Permiso para jugar

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¿Desde cuándo está pasando esto? Yo recuerdo la escuela primaria como el lugar de las risas y los juegos, ¡los empujones y las caídas! El cuerpo era el lienzo donde se contaba nuestra infancia, nuestra historia; cicatrices y cortadas hablaban de nuestras experiencias.

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Vivo cerca de una escuela primaria. En las mañanas, cuando voy rumbo al consultorio o a la facultad, paso por ahí y alcanzo a ver a los que van llegando apresurados, a quienes peinan en el carro o los que se detienen para abrocharles los zapatos, se despiden dándoles un abrazo, o que se quedan comprando taquitos o lonches con la señora que está en la esquina.

Cuando voy un poco tarde ya tocaron el timbre y están haciendo fila para entrar a los salones, alguna maestra está dando las últimas recomendaciones y palabras de aliento: “Nos espera una productiva mañana de trabajo” o les dice: “espero que hayan tenido un lindo fin de semana”.

Un día, sin embargo, escuché algo que me dejó impactada: “recuerden que el descanso es para tomar agua, platicar con los amigos y comer el lonche, no es para jugar”.

¡No es para jugar! Repetí en mi cabeza, ¿cómo es que no tienen permiso para jugar?

Pregunté a niños y a maestras que conozco y todos me dijeron que era cierto. Los niños, molestos porque no pueden jugar, las maestras aliviadas porque los niños no corren riesgos, los padres tranquilos porque sus hijos están bien.

¿Desde cuándo está pasando esto? Yo recuerdo la escuela primaria como el lugar de las risas y los juegos, ¡los empujones y las caídas!

El cuerpo era el lienzo donde se contaba nuestra infancia, nuestra historia; cicatrices y cortadas hablaban de nuestras experiencias.

Me explican que todo es por la seguridad y el bienestar de los niños, reviso el reglamento de disciplina escolar de septiembre de 2016 y no está prohibido jugar, es un derecho de los niños, de acuerdo con la Ley general de los derechos de niñas, niños y adolescentes.

Prohibir o limitar el juego en la escuela primaria tal vez sea otra forma de excesivo cuidado que se tiene hacia los niños en un mundo donde son atacados fuera de los centros de estudio. No pueden jugar en la escuela, no hay plazas públicas, tampoco hay seguridad en las calles. No hay lugar donde se pueda jugar. ¿Qué riesgos hay al no permitirles esta actividad? ¿Buscamos que no tengan riesgos? ¿Se puede vivir sin riesgo?

¿Qué pasa con el cuerpo cuando no se le permite jugar? ¿Qué sucede con la infancia?

Cuando se juega con el cuerpo uno se arriesga, conoce sus fuerzas y sus límites, entiende donde empieza el cuerpo del otro y hasta dónde arriesgar.

En Gran Bretaña están cambiando de tratar de eliminar riesgos a exponer a los niños a riesgos limitados por considerarlos esenciales para su desarrollo infantil e importantes para desarrollar fortaleza y valentía. Buscan una infancia libre y natural, con niños fuertes y autosuficientes.

Los investigadores consideran que exponer a los niños a riesgos moderados les ayudará a sobrevivir ante una crisis, y si despliegan esas habilidades en la infancia podrán aplicarlas de adultos.

Pero también reconocen que toda estos cambios se pierden cuando hay un accidente en el que un niño queda herido o fallece, sus estadísticas indican que una muerte en campo de juego ocurre cada 3 o 4 años.

Y, ¿en México? Según el Secretariado Técnico del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, éstos son la primera causa de muerte en niños, los que ocurren en la escuela solo representan un 1.54 por ciento, en comparación al hogar, en donde estas tragedias suceden en un 25 por ciento.

Ante estos datos podemos pensar que no es el riesgo real lo que limita el juego en las escuelas, parece ser la comodidad del adulto: maestros que no batallan con niños inquietos y sudorosos, padres que no tienen que salir de sus trabajos.

Primero los niños jugaban en espacios abiertos, luego los espacios se limitaron con vallas que hacían pensar en una cárcel y, actualmente, llegamos a la prohibición de jugar.

El juego es el territorio de la infancia, si se lo quitamos y limitamos sus derechos debemos preguntarnos qué adultos vamos a construir y qué tipo de ciudadanos estamos formando.

Si el juego es un derecho de los niños, no tienen que pedir permiso para jugar.

Martha Patricia Zavala

Soy maestra en la facultad de psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Estudié la licenciatura en psicología, maestría en psicología clínica y especialidad en psicoterapia psicoanalítica. Me dedico a la docencia y a la clínica psicoanalítica con niños, adolescentes y adultos. Me gusta el cine y la literatura.