Primero fui música

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¡Lo estoy haciendo mal! No puede ser, ¿qué hice? Lo estoy haciendo mal, lo estoy haciendo mal. Me repetía con pesar mientras caía a toda velocidad, dando vueltas sin control, en un agujero negro que parecía no tener fin. No podía ni levantar la cabeza de lo rápido que iba cayendo, solo podía lamentarme en mi interior: lo estoy haciendo mal. 

No puedes hacerlo mal, me dijo una voz. Estás soñando, no hay forma de hacerlo mal, déjate llevar. Es cierto, pensé. Me costó un poco de trabajo asimilarlo, pero me las arreglé para soltar la resistencia y dejé que me absorbiera el espacio sin tiempo ni fin. De pronto, sin planearlo ni esperarlo, me convertí en música. ¡Qué sensación tan deliciosa! Me encanta ser música, creo que primero fui música antes de ser yo. 

No puedo evitar pensar, con un poco de miedo al juicio, que a esto se refiere la Biblia cuando dice que le cantaremos a Dios por la eternidad. ¡Lo estaba interpretando mal! Cuando me muera volveré a ser música, música para el universo, pensaba en un momento de completa claridad y paz, mientras una ola de placer indescriptible recorría mi cuerpo entero. Un placer que podía sentir hasta en los pliegues de mis dedos. Porque ser música es delicioso, no solo flotas y vibras, sino que lo disfrutas cada segundo. Cuando eres música no hay miedo: solo hay música y es rica, vibra con tu alma, rompe los límites, conecta con tus emociones. Ojalá pudiera ser música más seguido. 

Esta era la tercera vez que me convertía en música en un sueño. Es divertido e interesante escuchar cómo cada quien sueña de maneras tan diferentes: hay quienes sueñan que vuelan en la espalda de un tigre con cabeza de dios hindú y hay quienes sueñan que mandan correos porque hay mucho trabajo en la oficina. Siempre había querido soñar con dioses y cosas exóticas, pero no. Yo me convierto en música en los sueños. ¿Qué significará?

Hace poco, relativamente, que descubrí que la música y yo tenemos una conexión especial. Y no creo que sea porque tenga un súper poder único. Creo que es porque cultivé esta relación con el tiempo, aprendí a detenerme para sentir e identificar esas sutiles vibraciones y sensaciones en mi cuerpo. Me expuse a diferentes estilos, tonos, ritmos y frecuencias, como cuando empiezas a tomar vino y te mueres por probar todas las uvas; aprendí a buscar y a disfrutar la conexión. Me encanta escuchar música nueva y me fascina la vibración deliciosa que me genera ese sonido que no me espero y me sorprende, sobre todo cuando me encuentro con tonos profundos y graves, ¡qué delicia! 

Está canción suena a ti. Fueron las palabras exactas que me dijo un amigo hace un par de meses mientras me compartía una canción de Alex Serra, en Spotify. Fue graciosa la selección de palabras, no solo soy música, sino también tengo un estilo. Con que sueno a esta canción… ¡que cool!, pensé. La escuché y me gustó, vibramos juntas buena onda. Así que me acosté cómodamente, me puse los audífonos, cerré los ojos, respiré profundo y me aventé la playlist completa en un estado meditativo.

¡Wow! Estaba in the Real World, fuera de los sueños, pero aun así sentía el placer físico que experimentas cuando te conviertes en música, solo que a un nivel más sutil. Mi atención estaba en las sensaciones, en cómo mi cuerpo recibía la música, en el escalofrío rápido que pasa por mis brazos cuando escucho un tono bajo repetitivo en efecto surround. Respiro profundo y sigo escuchando. Que rico suenan esas percusiones. Ahora escucho la voz de una mujer, diciendo que cuando haces música y conectas, entras en ella. Inmediatamente siento los pelitos de punta en todo el cuerpo. Sigo escuchando y disfrutando de los juegos de sonido, los audífonos le dan un plus adicional a la experiencia. Respiro profundo otra vez, es como cuando te comes un chocolate en modo mindfulness: todo tiene más textura, más sabor, más presencia. Termina la canción y la regreso, la tengo que escuchar de nuevo. 

Cada vez es más fácil sentir la música, cada vez el esfuerzo es menos consciente y es más natural lograr la conexión. Últimamente, mientras estoy despierta, sueño también con ver la música. ¿Será eso posible? Una vez hasta hice un tutorial, de dudosa procedencia, para desarrollar habilidades cinestésicas. No lo logré. Pero no perdía nada con intentarlo, así que no me daré por vencida. Me queda claro que alcanzar cualquier meta tiene su proceso. Hace unos años yo decía que no era musical y ahora soy música. ¿Quién sabe?, a lo mejor en unos años seguiré siendo música, pero no solo eso, también seré azul: música azul.

Rebeca Villanueva

Soy una mujer decidida, creativa, leal y ambiciosa; chamana en proceso, publicista de carrera y música de corazón. Estoy en un trabajo continuo para conectar con mi espiritualidad, y en el reto constante de descubrir el equilibrio. Me encanta aprender, viajar, comer y platicar, porque para eso es la vida, ¿no? para disfrutarla.