Nuestras reglas

Por |

Sin embargo, es innegable que para muchas mujeres de hoy el uso prolongado de la pastilla representa un gran desgaste físico, una merma importante en la calidad de vida y ¿por qué no?, también una carga económica relevante.

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Independientemente de que a raíz de #Undíasinnosotras nuestras redes están saturadas de todo tipo de contenidos -desde los más acertados hasta los más ignorantes y machistas- las mujeres debemos gozarnos por esta victoria de haber impuesto agenda. Hemos comenzado con los feminicidios y tengo la feliz corazonada que ya no vamos a parar hasta lograr igualdad en todos los aspectos de la vida, incluso en uno de los más domésticos: la salud reproductiva.

Hace unas semanas conversaba con una amiga -luego de ver uno de esos recuerdos de Facebook- sobre cómo mi cabello ha cambiado con los años pasando de ondulado a lacio. Me dijo con toda normalidad: ¿Tomas pastillas? Son las pastillas. Y siguió como si tal cosa.

Devota de Google como soy, a las pocas horas había recabado suficiente evidencia sobre cómo los métodos de anticoncepción oral están relacionados con un montón de cambios físicos y emocionales en las mujeres.

Drásticas transformaciones en la textura y volumen del cabello. Falta de deseo sexual. Hipersensibilidad en los senos. Mayor probabilidad de depresión. Dolores de cabeza. Desórdenes metabólicos. Cambios de humor. Reducción de la densidad ósea. Tendencia al sobrepeso. ¡Tantos padecimientos que solemos atribuir a otros factores! Al saber toda esta información sentí primero sorpresa, luego culpa (porque había permitido que esta información se me escapara), luego coraje (porque la toma de la pastilla está muy normalizada) y finalmente, mucha curiosidad y ganas de gritarlo al mundo para exigir un cambio.

Según Lara Briden, la revolucionaria menstrual, las hormonas femeninas – estrógeno y progesterona- dan origen a la ovulación, una condición indispensable para la reproducción. La pastilla anticonceptiva inhibe la ovulación y reemplaza estas hormonas con otras de origen sintético como etinilestradiol y levonorgestrel.

Sin embargo, aun cuando la ovulación no resulta en un bebé, es deseable que ocurra porque con ella se liberan hormonas que el cuerpo femenino necesita para estar bien.

El estrógeno, por ejemplo, es importante para mantener el tono muscular, para mantener niveles equilibrados de insulina y para la salud general de huesos, corazón y cerebro. La progesterona regula la función metabólica e inmunológica. Tan importante es la ovulación que un signo inequívoco de enfermedad es la ausencia de menstruación.  (Ojo aquí: el sangrado por deprivación cuando se usa la pastilla anticonceptiva no cuenta como menstruación). Sí: la ovulación -y subsecuente menstruación- es indispensable para mantener la salud; es nuestro derecho.

Sin duda, la introducción de la pastilla anticonceptiva en el mercado allá por 1956 representó un hito científico y social del que se beneficiaron nuestras abuelas y madres. En muchos sentidos fue el catalizador de la revolución sexual que se dio en las décadas siguientes y que contribuyó enormemente a la emancipación femenina. Sin embargo, es innegable que para muchas mujeres de hoy el uso prolongado de la pastilla representa un gran desgaste físico, una merma importante en la calidad de vida y ¿por qué no?, también una carga económica relevante.

A siete décadas del surgimiento de la pastilla, es una realidad que las mujeres demandamos el acceso a una vida reproductiva sana, igualitaria, sostenible y respetuosa de nuestros derechos y deseos.

Estos días he comenzado a ilustrarme en las minucias del método sintotérmico, que a grandes rasgos consiste en la observación del moco cervical y temperatura basal para predecir períodos de fertilidad. Reconozco que es una vieja, engorrosa y quizá inefectiva alternativa, pero planeo darle al menos el beneficio de la duda en mi tránsito hacia un control de natalidad libre de hormonas. Porque soy persona, sujeta de derechos y no sólo clienta de farmacéuticas. Porque soy más que una matriz con piernas.

Estos días de controversia muchos hombres se preguntan el papel que pueden tener en nuestra lucha. Desde estas líneas hago una propuesta muy clara: normalicen y promuevan la vasectomía como método anticonceptivo de largo plazo. ¡Ya basta de cargar el control de natalidad sólo en nuestros hombros!

Mariana Ramírez Padilla

Chilanga emigrada a Monterrey en 2019.Internacionalista; apasionada de los temas sociales y culturales de México.Estudiante de la maestría en Derechos Humanos en la UANL.