No es tu culpa, mamá

Por |

Quiero decirte que no es tu culpa. No es tu culpa si cuando salgo de la universidad unos militares me disparan y dicen que pertenecía a un cartel. No es tu culpa, si abren las puertas de la casa, me ejecutan frente a la familia y me plantan armas para justificar el hecho. No es tu culpa si al esperar afuera de mi casa, un comando armado, militares o policías me llevan y no vuelves a saber de mí

Compartir esta nota:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

De niña quería ser grande para ir al cine sola e ir a la función que empezaba más tarde. Quería ir al parque a pasear a mi perro a la hora que quisiera, sin tener que esperar a que mi mamá se arreglara y tuviera ganas de llevarme. Quería viajar con mis amigas en carretera, escuchando música y salir a tomar fotos. 

Ahora que viajo sola a visitar a mi hermano, la carretera está llena de retenes, se suben militares y me preguntan: ¿A dónde vas?, ¿Con quién vienes?, ¿Cuántos años tienes?, Dame tu identificación. Me lo dicen cuando nos detienen, con una lámpara apuntándome en la cara, intimidando con sus cuestionamientos: ¿Estás segura de que eres mayor de edad? 

 Es porque están evitando la trata de mujeres, me dice la persona que está en el asiento de a un lado. Te ves muy pequeña, a lo mejor piensan que te obligan a venir, agrega. 

Cuando le conté a mi mamá, ella respondió triste que tal vez debió acompañarme, que sintió mi tristeza y mi miedo, como un golpe en el estómago sin ella saber qué pasaba. Yo sentí coraje y el miedo me vino cuando pensé que, si algo me sucedía, destrozaría a mi mamá, no solo con mi ausencia, sino con la culpa, que es lo más difícil de sanar. Por esto decidí escribirle una carta:

Querida mamá, 

a ti que te he visto preocupada cuando salgo, pegada al teléfono por si algo pasa, despierta hasta que llego. Tú que cuando algo me ha pasado te sientes culpable pensando que si no estuviste en ese momento, que si tuviste un mal presentimiento, que no me debiste haber dejado ir a la tienda por un refresco, que debiste recogerme de la escuela, que no debiste dejarme salir a las 11 de la noche porque ya es era muy tarde.

Quiero decirte que no es tu culpa. No es tu culpa si cuando salgo de la universidad unos militares me disparan y dicen que pertenecía a un cartel. No es tu culpa, si abren las puertas de la casa, me ejecutan frente a la familia y me plantan armas para justificar el hecho. No es tu culpa si al esperar afuera de mi casa, un comando armado, militares o policías me llevan y no vuelves a saber de mí.

No es tu culpa porque en esta “guerra contra el narco” han desaparecido a más de 40 mil personas y han sido asesinadas más de 200 mil. Y no es tu culpa que el Estado haya establecido condiciones de violencia que permitan que todo esto pase por no responder adecuadamente en materia de seguridad. Y, encima decidan mandar más militares después de 10 años de muertes y otras graves violaciones a derechos humanos que evidencian la estrategia fallida. 

Que tu amor no te haga sentir responsable, que el dolor no te haga sentir aislada. No estás sola, estamos muchas contigo, muchas guerreras, que luchan todos los días por sus hijas e hijos. Que con todo el miedo del mundo alzan la voz, se reúnen y construyen puentes y caminos de esperanza. Y lo más importante mamá, no esperes a que algo me pase para tomar acciones y exigir justicia por las demás personas. 

Gloria Zapata

Socióloga con interés en estudios sobre violencia. Me gusta leer, escribir, ver películas y series. Mi animal favorito es el perro.