Previsora

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Acostada, recorrí las paredes verde esmeralda, el pizarrón de corcho que tiene recuerdos de viajes a los cuales no tenía permiso de ir, tickets de autobús que tomé nada más para decir te quiero, gafetes del festival de cine, de prensa en eventos varios, nombres de autores que me interesan, regalos de viajes de personas que ya no me hablan, fotos de los perros que ya no están y así, llegué a la cortina de color trigo que mi mamá me hizo.

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Mi novio y yo queremos vivir juntos. Hemos hablado al respecto y consideramos que el siguiente año es pertinente. Las emociones van desde la alegría, el miedo a la incertidumbre, nostalgia y flojera. La flojera es porque voy a tener que lidiar con la reacción de mis padres, que me van a recordar que soy mujer, que no estoy casada y que soy hija de familia (lo que sea que eso signifique). 

El día de hoy, último día de canícula, mi novio me marcó a su hora de comida para decirme que una amiga suya conoce a alguien que renta un departamento en una zona tranquila y accesible de la ciudad a un precio razonable. ¡De pronto todo se ve tan cerca! Lo de ser previsora es una actitud que viene de parte de mis ambos padres, entonces me viene duplicado. Me quedé pensando en la futura mudanza todo el día mientras trabajaba en las fotos de relojes como lo haré el resto del mes, y hay tantas cosas que me preocupan. Subí a mi cuarto y me recosté en la cama. Recordé cuando mi familia y yo llegamos a esta casa hace ocho años. Éramos seis y dos perras, y ahora somos tres y 3 perros diferentes. El cambio de casa se sentía como un cambio de vida, de menor a mayor, aunque el pico de alegría haya durado tan poco… Era una etapa nueva y mi nueva habitación se sentía un lugar permanente. Acostada, recorrí las paredes verde esmeralda, el pizarrón de corcho que tiene recuerdos de viajes a los cuales no tenía permiso de ir, tickets de autobús que tomé nada más para decir te quiero, gafetes del festival de cine, de prensa en eventos varios, nombres de autores que me interesan, regalos de viajes de personas que ya no me hablan, fotos de los perros que ya no están y así, llegué a la cortina de color trigo que mi mamá me hizo. La luz del sol acariciaba levemente la delgada cortina y se hacía dorada y un aire suave apenas la levantaba. Las paredes antes eran azules, pero cuando despegué las 200 fotografías que coloqué con cinta tratando de descifrar lo que decían, se vino la pintura. Aquí, el eco de mi llanto resonó en la línea telefónica y un par de veces se inundó cuando entró agua por un contacto de la luz. Una de esas madrugadas hablaba por teléfono con quien ahora es mi novio, cuando apenas le estaba conociendo, y estaba tan enamorada, que con tal de no colgar, dejé que se inundara. Por acá pasaron todos mis perros y enterramos a una en el patio, la que murió en mis manos. Mi refugio ha sido ver el tiempo pasar por la ventana que filtra la luz dorada, con el neem batiéndose con cualquier brisa porque no lo plantamos lo suficientemente profundo, aunque ya mide más que la casa de dos pisos… Siento como si fuera a mudar de piel. Soy previsora, y mi nostalgia también.

Nancy González

Milenial introvertida con ávida actividad introspectiva que gusta de los paseos por la naturaleza y dormir mucho. De mirada nostálgica, egresó como Fotógrafa de la Facultad de Artes Visuales. Su sueño es hacerse una casita de adobe rodeada de muchos árboles y perritos.