¿Por qué los hombres no le entramos al debate?

Por |

¿Acaso ser hombre implica limitarse a la exigencia de un mejor puesto o la obtención de más poder, en menosprecio de actividades que tengan que ver con el cuidado propio y el de otras personas, llámese familia, amistades, pareja o vecinos?

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

¿Hay un debate sobre el ejercicio de la masculinidad en nuestra ciudad?, ¿cómo afrontamos, los hombres, la violencia de género en todas sus expresiones?

Hace algunos años, reflexionando, mi terapeuta me recomendó leer un libro llamado “Solo para Hombres”. Es un libro corto, conciso, reflexivo y didáctico, su autor, Luis Valdez Castellanos S. J., narra su experiencia de confrontación personal con sus emociones, sus miedos en los diversos roles que juega, y sin quedar ahí, lanza un análisis del contexto social sobre los patrones y modelos que han determinado y siguen determinando nuestro actuar como hombres.

El libro citado habla, incluso, de un complejo de Hércules, por el cual un hombre nunca se rinde, no le teme al fracaso y teme verse vulnerable ante la otra persona.

Sabemos entonces que estamos bajo roles construidos como producto de creencias, conductas, actitudes que poco nos hemos sentado a discutir.  Por ejemplo, ¿cuántas manifestaciones públicas o en espacios de trabajo personal hemos realizado para trabajar en la prevención o erradicación de la violencia de género?, ¿acaso ser hombre implica limitarse a la exigencia de un mejor puesto o la obtención de más poder, en menosprecio de actividades que tengan que ver con el cuidado propio y el de otras personas, llámese familia, amistades, pareja o vecinos?

En una publicación de 2015, de la Secretaría Técnica del Ministerio de Educación Cultura y Deporte de España sobre Socialización Preventiva de la Violencia de Género, se identifican a tres modelos de masculinidad: Masculinidad Tradicional Dominante (MTD), Masculinidad Tradicional Oprimida (MTO) y las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM)”.

La publicación clasifica a las MTD y MTO, en sus relaciones afectivo-sexuales como las que no son, ni buscan ser igualitarios, y en el caso de la MTD se caracterizan por establecer relaciones basadas en el poder y la búsqueda de la dominación sobre mujeres y otros hombres. Esta masculinidad tiene como característica específica el ejercicio de la violencia psicológica, física y sexual en todas sus formas; y la MTO la clasifica como “hombres que no son agresivos, ni sexistas y que hacen labores domésticas y que, al mismo tiempo, carecen de atractivo, no suscitan deseo, y que también son oprimidos por los MTD”.

En este mismo contexto de clasificación, la alternativa que plantea el estudio se basa en identificar las actitudes de un NAM, quien además de buscar relaciones más igualitarias es capaz de enfrentar y denunciar actitudes negativas como racismo, sexismo, rechazo a la doble moral y combatir activamente la violencia de género.

El discurso social sobre feminismo está al día, se manifiesta, se transforma, se discute, pero considero que la discusión sobre el rol de la masculinidad aún está siendo reprimida y expectante de estos cambios.

Los esfuerzos por transformar nuestras relaciones, disminuir y denunciar la violencia sexista están aquí, de la mano de las publicaciones científicas, la literatura, las reuniones que están comenzando a suceder en nuestra misma ciudad para abrir el debate.

Es nuestra la responsabilidad de identificar de qué lado de la discusión queremos estar, de aquella que es empática y se solidariza o de la que se mantiene como espectador estático y solo quiere perpetuar su agonía.

Miguel Ángel Villarreal

Me dedico a la administración de proyectos de intervención social. Me gusta trabajar con grupos y he sido maestro. Quiero ser músico y psicólogo. Me gusta viajar y recorrer la naturaleza.