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Operación: amiga vuelve a casa

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Lejos de atender una violencia sistémica que está matando al 50 por ciento de su población, de crear políticas públicas que nos permitan vivir libres y sin miedo, nos culpan y hacen que sea nuestra responsabilidad mantenernos vivas.

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En los últimos dos meses, en al menos en cuatro ocasiones, amigas mías han pasado por situaciones de peligro al trasladarse hacia sus casas. Diferentes personas y momentos con un factor en común, todas han experimentado angustia, incomodidad y miedo de no sentirse seguras para llegar a su hogar.  En esos momentos, sin necesidad de una explicación, se activa un sistema, una red de protección en la que todas buscamos y acompañamos el regreso a casa. Se pone en marcha un protocolo que nadie nos enseñó, pero que llevamos grabado como un instructivo. En el grupo de WhatsApp se envían datos del conductor y del carro, ubicación en tiempo real, mensajes y llamadas, se le hace saber al conductor que no estás sola y que alguien está esperando tu llegada. Solo una vez que ha cruzado el umbral de su casa puedes estar tranquila, porque esta vez, tu amiga volvió a casa.  

La violencia de género que vive Nuevo León resulta alarmante para una sociedad que presume de su desarrollo. Según el reporte anual del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2018 Nuevo León obtuvo el tercer lugar a nivel nacional con 79 feminicidios. Además, nuestro estado contó con el 10 por ciento de las 100 ciudades con más feminicidios registrados en el país, siendo Monterrey la tercera ciudad con mayor cantidad de asesinatos de mujeres en México. Si estas cifras no son suficientes, será importante destacar que Nuevo León obtuvo el primer lugar a nivel nacional en llamadas de emergencia relacionadas con abuso sexual, mientras que en casos de trata de mujeres registró el cuarto mayor número de casos a nivel país. Pareciera que, en este estado de vanguardia y liderazgo nacional, si eres mujer y buscas llegar a casa de forma segura, las estadísticas están en tu contra.

Si esto no fuera poco, el Estado responsabiliza y criminaliza a las mujeres víctimas de estos terribles actos. En el portal oficial del gobierno del estado de Nuevo León se puede leer “Recomendaciones para prevenir situaciones de violencia” entre las cuales se incluyen: cambiar seguido tus rutas, evitar caminar por calles poco transitadas, no confiar en desconocidos, mantenerte alerta y pedir ayuda. Con este discurso, el gobierno decide ignorar la violencia machista que nos asesina día con día. Lejos de atender una violencia sistémica que está matando al 50 por ciento de su población, de crear políticas públicas que nos permitan vivir libres y sin miedo, nos culpan y hacen que sea nuestra responsabilidad mantenernos vivas. Oculto detrás de un discurso de “seguridad”, paternalista y machista, nuestras libertades son coartadas una vez más, es necesario enviar ubicaciones y que sepan dónde estás, que alguien vigile que llegues a tu destino. Lejos de verse reflejados los más de 40 millones de pesos designados en el presupuesto estatal a combatir la violencia de género, Nuevo León continúa acumulando mujeres muertas. 

Este viernes 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que nació para recordar la lucha por los derechos políticos y civiles de las mujeres. Siglos de sacrificios para poder trabajar, estudiar y votar, derechos que hoy reconocemos como básicos gracias a mujeres valientes. Sin embargo, hoy parece que hemos retrocedido en el tiempo y hemos perdido terreno, pues luchamos por salir sin miedo y poder regresar todos los días a nuestras casas. Estamos batallando por vivir. Porque no queremos formar parte de las estadísticas, y no queremos gritar el nombre de otra mujer en las calles, clamando justicia, luchamos para que ninguna más desaparezca o sea asesinada. 

Este 8 de marzo salgamos a las calles, luchemos y exijamos que se reconozca nuestro derecho más básico: el de que somos personas y no tenemos que ser de nadie. Ni hermanas, ni amigas, ni madres, ni hijas, porque somos seres humanos y esa debería ser razón suficiente para vivir una vida libre de violencia. 

Este viernes 8 de marzo, llevemos una vela y caminemos juntas, recuperemos la calle, ésta que es nuestra y que nos la han arrebatado. Vayamos juntas, visibles, salgamos de la Plaza de Colegio Civil a las 8 de la noche. Pues la incomodidad, la inseguridad y el temor que sentimos ocurre todos los días, un martes por la mañana al salir del trabajo, un viernes al ir a cenar, o un sábado después de regresar de una fiesta. Porque la posibilidad siempre está ahí, latente. 

Recordémosle a este gobierno que a pesar de que no es nuestra culpa, responsabilidad u obligación, su omisión nos orilla a exigir nuestro derecho más básico, el de vivir. Este 8 de marzo marchemos para que todas volvamos a casa.

Georgina Rangel

Internacionalista y defensora de derechos humanos. Me gusta ver series, jugar basquetbol y armar rompecabezas.