Pederastia clerical: ¿dónde está la voz de los feligreses?

Si bien la iglesia es una empresa, una institución, también está formada por los feligreses y son ellos quienes le dan vida y poder a la congregación y por ende a sus párrocos.

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Hace algunos días, me encontré con la abominable noticia de que, según la organización de supervivientes al abuso clerical ECA Global, existen casi 100 mil víctimas de la pederastia por parte de sacerdotes, reconocidas en todo el mundo. Incluyendo nuestro país.

Ante tal acontecimiento, confieso, me sentí asqueado y mi inmediata reacción fue compartir mediante mis redes sociales esa nota. Imaginé que a todos mis contactos les importaría la noticia de que una institución tan grande como la iglesia católica tenga tantas víctimas; llegué a pensar incluso, que esto podría estar pasando a pocos kilómetros de mi casa. Mi experiencia al compartir la nota, e incluso al ver los comentarios en la publicación misma de elnorte.com y en sus redes sociales, fue que el grito de demanda se emitió mayoritariamente por personas no religiosas, desde mi punto de vista. Comentarios como: “¡Desgraciados! ¡Por eso siempre he pensado que la Iglesia es un mugrero!”, “Salven a sus niños por favor, están enfermos los curas. La mayoría.”, “Asco de iglesia”, entre otros con menos piedad en su vocabulario, fueron los que leí.

Pero, ¿dónde está la denuncia de los feligreses? La voz de las redes sociales cada vez resuena más fuerte e influye como una nube de indignación o aprobación ante temas que nos incumben en mayoría.

Podemos culpar a la jerarquía católica de solapar a sus sacerdotes pederastas, responsabilizar al gobierno por no castigar dichos abusos; pero no solo cuentan con esos blindajes, existe una burbuja social que los cubre, los camufla y descaradamente los dibuja como seres ejemplares. Esa burbuja la crean los mismos creyentes, quienes inmersos en su religión, admiran y respetan a los sacerdotes, tal cual el niño al adulto. Precaución e incluso miedo existe en la sociedad católica de denunciar tales hechos. En las mismas conversaciones y redes sociales veo que algunos entran y salen de inmediato del debate con el ocioso, cobarde y mezquino comentario de “que dios los perdone”. Empoderados por su figura moral y regidos por sus leyes divinas que no son las mismas de los países laicos, como es México; estos perversos caminan por las calles, se mezclan en reuniones junto a nosotros y a nuestros niños.

Esa burbuja moral que formamos los seres quienes bajo un sentimiento parecido de pertenencia a la empresa, nos ponemos la camiseta y evitamos opinar, no se diga denunciar tales acontecimientos, es lo que da tranquilidad y certeza de impunidad moral a los pederastas.

En La diócesis de Lafayette en Indiana, EUA existe un protocolo para todo el personal de la diócesis, incluidos sacerdotes y voluntarios. Este protocolo incluye una evaluación, investigación y capacitación del personal antes y durante su periodo de servicio. Algunos de los temas que se tratan son: los límites adecuados y las prohibiciones definidas para los ministros en cuanto al contacto con los menores, signos y síntomas del abuso sexual en los menores, comunicaciones por internet con menores de edad, políticas y medidas de seguridad, entre otros. Este es un ejemplo solamente de las iniciativas que pueden impulsar los mismos congregantes en sus comunidades.

No es una cuestión de confrontación entre ateos y religiosos, no es una discusión de debate entre creencias, no estamos hablando de quien tiene la verdad en su espiritualidad. Estamos hablando de vidas humanas frustradas por actos monstruosos que están, y debemos entenderlo, pasando en todos los ámbitos. Si bien la iglesia es una empresa, una institución, también está formada por los feligreses y son ellos quienes le dan vida y poder a la congregación y por ende a sus párrocos.

Lo mejor sería, no tanto recelar de la empresa y dejar de apoyarla, pero por lo menos tener conciencia de dónde depositamos nuestra confianza; saber qué tipo de personas son las que guían nuestras vidas, saber a quiénes le besan la mano nuestros niños en el templo.

Miguel Bretón

Licenciado en Psicología. Ha sido docente de materias humanistas, creador de una radio web y de un grupo de expresión llamado Puntos Suspensivos. Se considera rockero de nacimiento, agnóstico y un constante cazador de preguntas, siempre insatisfecho con las respuestas.

3 comentarios en “Pederastia clerical: ¿dónde está la voz de los feligreses?

  1. Excelente punto de vista.
    Los feligreses deben recordar que la Iglesia está formada precisamente por ellos, no por los curas. Los templos son para uso de los feligreses en su comunión con Dios, no son dominio del sacerdote.
    Sin embargo, cuando el feligres no toma parte en esa función, cede en su responsabilidad.

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