¡Plantemos cara o nos enterrarán!

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¿De veras te quedarás mirando?

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En medio de la pandemia, del cerco de muerte que poco a poco se estrecha, palidecen las noticias sobre muertes de otro tipo como el caso de los ciclistas: cuatro en tan solo una semana; además, una persona arrollada, por cierto, en la roja y larga lista de la Carretera Nacional.

Por un momento siquiera, pensemos en lo que motivaba a esas personas a salir a esta ciudad hostil: ¿un mandado?, ¿trabajar para llevar algo a su casa?, ¿bajar su ansiedad ante el encierro?… ¿No has experimentado tú, en las últimas 24 horas, esa misma motivación?

Imprudencia, falta de pericia; saltan los juicios, desde un periódico, desde un mullido sillón, desde una oficina gubernamental. ¿Qué importan las muertes hasta que no es la propia o la de alguien que amas?

Esta ciudad lleva años de resistirse a lo obvio: el asfalto en avanzada, como un herpes virulento, el aire irrespirable, la codicia desmedida de las inmobiliarias, nada de eso es progreso. Pero no queremos escuchar, ni queremos ver, ni queremos derramar una gota de sudor.

El río Santa Catarina, el pulmón de Parque Fundidora, los suburbios de la Carretera Nacional. Ejemplos sobran, el herpes avanza, quiere invadirte, quiere tu vida y quiere la mía; quiere los pulmones de tus hijos y de los míos; quiere tu futuro y el mío. ¿De veras te quedarás mirando?

Mientras una épica batalla por la salud de todos se lleva a cabo, mientras nos quedamos en casa contando camas, respiradores y muertos, la ciudad está siendo tomada. Los encargados por mandato de cuidar de nosotros, de regular por nosotros, de administrar por nosotros, sin nosotras y nosotros, están dejando salir sin decoro ni piedad su total falta de empatía, su incapacidad para aprender, su avaricia, su imposibilidad para reinventarse y ser esos y esas que podrían ser. Nos exigen paciencia, responsabilidad, madurez, y como moneda de cambio, nos ofrecen su voracidad.

La ciudad está tomada, y tú y yo no estamos haciendo nada al respecto, porque morimos de miedo, de calor, de angustia, de desánimo, de agobio por el futuro. Abrumados por nuestras angustias y duelos personales, nos apertrechamos, sin darnos cuenta de que la única manera de salvarnos es plantar cara, juntos.

Si quieres transitar esta ciudad sin morir en el intento, exijamos leyes, planes e infraestructura para poder hacerlo con seguridad. Si quieres pulmones que resistan los embates de los virus y de la contaminación, manifestémonos. Si eres mujer y quieres impulsar otra forma de organizar y detentar el poder, démosle continuidad al 8 y 9 de marzo y fuerza a las organizaciones que nos convocaron. Si tienes un restaurante, únete con tu gremio y exige a las empresas de entrega que las comisiones no te hagan desfallecer. Si quieres que tus hijos e hijas continúen sus estudios a través de un aprendizaje significativo aún a distancia, involúcrate con tu escuela y sus profesores, fórmate para no sumar tu ignorancia, a fin de lograrlo.

¿Quieres hacer algo con tu tristeza, tu impotencia o tu coraje?

¿No lo ves?, ¿no lo sientes? Hay un inmenso bosque de causas que retomar, regar y cuidar para que florezcan. Podemos particularizarlo al ámbito que sea. Lo único cierto es que los gritos aislados, en medio de tanto ruido, de tanta miseria, de tanta sordera, no se escuchan.

En Nueva York, a muchos kilómetros de distancia, hace unas semanas tuvo lugar un acto político del que tendríamos que aprender. El movimiento Black Lives Matter intervino la calle, frente a la Torre Trump. El alcalde Bill de Blasio de Nueva York, su esposa, Chirlane McCray y el reverendo Al Sharpton, se unieron a trabajadores y activistas para pintar las palabras Black Lives Matter en un claro mensaje al racista de mayor poder en el mundo y la foto circuló por todo el mundo.

¿Por qué no intervenir también nosotras y nosotros el espacio público para expresar que nuestra ciudad nos importa, que exigimos nuestro derecho a andarla a pie, en bici, en silla de ruedas, por ejemplo, a todo alrededor de la siempre asediada Fundidora? ¿porqué no plantar cada una, cada uno, árboles en donde quieren sembrarnos edificios?

La inercia nos empuja a actuar en solitario, a encerrarnos y cuidar de lo poco que sentimos que nos queda. Paradójicamente, la respuesta es justo la contraria. Si hemos de salir del confinamiento hagámoslo ya, articulados, y hagámoslo para algo que valga la pena.

Ariadna Ramírez Garagorri

Hasta hace no mucho me habría presentado a través de lo que hago profesionalmente y más en confianza, habría hecho referencia a mi rol de madre de dos adolescentes, a mis intereses y pasiones. Ahora intento, por un lado, cultivar el silencio y encontrar en él alguna novedad acerca de quién soy hoy, y por otro, retomar con cierto rubor mis quereres con la escritura.