Nosotros sí, pero el que viene de paso no

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Nos irrita el discurso racista del tirador de El Paso, Texas, pero según un sondeo de El Financiero, el 63 por ciento de los encuestados en este país opina que el Gobierno tiene que cerrar la frontera a los migrantes.

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El flujo migratorio se intensificó en México durante 2018, el crimen organizado y la pobreza que reinan en los países vecinos del sur han provocado que, hasta hoy, más de medio millón de personas lleguen a territorio mexicano. Esa situación ha exteriorizado un lado oscuro que los mexicanos creíamos no tener: odio, desprecio y repudio a todo aquel que viene de fuera, aunque sea de paso; ejemplo de ello, dos acontecimientos en particular.

Los comentarios contra la caravana migrante de 2018 es el primer caso, mientras que medios internacionales retrataban el sufrimiento de hombres, mujeres, jóvenes y niños, algunos medios nacionales, como el portal plumasatomicas.com, exhibían las opiniones que pululaban en redes sociales que tachaban a los migrantes como delincuentes y non gratos de pisar nuestro sagrado territorio nacional: “Que regresen a su país”, “no estoy de acuerdo que entren, son un riesgo para la salud”, “aquí ya hay muchos pobres”, entre otros.

El segundo, ocurrió siete meses después en la tercera privada de la colonia Ferrocarrilera en Apizaco, Tlaxcala. El capítulo No los queremos aquí, del podcast Así como suena, narra cómo la autoridad municipal instaló una reja a petición de los colonos. Teniendo como argumento que los migrantes que transitan por esa calle para dirigirse al albergue “La sagrada familia”, son responsables de los actos delictivos que suceden en la zona. Sin tener pruebas tangibles se les acusa y se les castiga negándoles el acceso al refugio más próximo; el albergue previo se encuentra a 15 horas de distancia en Tierra Blanca, Veracruz.

Somos eso que tanto le juzgamos a nuestro vecino del norte: xenófobos. Una encuesta de Pew Research Center, en 2017, indicaba que el 93 por ciento de los mexicanos estaba en desacuerdo con la política exterior de Donald Trump, mientras que el 55 por ciento opinaba que trasladarse a Estados Unidos podría ofrecerles una mejor vida. Esto último cambia cuando se trata de los centroamericanos, pues solo el 35 por ciento de los mexicanos según El Financiero, esta a favor de facilitarles el trayecto por el territorio nacional para llegar a la frontera norte; o sea, nosotros sí, pero el que viene de paso no.

Criticamos el muro de Trump, pero aquí construimos rejas que impiden el acceso a refugios en donde migrantes encuentran alimento y descanso. Nos indignamos ante las muertes de mexicanos a manos de la Patrulla Fronteriza, pero nos quedamos callados ante el asesinato de un migrante salvadoreño, presuntamente por elementos de la policía estatal en Saltillo, Coahuila. Nos irrita el discurso racista del tirador de El Paso, Texas, pero según un sondeo de El Financiero, el 63 por ciento de los encuestados en este país opina que el Gobierno tiene que cerrar la frontera a los migrantes.

Este pensamiento contra el que viene de fuera y que “representa una carga” se ha radicalizado el último año debido a acciones decretadas por el Gobierno Federal, como la política de puertas abiertas con la que arrancó su mandato Andrés Manuel López Obrador, o la más reciente, derivada de la amenaza de Estados Unidos de imponer aranceles a México, cuando se modificaran los objetivos del Fondo de Infraestructura para países de Mesoamérica y el Caribe. Con la finalidad, de que ahora sí sea lícito donar y utilizar el fondo de 30 millones de dólares para fines migratorios; que lejos de alentar la fraternidad, aumenta el miedo a que nos quiten lo que es “nuestro”.

Así les damos la bienvenida en México a los migrantes, de manera hostil y con recelo. Imagine que usted es una de las miles de personas a quienes la miseria ha obligado a emigrar a nuestro país, ¿le gustaría ser recibido de esta manera? Me desilusiona darme cuenta que después de tanta tragedia que ha azotado a nuestro país, nada hemos aprendido sobre solidaridad. Somos una sociedad que no comprende que es legítimo el derecho de otros a acceder a una vida mejor. Nada de esto va a cambiar mientras sigamos pensando de manera egocéntrica: nosotros sí, pero el que viene de paso no. 

Ana Muñiz

Politóloga de profesión y preguntona por vocación. Me gusta investigar, platicar con la gente y escribir lo que descubro. Leo, corro y hago yoga para divertirme.