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Otro destino para la ciclista

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¡Vamos a rodar por una nieve! sin pensarlo dos veces me respondió: Jalo. Yo pasaría a su casa en la colonia Cumbres y de ahí partiríamos juntas.

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Karina era una ciclista experta y competente, muy precavida: cargaba siempre con su botiquín de emergencias, agua, sueros y herramientas para reparar su bicicleta. Cuando rodábamos juntas, si alguna sufría un raspón, perdía aire en una llanta o tenía algún otro problema técnico, podía sentirme segura de que Kari tendría en su alforja la herramienta adecuada para resolver el problema. Rodar siempre implica un riesgo, por eso voy preparada. Es autocuidado. – decía.

Kari era mi amiga y la última vez que la vi fue rodando. El encierro de la cuarentena estaba haciendo estragos en mi estado de ánimo y dadas las recomendaciones de salud (vigentes en esa semana), donde se sugería que hacer deporte al aire libre en tiempos pandémicos era más beneficioso que dañino, decidí marcarle a mi amiga ciclista. ¡Vamos a rodar por una nieve! sin pensarlo dos veces me respondió: Jalo. Yo pasaría a su casa en la colonia Cumbres y de ahí partiríamos juntas.

Cualquier persona que haya intentado rodar o caminar por Cumbres sabe que la zona es un territorio hostil para ciclistas y peatones. Calles con pendientes pronunciadas: extremadamente difíciles de transitar. A esto se suma la presencia de una autopista en medio de la ciudad, donde los automovilistas parecen olvidar que se encuentran dirigiendo máquinas gigantes con la capacidad de matar. Ahí vivía Kari, esa era su ruta y la bicicleta, su único medio de transporte.

Como desde el primer día que me aventuré en el ciclismo urbano, ella fue mi guía. Entonces experimenté en carne propia la sensación de peligro y vulnerabilidad que se siente al intentar siquiera cruzar una calle en dicha colonia. ¿Cuándo se detendrían esos autos furiosos que bajaban por la avenida Rangel Frías? ¿Cómo pasaríamos?

El día de nuestro paseo, el miedo me dominó y de ninguna manera me atreví a realizar ese tramo en bicicleta. Me bajé y crucé caminando, muy peligroso también, pero no tuve otra opción. Es sumamente común que se hable de las imprudencias del ciclista, pocas veces se habla de cómo la ciudad te obliga a ser imprudente. Detrás de muchas decisiones de ciclistas y peatones consideradas imprudentes, se encuentra un monstruo de concreto que te devora sin darte opciones.  ¡Qué miedo que Kari realice este recorrido a diario! – pensé.

El sábado 11 de julio recibí la llamada que me partió como un rayo. Circulaban fotos y videos en redes sociales de un siniestro ciclista. Aunque decían que era un hombre quien iba a bordo, una amiga identificó la bicicleta de Karina y quería saber si yo estaba con ella. Me sentí pesada y dejé de escuchar, decidí ir a su casa, no quise creer que fuera real. Cuando iba en camino vi su bici, la plaquita con la frase: me quiere no me hiere, al frente, y su celular en el manubrio. Estaba atada con cintas de precaución a un poste, la policía tomando notas. Quise vomitar.

El trato que se le dio a Karina tras su muerte fue lamentable, evidenció la falta de protocolos legales y de comunicación que existen para los siniestros ciclistas, se dejó ir a testigos, se identificó de manera errónea el género de Karina, se divulgaron fotos y videos donde aparecía su cuerpo. Muchas personas compartieron especulaciones totalmente irrespetuosas, haciendo pornografía de la tragedia. La situación me tiene reflexionando mucho y es que es necesario que como ciudadanos y comunicadores apelemos a la conciencia y la empatía. El testimonio de una sola persona, la especulación, lo que muestra una foto o video es una visión simplificada y reducida de la realidad. Afilemos el colmillo crítico y cuestionemos: ¿este tipo de muertes deberían ser el destino del ciclista y del peatón? ¿En verdad creemos que estas muertes son su responsabilidad? ¿Dónde queda la responsabilidad del estado ante la falta de una infraestructura adecuada que provoca siniestros fatales?

Lucía Anaya

Soy muy curiosa, feminista, fan de los perritos, las caminatas y el café. Me apasionan los temas de sociedad, género, nuevos medios y cultura audiovisual. Me encanta aprender, estudié una Licenciatura en Arte Digital y una Maestría en Humanidades. Actualmente me desempeño como creadora de contenido digital tanto educativo como para marcas.