Paseo sabatino

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Toda aprensiva, les digo que voy por una silla de ruedas, que la llevemos hacia la tienda a lo fresco y que llamemos al 911. Pero la mujer se comunica coherentemente, su plática es fluida y le pide a Maricruz que mejor la lleve a su casa, que no está lejos. Nos ponemos en marcha, nosotros las seguíamos a poca distancia.

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La sonrisa y las carcajadas cesaron al instante cuando vimos que no se movía. Sentada al volante de su camioneta pick up, tenía la cabeza inclinada hacia el lado derecho. La puerta del conductor estaba abierta totalmente.

El primero en verla fue Neza, e hizo un comentario chusco. Miren, ya la encontré, ni batallé tanto. Con la cabeza nos indica para donde voltear. Nosotras, alegremente soltamos la carcajada. 

Estamos en el estacionamiento de un Walmart, acabamos de bajar de nuestra camioneta y vamos comentando que sería conveniente que Neza y Linda se buscaran unos gringos adinerados, de edad avanzada, dispuestos a firmar los papeles al momento de la unión legal y les cedieran alguna casita, algún dinerito, cosas de esas, ya saben, sin mucha importancia.

En esas estamos, caminando por entre los carros estacionados, cuando nos encontramos con la escena antes mencionada.

Aquella mujer, de 80 años aproximadamente, tenía el celular en la mano, lucía muy pálida y sudaba copiosamente. Mientras nos acercamos lentamente, le preguntamos si necesita ayuda. Como un susurro nos informa que su médico no le contesta, que a sus hijos no los quiere molestar y que su esposo es más anciano que ella.

Toda aprensiva, les digo que voy por una silla de ruedas, que la llevemos hacia la tienda a lo fresco y que llamemos al 911. Pero la mujer se comunica coherentemente, su plática es fluida y le pide a Maricruz que mejor la lleve a su casa, que no está lejos. Nos ponemos en marcha, nosotros las seguíamos a poca distancia.

La casa de la mujer no estaba tan cerca, pero sí en un lugar muy exclusivo. Neza se ofreció a bajar la despensa de la mujer y los tres desaparecieron al fondo del garaje. Tardaron 20 minutos en salir y para quienes nos quedamos afuera, aquello fue una eternidad.

Y es que la situación para los hispanos en este lugar es difícil. No tanto por parte de las autoridades, la discriminación más marcada es con los residentes. Ante la tardanza me imaginaba algunos escenarios de terror. ¡Algo les hicieron! Pensaba para mis adentros, porque no quería asustar a Karla. ¡Tan brutos nosotros, caímos en una trampa! Así con mis pensamientos. 

Por fin aparecieron, también la señora, que no paraba de hablar. Todo parece indicar que vive sola, con enfermedades propias de la edad y con una enorme necesidad de ser escuchada.

Nos fuimos de ahí comentando lo sucedido, ellos contándonos sus impresiones de la casa de la mujer. Al parecer vive sola y con un montón de recuerdos y fotos. Perdón, la acompaña un gato gordo, gordo. Regresamos al Walmart por nuestras cervezas y enfilamos al parque donde pasaríamos la tarde. Nos metimos al lago a nadar un poco y comimos ricos sandwichitos. 

Mientras observaba a mis amigos interactuar entre risas y bromas, no pude evitar pensar en la señora, estas actividades ya no están a su alcance, como muchas otras. Ir por su despensa a una tienda grande representa un riesgo. Pensaba en lo afortunada que fue al ser nosotros quienes la encontramos y auxiliamos. Pensaba en el futuro, mi futuro, nuestro futuro. Pensaba en mi familia, mi hija y nietos, en lo importante que son las redes de amigos a esta edad. Pensaba en ustedes, mis amigos y amigas de México.

Vicky Ponce

Psicóloga, amante de la naturaleza y los deportes, me dedico a contemplar la vida desde mi jubilación hace 18 años.  Activista de los derechos de la comunidad LGBTTTI, fui co-fundadora de la primera A. C. Lésbica en el estado. Disfruto rabiosamente a mi familia y soy taxista. Encantada de mi existencia.