,

¿Por qué AMLO no usa cubrebocas?

Por |

Me pregunto si la razón para no usarlo es un tema de salud, tal vez sea vanidad o incluso temor de evidenciar debilidad; pero más me intriga saber si Andrés Manuel entiende la señal incongruente que nos envía a la población al no seguir las mismas recomendaciones que la Secretaría de Salud sugiere para todos los mexicanos.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Desde el inicio de la pandemia en México, hubo confusión respecto al uso de cubrebocas como medida para protegernos del virus, pero desde finales de mayo, y ya en tránsito hacia la nueva normalidad, Hugo López-Gatell, sumó el uso de cubrebocas como medida auxiliar de las prácticas de higiene y sana distancia para evitar la propagación del virus.

Pese a esto, el accesorio no parece ser un requisito para las personas que acuden a las conferencias diarias de la Secretaría de Salud o a las del presidente Andrés Manuel López Obrador.  

Es probable que el cubrebocas no sea necesario en una conferencia de prensa en donde se puede mantener la sana distancia entre el primer mandatario y los reporteros. Pero los expertos y científicos —como el mismo AMLO los llama— recomiendan que sí es necesario usarlo cuando se está en contacto con mucha gente, como en una gira de trabajo. Pero seguimos sin verlo con uno.

El 13 de junio, Andrés Manuel presentó su “decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad”. Reconozco que sabe transmitir sus ideales, pero nos pide algo que él mismo no está haciendo y como líder, necesita mostrar ese comportamiento para convencernos.

Al inicio de este documento nos recuerda que ya hemos tenido tiempo suficiente para familiarizarnos con las recomendaciones médicas y las disposiciones sanitarias y que ahora es momento de ponerlas en práctica, pero él mismo se contradice. Leamos el punto número tres de este decálogo: «Demos la espalda al egoísmo y al individualismo y seamos solidarios y humanos.  Si tenemos más de lo que necesitamos, procuremos compartirlo. Nada produce más dicha que la práctica de la fraternidad.»

Si el cubrebocas es ya un auxiliar esencial para contener la expansión de la enfermedad, con el cual tenemos que aprender a vivir ya, el Presidente debe mostrarse solidario y humano, usándolo. Admito que no es cómodo, especialmente en los días cálidos y quisiera no tener que traerlo puesto, pero cuando recuerdo que el objetivo es impedir la propagación del virus, se me olvida la molestia y lo utilizo.

Otros presidentes que, desafiantes, tampoco lo usan, son Donald Trump y Jair Bolsonaro. El primero alegó que no se ajustaba al aspecto que debe ofrecer como líder mundial, pero tuvo que portarlo en una visita a una fábrica de Ford en Michigan en el mes de mayo. El segundo, quien ha negado la existencia del virus, será multado si se presenta en lugares públicos sin la mascarilla de acuerdo con el tribunal federal de Brasilia, donde desde marzo pasado es obligatorio su uso. ¿Tendríamos que tomar similares acciones contra nuestro gobernante?

Me pregunto si la razón para no usarlo es un tema de salud, tal vez sea vanidad o incluso temor de evidenciar debilidad; pero más me intriga saber si Andrés Manuel entiende la señal incongruente que nos envía a la población al no seguir las mismas recomendaciones que la Secretaría de Salud sugiere para todos los mexicanos.

El uso del cubrebocas tiene dos objetivos: no contagiar y no contagiarse. El no usarlo al convivir con otras personas es irresponsable y esta actitud por parte del primer mandatario no genera un ambiente transparente ni confianza en la nación. Si es su intención mejorar los estándares de vida de los mexicanos, debe empezar por mostrarse empático y que su equipo de trabajo haga lo mismo.

Los expertos en liderazgo reconocen que alguien que ocupe esta posición debe ser auténtico, firme, cálido y empático. Un líder no obtiene su autoridad de los conocimientos técnicos o por el tiempo en que desempeñe un cargo, si no por su capacidad para inspirar, apoyar y por la relación que crea con los que tiene a su alrededor. Esa es su chamba y el presidente López Obrador no la está haciendo. 

Fabiola Loya

Soy muy platicadora y me encanta la playa y la piña. Creo firmemente que todo se puede mejorar. Me gusta correr, leer, pintar, hacer zentangles y practicar yoga. Tengo la suerte de vivir con un adolescente. Una perrita y una gatita completan mi familia. Nací en Tampico y me gusta el clima tropical. A veces escribo para entender la realidad.