Pagar por trabajar

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Perdón, pero yo no voy quitar el dedo del renglón. El asunto de las guarderías es vital. Pregunten si no lo es, a una mamá que de un día para otro se queda sin la posibilidad de trabajar porque no tiene dónde dejar a sus hijos. Esa realidad es tan desquiciante como lo sería para un varón quedarse sin trabajo, o sin clientes, o sin un cuerpo que le responda y le permita ser productivo.

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Llevaba varias semanas siguiendo el tema de las guarderías subrogadas, tratando de formarme un criterio. Que si de nueva cuenta el gobierno de AMLO se había precipitado tomando decisiones sin medir las consecuencias; que si los niños fantasma y los negocios en lo oscurito; que si es mejor o peor para los niños que las madres y los padres decidan qué hacer con una subvención de 800 pesos mensuales; que si mejor se lo damos a los abuelos, para que vivan aún más felices en esta plateada etapa de la vida y que si ellos son o no los mejores candidatos para estimular el desarrollo de nuestra niñez.

Se dejó de hablar de ello porque ya estaba en la mesa otro tema que comentar, otro asunto por el cual protestar, otra causa que defender… Todo lo vi ajeno a mi, hasta que me reconocí en la angustia y en el enojo de quien quiere y necesita trabajar y quiere y necesita hacerlo con la tranquilidad de que sus hijos están bien cuidados mientras lleva el sustento a la mesa. Todo lo vi ajeno a mi hasta que caí en cuenta de que la mitad de mi sueldo, ¡sí, la mitad!, la destino al cuidado de mis hijos.

Perdón, pero yo no voy quitar el dedo del renglón. El asunto de las guarderías es vital. Pregunten si no lo es, a una mamá que de un día para otro se queda sin la posibilidad de trabajar porque no tiene dónde dejar a sus hijos. Esa realidad es tan desquiciante como lo sería para un varón quedarse sin trabajo, o sin clientes, o sin un cuerpo que le responda y le permita ser productivo.

Pago por trabajar en un país donde el porcentaje de mujeres que somos cabezas de familia oscila entre 20.8 por ciento en Nuevo León y 37.8 por ciento en la Ciudad de México. Pago por trabajar en un país donde es prácticamente impensable el concepto de estancias de día para los abuelos -sí, también hay que cuidar a los abuelos- y para niños y jóvenes con necesidades especiales, que también existen y requieren cuidados y estimulación aún más específicos.

Pago por trabajar en un país donde las oportunidades tienen testosterona y la paridad salarial es en el mejor de los casos un sueño guajiro, y en el peor, un argumento peligroso, aún y cuando las cifras son claras; porque por un trabajo similar a las mujeres nos pagan hasta un 34.2 por ciento menos.

Y a ver, qué, ¿los hombres no pagan por trabajar? Pues no, porque el cuidado de los hijos sigue siendo, equivocada y mañosamente, un tema que se posa en el regazo materno… y bueno, ya llegó el 10 de mayo para recordárnoslo.

Marcela Lagarde, la reconocida feminista que ha trabajado por los derechos de las mujeres mexicanas afirma: “En el siglo XXI ha de cambiar el sentido del cuidado… se trata de maternizar a la sociedad y desmaternizar a las mujeres. Pero ese cambio no significará casi nada si no se apoya en la transformación política más profunda: la eliminación de los poderes de dominio de los hombres sobre las mujeres y de la violencia de género, así como de la subordinación de las mujeres a los hombres y a las instituciones”. 

Maternizar las leyes y las instituciones tiene que ver con hacerlas solidarias. El cuidado de nuestros niños, población con discapacidad y de los adultos mayores no es cosa de mujeres, nos compete a todos por igual. Por ese rasero deberíamos pasar las leyes que protegen el derecho al cuidado, a la educación, la salud, la vida en familia y todo lo que se refiera a impulsar el bienestar y el desarrollo de los más jóvenes entre nosotros.

Además, pensar que otorgando una cantidad bimestral directamente a los padres y las madres no significa ni  que estemos fortaleciendo ese andamiaje de cuidadores que debe remunerarse decorosamente, profesionalizarse y mantenerse actualizado; ni que ese recurso llegue en efecto a sus hijos e hijas. Conozco de primera mano el caso de un padre que gestionó la beca ante la Secretaría del Bienestar supuestamente para su hijo con discapacidad, y ese recurso todavía es fecha que no ha llegado al beneficiario. ¿Cuántos habrá como él? 

El gobierno no debió entrar dando palos al trabajo organizado que sí existe. No hay razón para mandar la misma señal a las estancias corruptas que a quienes están dando un buen servicio y obteniendo por ello los medios necesarios para seguir otorgándolo. A esas instituciones debiera no solo dárseles continuidad, sino apoyarles para que puedan hacerlo mejor. Ponerlo en crisis es ponernos en crisis a todas, y por tanto, a todos. 

Ariadna Ramírez Garagorri

Hasta hace no mucho me habría presentado a través de lo que hago profesionalmente y más en confianza, habría hecho referencia a mi rol de madre de dos adolescentes, a mis intereses y pasiones. Ahora intento, por un lado, cultivar el silencio y encontrar en él alguna novedad acerca de quién soy hoy, y por otro, retomar con cierto rubor mis quereres con la escritura.