Otros nosotros

Más allá de las acciones u omisiones específicas, los miembros de la comunidad Tec, denuncian lo que constituye quizá el peor lastre de este centro educativo: el silencio como política institucional. En el Tec le apostamos al olvido como remedio para cada nueva tragedia que vivimos.

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Me resistí lo más que pude antes de ver el documental “Hasta los dientes”, porque trabajo en el Tec de Monterrey. No iba, en primer lugar, porque en mis tiempos libres no me queda ánimo para preocuparme por temas laborales. No lo veía tampoco porque, equivocadamente, imaginaba que este documental se sumaría a las posturas de las huestes de opinólogos virtuales que convierten los errores ajenos en el sustento de su dignidad moral. Y -admito- tampoco quería verlo, porque tras haber sido estudiante de prepa y carrera, alumno becado en posgrado, egresado, profesor de cátedra y ahora empleado de planta, he tenido tantas experiencias positivas en mi universidad que he desarrollado por ella un amor que no me permite ser insensible ante las críticas. A mí no me molesta, me duele cuando alguien habla mal del Tec, porque soy parte de él, porque el Tec también soy yo.

Por fin, me decidí a verla, con el mismo entusiasmo de quien se pone una vacuna. Quedé impactado por el excelente trabajo documental que hicieron los realizadores: una investigación seria, minuciosa y sensible. La crítica a las instituciones fue aguda, pero no maniquea. El retrato del dolor de las víctimas, siempre empático, respetuoso. Sin embargo, lo que más removió mi consciencia fue la entrevista realizada a exalumnos del Tec. Porque fueron ellos, quienes realizaron el señalamiento más claro y directo a la institución. Más allá de las acciones u omisiones específicas, los miembros de la comunidad Tec, denuncian lo que constituye quizá el peor lastre de este centro educativo: el silencio como política institucional. En el Tec le apostamos al olvido como remedio para cada nueva tragedia que vivimos.

Me atrevo a decir que esta política no es privativa del Tec. En general, el método de solución que adoptamos las instituciones educativas ante cada tragedia humana, pareciera reducirse al del alumno adolescente que no hizo su tarea: voltear la mirada y callarse. Tratamos con la muerte de estudiantes, como si fuera un escándalo que hubiera que apaciguar.

Recientemente tuvimos una muestra más. Jakob, alumno de la Prepa Valle Alto, se dio un tiro en uno de los baños del plantel el 10 de septiembre (Día Internacional de Prevención del Suicidio). Personalmente, me consta que hay un esfuerzo institucional por concientizar a la comunidad educativa y prevenir el suicidio. Sin embargo, tras el caso, me llamó la atención que en los medios oficiales del Tec tuvimos apenas un escueto seguimiento a un caso tan grave. Otra vez, el silencio institucional.

Me duele ver que, a pesar de nuestras cada vez más frecuentes tragedias, en el Tec seguimos cometiendo el error que caracteriza a todas las instituciones educativas: convertir el éxito no solo en el discurso fundante, sino en el discurso hegemónico. Todo lo que no sea éxito se calla, pues no tiene cabida en el discurso institucional. Lo que en los individuos consideraríamos vil pedantería, es el fundamento de nuestra comunicación oficial.

Pero de manera paralela, hay una realidad que desborda al silencio oficial. Una realidad que, a gritos, nos ruega admitir que en nuestra casa y con los nuestros hemos cometido errores, omisiones, injusticias, que hemos padecido inexperiencia, falta de sensibilidad, torpeza de reacción e incapacidad para manejar las situaciones no previstas en nuestra agenda meritocrática. El día que escuchemos esta realidad, el discurso de esos otros nosotros (o como diría Juan Ramón Jiménez, esa “inmensa minoría”), tal vez logremos convertirnos en una institución que – para variar- esté dispuesta a aprender. En el marco del 75 aniversario de nuestra alma mater, el mensaje de los alumnos entrevistados en Hasta los dientes, me parece un buen punto de partida para reflexionar: ¿cuál es el Tec que queremos?  En mi caso, quiero una institución que, por encima del éxito, el mérito personal y el valor de la marca, defienda la dignidad humana.

Rafael García

Monterrey, N. L. en 1982. Doctor en Humanidades con especialidad en Literatura por el Tecnológico de Monterrey. Promotor de lectura, profesor y ganadero

5 comentarios en “Otros nosotros

  1. Excelente columna. Trasciende de lo institucional a lo individual, familiar y como sociedad ,abandonar esa política de silencio y encubrimiento. Muy atinada y sensible. Felicidades!

  2. Gracias Rafael, trabaje 25 años en el TEC y lo quiero mucho. Me pidieron que renunciara y me trataron con algonde desprecio a mi salida. El 3 de septiembre los exalumnos me dieron el reconocimiento como uno de los mejores 300 profesores de casi 9 mil que ha tenido el TEC Campus Monterrey “Profesor que Deja Huella”

    Tu columna es valiente, clara y contundente. AGRADEZCO que la hayas hecho.

    Insisto quiero al TEC y me duelen las cosas que suceden en su interior, en los últimos 3 años ha habido 3 suicidios, me parece que escuchar a los estudiantes es fundamental.

    Saludos

  3. Bravo… ser autocríticos es admirable y más por el proceso que se debió vivir antes de emitir su crítica… aceptar, reconocerse y reinventarse… enhorabuena Dr. García.

  4. Yo también soy exatec, egresada campus Mty, amo a la institución, y aplaudo tu artículo. ¿es el tec que queremos? quiero pedirte que consideres la tragedia en tec CCM, ¡hubo personas muertas!, y a la fecha no hay un responsable de algo que se sabia estaba mal. Esos puentes, esas estructuras sabían que se caerían en un temblor. Yo personalmente vi los letreros que decían “no permanecer en caso de sismo” ¡pero si la ciudad de México es una zona sísmica en qué cabeza cupo! no escondamos la cabeza ante la tragedia y sigamos los principios de honestidad que nos inculcaron. ¿quién no hizo bien su labor? tener una escuela nos solo en lo académico si no en la estructura de excelencia.

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