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Penurias pandémicas de un restaurantero

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L rentó una vieja casona en el barrio antiguo para convertirla en restaurante. Le llevó ocho meses conseguir el permiso de uso del suelo, y luego, otros siete meses para obtener el permiso que posibilita a los clientes tomarse una cerveza con la comida: el famoso permiso de alcoholes. L se hizo famoso y bien conocido en las instancias municipales. Después de dos o tres semanas de ir y sentarse a salas de espera, con su mandil y un libro, era imposible no reconocerlo.

Permisos en mano empezó a trabajar y gracias, entre otras cosas, al buen manejo de redes sociales, el restaurante empezó a consolidarse… hasta que llegó la pandemia.

Se sabe que la actividad turística, a nivel mundial, cayó un 98 por ciento en el mes de mayo y en México, el sector turismo y servicios ha sufrido la peor crisis desde la segunda guerra mundial. Se estima que se han puesto en riesgo hasta 500 mil empresas del sector y que se ha perdido, cuando menos, el 25 por ciento de los empleos relacionados; un millón aproximadamente.

Pero bueno, los números gruesos podrían no significar nada para muchos, pero tienen nombre y rostro. Basta decir que, al mes de agosto, en Monterrey, se habla del cierre de cuando menos 5 mil restaurantes en forma definitiva. En torno a cada establecimiento, superviviente o no, hay historias, penurias y solidaridad.

El restaurante de L sobrevive, por ahora, a pesar de las barreras burocráticas iniciales y de las “plagas” sobrepuestas a la de la pandemia: el cierre total y luego el cierre de fin de semana.

Por meses ha habido obras, que dificultan el acceso, en las calles adyacentes; el portal del IMSS se cayó y por lo tanto cumplir obligaciones patronales, por algunos días, se convirtió en algo así como carrera contra el destino; el sistema de pago con tarjeta también se cayó por varios días y, de pronto, como la visita del ángel de la muerte de las diez plagas bíblicas, la energía falló totalmente o presentó importantes caídas e intermitencias por dos o tres semanas en el sector en donde está ubicado.

¿Cómo ha sobrevivido el restaurante de L? Pues entre otras cosas por la preferencia de sus clientes, seguro les gusta la relación precio/producto; pero también por la capacidad de reinventarse y promover y mantener un programa de alimentos para personal médico por casi ocho semanas, el servicio a domicilio, el buen manejo de redes sociales, el lanzamiento de colaboración con otro tipo de cocina y la solidaridad de una tienda de conveniencia cercana, más bien de alguno de los empleados de la tienda de conveniencia que, durante el periodo sin energía, le permitió guardar sus perecederos en sus refrigeradores y, a la expectativa de que los pasivos de este periodo puedan ser solventados, rápidamente, en la reapertura.

Es seguro que como esta historia hay muchas, e incluso otras más “locas” y llamativas. Entre esas historias llamativas está la de C que, en plena pandemia, es decir en plena debacle del sector de servicios y turismo, se le “ocurrió” abrir una cafetería.

Cuando me lo contó no lo dije, pero lo pensé: ¿estás loco? o ¿eres suicida? Pero todo tiene una explicación e historia de vida. C perdió su trabajo en los meses previos a la pandemia y con la liquidación desarrolló el proyecto de la cafetería, así que no es loco ni suicida, simple y llanamente la pandemia lo tomó en un momento muy avanzado del proceso y, con mucha enjundia y optimismo, hubo que enfrentarlo.

¿De qué se queja C? Solo de lo costosos que resultan algunos trámites municipales, los de protección civil, que cuestan 4 o 5 veces más que las ventas de su primer mes y que, salvo la “certificación”, podrían costar un 25 por ciento de lo que pagó. Más allá de eso, me asombra el valor y el optimismo de C. Igual que L, C espera con ansias que el proceso de reapertura se reinicie y tome ritmo.

Pregunta obligada: ¿y qué han hecho los actores del sector público local? Salvo una gran actividad en redes sociales y medios de comunicación, poco o nada. L y C se miran, sonríen, se ajustan el mandil y dicen al siguiente cliente: – ¿en qué le puedo ayudar? -.

Moisés López Cantú

Tiene una formación diversa: ingeniería, ciencias, política pública y diversos cursos ejecutivos en temas de evaluación de proyectos, regulación económica, medio ambiente y planeación de ciudades. Su experiencia es basta, más de 30 años de vida profesional en 8 países y una diversidad de proyectos que lo han llevado de la ingeniería a las ciencias sociales.