Nuevo León: campo de ejecuciones, discriminación e impunidad

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Pedro vino a reconocer el cuerpo; fue en 2014. Su hijo había viajado al norte para probar suerte. No sabían nada de él hasta que el DIF de Palenque contactó a la familia. Vino su papá desde Chiapas, con las dificultades que implica llegar a una urbe como ésta. Los compañeros de su hijo explicaron que trabajaban con él en un carwash, a donde no se había presentado en días. Luego lo vieron en un periódico, asesinado: tenía las manos esposadas y le habían disparado por la espalda. El papá, ya aquí y sin traductor, solo atinaba a decir en su poco español que quería llevarse el cuerpo. Por el tiempo transcurrido lo tuvieron que cremar. El expediente aparentemente quedó abierto, pero en el olvido ¿Quién le quitó la vida? ¿Policías, militares, delincuencia organizada? Un crimen impune. Un indígena cho´l que poco importó.

Hechos similares ocurren en esta ciudad donde la violencia es cotidiana y la discriminación también; donde la población migrante está en alta situación de vulnerabilidad, y las condiciones económicas y de origen se vuelven razón para ser criminalizados.

Este 26 de septiembre hubo otra terrible ejecución: Gregorio Santiago, de 20 años, y Claudio Martínez de 41, ambos indígenas teenek de San Luis Potosí, fueron asesinados con disparos en la espalda por elementos de la policía Fuerza Civil de Nuevo León. Tenían pocas semanas de haber llegado a la ciudad para laborar como albañiles, pues la pandemia los había dejado sin trabajo. Venancio y Jaime Santiago, hermanos de Gregorio, también recibieron disparos, y al momento se encuentran hospitalizados. En noticias se mencionó que los hechos se perpetraron en “una revisión de rutina que se convirtió en riña”, mientras que el Secretario de Seguridad Pública, Aldo Fasci, señaló que fue el instinto de supervivencia del policía lo que motivó matar a dos personas. Qué declaraciones.

Lo que ocurrió fue una Ejecución Extrajudicial, entendida ésta “cuando se consuma la privación arbitraria de la vida por parte de agentes del Estado (…) que puede consumarse de manera aislada, con o sin motivación política”. Fue un abuso de autoridad con un uso desproporcionado y excesivo de la fuerza. Fue delito y una clara violación a derechos humanos. Todo lo anterior colocado sobre una base de racismo y discriminación.

El abuso de los cuerpos de seguridad es constante en Monterrey y el área metropolitana; las revisiones, claramente arbitrarias en calles y casas, se acentúan hacia poblaciones de escasos recursos. La tez morena y la forma de vestir se vuelven argumentos para detener a gente común como presuntos criminales, y esto lo hace gente común que se ha enfilado como policía, en muchos de los casos también de tez morena y de bajos recursos, pero quienes ostentan armas y un poder que luego se vuelve desmedido, agresivo, e incluso letal; respaldado por un Estado que ha fallado en aplicar protocolos que respeten los derechos.

Aunado a lo anterior el entorno social de nuestra ciudad es igualmente discriminatorio, invisibilizando la presencia de comunidades indígenas, y llevando al olvido situaciones como las mencionadas.

El Gobierno de Nuevo León, a través de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas, CEEAV, y de la Dirección de Orientación, Protección y Apoyo a Víctimas de Delitos y Testigos, DOPAVIDET, tiene obligaciones muy concretas en casos como los señalados respecto a la atención a las víctimas y la reparación integral del daño. Y, además de la efectividad que deberían tener esas instituciones y la Fiscalía, son necesarias políticas que eliminen la constante discriminación en que vivimos.

Si bien la violencia afecta a toda la población, hay personas mayormente expuestas. ¿Qué hacer para que no sea ejecutado otro compañero cho´l, teenek, o alguien cercano a ti o a mí -incluso tú o yo- dejando los hechos en el campo de la impunidad? Por ahora, y ante el caso reciente, dar seguimiento a que Jaime Rodríguez, Gobernador de Nuevo León, cumpla lo que dijo este miércoles: el Estado asumirá la responsabilidad que se determine e indemnizará a las familias. Pero para que la violencia y discriminación no nos sigan carcomiendo, hay mucho más por transformar.
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Liz Sánchez

Con el sur como norte, camino. Disfruto la sierra y el mar; la salsa y los postres; la música, el viento y la poesía. El corazón se alimenta de lo amable. He colaborado y latido en la defensa de derechos humanos en Oaxaca, Tlaxcala y Nuevo León.