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Piercings e impaciencia

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Mi mamá tomó la argolla, mi papá metió las pinzas, apretó, pero mi arete se estiró tanto que la parte encarnada del piercing empezó a sangrar.

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Me desperté como cualquier día, como siempre con el piercing un poco encarnado, pero como me vale madres, seguí como si nada. Me bañé, desayuné y me fui rápido a la prepa. Llegué y hasta ahí todo normal, tuve mis primeras cinco horas de clase, una de cálculo, una de orientación, dos de inglés y una de empresarial, todo de hueva si soy honesta.

Conversé un poco con mi profe de empresarial y tocamos el tema de mi piercing. Dijo que se le hacía extraño que no me hubieran regañado por eso, pero no le di importancia, ya que lo tengo desde el primer semestre.

Ese profe me echó la sal porque después del break, por distraída pasé por prefectura con mi cabello detrás de mi pequeña y perforada oreja, para escuchar: niña, ¡ven para acá! Por un momento pensé que me pediría un favor o solo me diría que tirara la barrita que traía en la mano, pero me equivoqué. 

Me dijo que estaba rompiendo una regla de la institución y que no podía permitir eso y no se qué, sinceramente, ni la escuché, yo nada más estaba pensando en que no por nada pagué para que me lo hicieran y después pagué para que me lo cambiaran, digo no es como que, cuando me lo quite, me vayan a regresar mi dinero. 

Ella seguía y seguía hablando y hablando para al final solo pedirme mi nombre y salón y la razón por la que me llamó la atención. Escribió en su pequeña libreta llena de nombres y grupos y cosas como: barba, polo, pants: Gina S. Pinal, mi grupo y piercing. Me dijo que al siguiente día fuera a firmar que me lo quité.

Llegué al salón y mis amigos de metiches me preguntaron qué me dijeron y yo solo dije, mi piercing y procedí a tratar de quitarlo bruscamente. Pero jamás me pasó por la mente: oye tienes un pedazo de acero inoxidable en la oreja ¿cómo te lo vas a quitar así nada más?, así que yo seguía jalando mi pequeña e inflamada oreja.

Después simplemente me harté y lo dejé olvidado, pero no sin contarle a mi mamá mi pequeña tragedia. Me dijo que no importaba, que solo me lo quitaban y al siguiente día firmaba y me compraba otro. Yo, toda ilusamente emocionada, celebrando un plan que luego no funcionó.

Traté de quitármelo yo, pero estaba tan inflamado que no pasaba por la abertura de la argolla. Le hablé por teléfono a mi mamá y le dije que tenía la oreja completamente roja y me dolía demasiado, y ella muy relajada nada más me dijo que me pusiera Microdacyn como siempre y yo en mi mente era como: sí, claro… a huevo, ya con esto se arreglará todo.

Más tarde, llegaron mis papás y mi oreja estaba ya desinflamada. Ninguno pudo abrir el piercing, así que los tres tuvimos la genial, brillante, excelente idea de quitarlo con pinzas para CABLES, no tengo idea de por qué los tres creímos que iba a funcionar, pero todos le teníamos fe a esas feas pinzas oxidadas y sin filo.

Mi mamá tomó la argolla, mi papá metió las pinzas, apretó, pero mi arete se estiró tanto que la parte encarnada del piercing empezó a sangrar. Ya se imaginarán como estaba yo berreando; mi papá disculpándose conmigo y mi mamá regañándome por pasar por prefectura. ¿Qué se puede esperar de tres personas un poco demasiado ¡mucho! impacientes que quieren la solución al instante?

En fin, lo único que aprendí de ese día fue que mi peor defecto es lo impaciente que soy ya que aun así, al siguiente día fui por otro arete, mi mamá se perforó igual que yo y mi papá también. Amo cómo hacen lo que no me volverían a dejar hacer.

Gina Pinal

De momento, Preparatoriana. Soy regia, pero todos somos migrantes, amo a mi familia y a mis mascotas. Mis amigos me dicen que soy perfeccionista y adicta a los tenis. Siempre preocupada por el medio ambiente.