No era paz, era silencio

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Una pareja se encontraba observando y la mujer empezó a llorar, una amiga fue a preguntarle si necesitaba algo y ella le respondió que estaba muy conmovida por la marcha, cuando me percaté de ello mis amigas y yo fuimos a abrazarla, entonces en menos de un minuto ya había muchísimas más en un abrazo grupal.

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¿En qué época histórica te hubiera gustado vivir? Es una pregunta que en más de una ocasión me han hecho y debo aceptar que la respuesta ha variado, pero hoy estoy segura de que si me la realizan nuevamente mi respuesta sería: ahora; porque ahora es la revolución de las mujeres y eso se volvió tangible en las calles de Monterrey este 8 de marzo del 2020 en una protesta sin precedentes por la presencia de más de 15 mil féminas que cívicamente denunciamos en las calles la violencia contra la mujer que se está viviendo en México en la actualidad.

Hace unos días platiqué con una amiga y para despedirse me dijo:  nos vemos el domingo, aunque espero que seamos tantísimas que no nos encontremos. Eso me llenó de optimismo, aunque la realidad no era tan sencilla como para que hubiera tanta esperanza. El machismo en México no quiere abandonarse, así que hombres amenazaron con ir a la manifestación de Ciudad de México para rociar con ácido a las protestantes, esto se empezó a repetir en otros lugares, entre ellos Monterrey.

El día llegó y en mi ventana a feministlán vi como todas amanecimos con una sensación como niña en la mañana de Navidad ¡Es hoy, es hoy! El meme más compartido; emocionadas comenzamos nuestra jornada. Y ahí estaba la fuerza para hacer pequeñitos los pensamientos negativos que pudiéramos tener por las amenazas, por la crítica o por el ambiente denso que se venía respirando desde días pasados.

A la hora de la cita vestimos la explanada de los héroes de heroínas moradas y verdes, de todas las edades, de todas las clases sociales, de ocupaciones varias como estudiantes, maestras, artistas, escritoras, obreras, comerciantes… y mejor aquí paro porque no acabo. Todas teníamos algo en común, un grito de denuncia por hartazgo y la mejor vibra para compartir entre nosotras.

La marcha comenzó, gritamos las consignas con furor, con coraje y rabia, con recuerdos de fondo y una pancarta en nuestras manos. En nuestro andar invitamos a la unión diciendo: ¡Mujer, escucha, esta es tu lucha! Y ¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente! Y fui testiga de cómo nos escucharon y se sumaron.

En la calle Ocampo fue donde viví lo más emotivo por tres circunstancias específicas. La primera fue que cuando el contingente caminaba por esta calle, una pareja se encontraba observando y la mujer empezó a llorar, una amiga fue a preguntarle si necesitaba algo y ella le respondió que estaba muy conmovida por la marcha, cuando me percaté de ello mis amigas y yo fuimos a abrazarla, entonces en menos de un minuto ya había muchísimas más en un abrazo grupal.

La segunda fue apenas unos metros adelante, unas chicas pintaron una pared del Hotel Sheraton en presencia de unos empleados varones, cuando ellos vieron esto se acercaron a ellas, pero de inmediato grité ¡fuimos todas! y esto se multiplicó lo suficiente para que no hubiera duda de que ¡Fuimos todas!

La tercera fue al frente del Palacio Municipal, vi mujeres del otro lado de la plaza, también a todo lo largo de Ocampo, el escándalo imponía, pero cuando se levantaron los puños para guardar un minuto de silencio por aquellas que asesinaron y no pudieron marchar, ese silencio repentino impuso aún más. 

De nuevo estábamos en la explanada, un escenario que tenía una fuente pintada de rojo por la sangre de las que asesinaron, barandales con zapatos rojos y un palacio de gobierno escuchando el posicionamiento del movimiento feminista en Nuevo León.

Nuevamente no se podía creer la cantidad de presencia, eso es consciencia y al ser el Estado con mayor número de feminicidios en el país hasta ahora, nos hizo despertar a las mujeres.

Ojalá que nunca más nos volvamos a dormir, porque necesitamos construir una ciudadanía participativa para obligar al Estado a atender nuestros intereses y a modificar la agenda pública para que se protejan nuestros intereses legítimos, porque culturalmente nuestro movimiento no es coyuntural, tiene solidez y es histórico.

Y en ese despertar descubrimos que antes no teníamos paz, solo era silencio.

Julieta Martínez

Abogada de profesión, maestra por pasión. Madre. Feminista militante. Difusora porque callada no me veo más bonita y el conocimiento es poder. Integrante de la Colectiva Sincréticas. Simpatizante de causas que creo justas.