Papa, soy gay: la difícil tarea de desaprender

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Como padre perteneciente a la Generación X, creo importante compartir mi experiencia del qué hacer al momento en el que piensas o te enteras de que tu hijo o hija es homosexual. Como verás mis observaciones no son para que los hijos hagan algún cambio, son temas de nosotros, en donde debemos aplicar la habilidad que hemos adquirido de desaprender y reaprender. 

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Soy de la llamada Generación X, somos los nacidos entre principios de los sesenta hasta finales de los setenta. Quizás somos la generación que ha sufrido los cambios más drásticos en la historia de la humanidad; económicos, tecnológicos, de comunicación, políticos, sociales y hasta geográficos. Pareciera que a partir de esta generación la dinámica del cambio, cambió y ha sido tan vertiginosa que difícilmente hemos podido adaptarnos y menos anticiparnos. Somos la generación que nació con los televisores en blanco y negro, solo con tres canales y no más de 10 horas de programación diarias. Somos la generación con padres casados “hasta que la muerte los separe”, en donde la homosexualidad “no existía” y el concepto “cambio climático” no se conocía; fuimos la última generación unplugged que nació sin internet y sin celulares.

A diferencia de las generaciones posteriores, somos una generación que, ante el dinamismo de los cambios, tiene que aprender a desaprender y reaprender todo el tiempo. Y créanme… no ha sido fácil.

Ejemplo de ello es la posición de nuestra generación ante las preferencias no heterosexuales. Las generaciones anteriores a la nuestra no tuvieron este problema, cualquier tipo de preferencia no heterosexual era condenada, rechazada e inclusive castigada. Estas generaciones nacieron y murieron con estos preceptos. Nosotros no, sin emitir juicios, hemos transitado del rechazo, a la tolerancia, a la aceptación, al respeto y en algunos casos hasta la lucha por sus derechos.

Y en ese maremoto interminable de cambios, muy diferente a la vida que llevaron nuestros padres, llega tu hijo y te dice: papá, soy gay. No es que no lo sospechara, pero tiene 27 años y nunca hablamos al respecto, quizás por miedo, inseguridad o ignorancia de mi parte, quizás por mantener una expectativa que todavía nuestra generación tenía con los hijos: será heterosexual se casará con una mujer y tendrá hijos, por ello será feliz, porque no hay otro modo de serlo.

Lo confieso, la confidencia tardía de mi hijo me dio oportunidad de desaprender y reaprender, y entender que las palabras tolerancia, respeto y aceptación no eran suficientes. No porque no las mereciera, sino porque esas mismas palabras las merecen mis otros hijos y no tendría por qué ser diferente con él por su preferencia sexual. Las palabras clave fueron empatía, amor y fortaleza, pero no en él, sino en mí. Porque ahora era yo el que debería cambiar viendo el mundo con sus ojos, por amor y con la fortaleza necesaria para luchar en contra de la discriminación.

Como padre perteneciente a la Generación X, creo importante compartir mi experiencia del qué hacer al momento en el que piensas o te enteras de que tu hijo o hija es homosexual. Como verás mis observaciones no son para que los hijos hagan algún cambio, son temas de nosotros, en donde debemos aplicar la habilidad que hemos adquirido de desaprender y reaprender. 

– De seguro tu hijo es un hombre o mujer de bien, su preferencia sexual no cambia en nada su esencia. Sigue siendo el mismo, en ellos nada ha cambiado. Más bien, tenemos que pensar que ha cambiado en nosotros. 

– No tienes que aceptar a tu hijo por ser homosexual, lo aceptas porque es tu hijo. Su preferencia sexual quizás afecte tus expectativas o incomode a la sociedad, pero esos no son problemas de él. 

– Es importante reconocer que tenemos mucho que aprender y más que cambiar, la misma dinámica de cambio nos presenta una sociedad con capacidad de ser más justa e igualitaria, y no solo debes de ser parte de ella, somos responsables de promover ese cambio desde el seno mismo de la familia. En donde tu hijo encontrará la fortaleza para luchar contra la adversidad de la discriminación.

– No dejes pasar el tiempo, yo dejé solo a mi hijo más de 10 años, en su confusión, rechazo y miedo. Aborda el tema con empatía, amor y fortaleza, no temas equivocarte, la peor equivocación es no hacerlo.

– Por último, bienvenido al lado de los discriminados. Es muy probable que compañeros, familiares y amigos no entiendan tu posición de aceptación y menos todavía de orgullo hacia tu hijo. No te preocupes, el problema es de ellos, no tuyo. Tu solo sé congruente en tu pensar y actuar, con él y con todas las personas que son diferentes por cualquier motivo y que por lo mismo son discriminadas.

En nuestra familia, nuestro hijo ha sido un factor de cambio, más bien de una evolución que nos ha convertido en promotores del principio igualdad en nuestra comunidad.  Hemos tenido que construir, porque nadie nos la enseñó, una narrativa de convivencia y acciones para predicar con el ejemplo; no ha sido fácil hacerlo en una sociedad sin tolerancia a lo no heterosexual. Comparto aquí una frase que como padres tenemos que asumir en la lucha en contra de la discriminación: Si no lo hacemos nosotros, ¿quiénes?, Si no lo hacemos ahora ¿cuándo?

Javier Potes

Chilango de nacimiento, regiomontano por convicción, colombiano de sangre y cuentero por vocación. Amante de la disrupcion y los imposibles, creyente del poder de la participación y de la responsabilidad social. Dedicado a mi familia y a mejorar el sistema de salud en México.