean necesarios los antidepresivos. Y hay quienes se dan cuenta de que algo no estuvo bien todo este tiempo hasta que tienen la receta psiquiátrica. Y habrá quienes nunca sepan que lo que tienen es una enfermedad o afección mental o emocional. 

Toda esta reflexión me llevó a que me siento muy privilegiada. Privilegiada de haber crecido en una familia de pedagogos y psicólogas donde he podido obtener información y conciencia en la importancia de la salud mental, además de haber heredado la cultura de la prevención.  La información que tengo me ayuda a hacerme responsable y tomar acciones en favor de mi sanidad psíquica y crecimiento personal, esquivando los famosos “pues échale ganas” y los dudosos diagnósticos de doctores que no te conocen porque te dejan hablar solo 5 de los 30 minutos de consulta.

Nancy González

Milenial introvertida con ávida actividad introspectiva que gusta de los paseos por la naturaleza y dormir mucho. De mirada nostálgica, egresó como Fotógrafa de la Facultad de Artes Visuales. Su sueño es hacerse una casita de adobe rodeada de muchos árboles y perritos.