Oído femenino

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Escuchando el Huapango de Moncayo, dirigido por Alondra de la Parra, un verdadero clásico de la música orquestal mexicana, no dejo de sorprenderme de las tesituras, del ritmo, de su fuerza. De cómo ese conjunto de sonidos y silencios eriza la piel, transportándome por los rincones de mi lejano México.

Me gozo de la interpretación de la directora mexicana, de la calma y suavidad de las cuerdas, de la fuerza y sonoridad de sus metales. Y no puedo más que recordar el carisma, cuidado y enseñanza que Alondra nos brindó a la audiencia cuando se presentó en Monterrey por allá del 2010, así como su extraordinario liderazgo orquestal durante las fiestas del Bicentenario de la Independencia de México.

Nos compartió su manera de escuchar, su oído femenino con una maestría que conectaba las almas de todos los que tuvimos la dicha de presenciarlo.

Ha pasado una década desde entonces, y me pregunto, ¿y las demás? ¿No debería ya haber tenido yo contacto con otras muchas mujeres en el podio en todo este tiempo?

Tristemente los números no ayudan, y hasta pueden ser engañosos. En Estados Unidos, las mujeres intérpretes de las orquestas clásicas representan entre el 46 y 49 por ciento de sus integrantes. Nada mal, ¿no? Terrible si consideras que el número de mujeres en posiciones de dirección musical está en una proporción de 9 a 1. De las veinte orquestas más conocidas en la Unión Americana, solo una tiene a una directora mujer.

A nivel mundial no mejora el asunto. Sólo 76 de los mil 445 conciertos ofrecidos en 2018 por las grandes orquestas de música clásica incluyeron una pieza compuesta por mujeres. Y de entre todas las obras que se tocaron (más de 3 mil 500), solo el 2.3 por ciento fueron hechas por compositoras.

En el ámbito popular, todos conocemos las canciones de Beyoncé, Natalia Lafourcade o Shakira. Sin embargo, de las 600 canciones más populares en el período 2012-2017, solo el 22 por ciento fueron interpretadas por mujeres, y más bajo es aún el porcentaje de aquellas creadas por mujeres (12 por ciento).

Considerando la gran cantidad de personas que que la industria de la música emplea hay también una desproporción gigantesca. No hay una excusa válida para que solo el 30 por ciento de las personas que trabajan en ella sean mujeres, según reporta Laura Quiñones en su reportaje para el sistema de noticias de las Naciones Unidas. Queriéndolo o no, es una industria cultural que sigue perpetuando un mensaje de discriminación. 

Esto es un problema, y no solo por la inequidad, falta de visibilidad y brecha salarial (que ya de por sí son aspectos graves en cualquier industria). Sino que estamos dejando de escuchar, a tantísimas compositoras, intérpretes y directoras que nos pueden enseñar nuevas maneras de experimentar la música.  Y es más impactante para nuestro país, si consideramos que en 2019 en México, pasamos más de 25 horas en promedio a la semana escuchando música, según el reporte de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica.

Necesitamos un esfuerzo genuino para crear un ambiente de sensibilización y acceso a la música de y para las mujeres. De estrategias específicas de diversificación de las fuentes de la oferta cultural a la que tenemos acceso. Las necesitamos produciendo, componiendo, balanceando ese espacio clave de la vida en sociedad. 

Este esfuerzo no puede estar confinado a “dar becas para mujeres” por entidades de gobierno, o “darles flautas” para que se entretengan. Cada quien necesita colaborar, las fundaciones culturales, las entidades educativas, los conservatorios y las escuelas de artes, las empresas de medios y sus ejecutivos. 

Nosotros como público tenemos que jugar nuestro rol convirtiéndonos en melómanos incluyentes y diversos. Necesitamos explorar las opciones, dedicarle el tiempo a disfrutar de esa nueva música y compartir obras escritas, interpretadas y dirigidas por mujeres. Aquí me tomo el atrevimiento de invitarles a gozar el álbum Travieso Carmesí, que dirigió De la Parra e interpretado por Ely Guerra, Natalia Lafourcade y Denise G.M., y a redescubrir a la extensa producción de Clara Schumann. Están ahí, para ustedes.

En este 2021 nos estamos perdiendo de mucho, de la capacidad creativa e interpretativa de buena parte de la humanidad. La música no sólo es una industria multimillonaria, sino también es el reflejo y los anhelos de la sociedad que la crea.

Recuerdo vivamente que en aquella ocasión, Alondra de la Parra no se presentó con esa imagen típica del conductor de orquesta todo sapiencia, alquimista de la interpretación, alejado de nosotros los mortales.  Más bien la maestra, con su contacto y cercanía, con su oído femenino, nos acomodaba en el océano de partituras de esa noche para apreciarlo en su totalidad. 

Un concierto que marcó mi vida. Es momento de pasarle la batuta a las directoras.

Héctor Villarreal Lozoya

Mexicano de nacimiento, caribeño/isleño por adopción, lector interrumpido compulsivo. Tecnófilo y eterno convencido de que las fronteras son artificiales. Creyente en los demás y facilitador grupal en consecuencia. Apasionado de la colaboración.