No cubres el perfil 

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El mercado laboral en nuestro país ya es suficientemente agresivo y competido como para además hacer distinciones que atentan no sólo contra el derecho al trabajo, sino contra la dignidad humana misma.

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Es otro día de búsqueda de empleo para Angélica en la ciudad de Monterrey. Ingresa al sitio de OCC Mundial en búsqueda de una vacante como recepcionista y encuentra una publicación del 28 de mayo por la empresa Seguros BX+. Se da cuenta de que cumple con los requisitos, excepto por el límite de edad que es de 20 a 30 años, Angélica recién cumplió los 41. 

En la Ciudad de México, Héctor, quien recientemente quedó desempleado, busca un trabajo que le permita seguir pagando la hipoteca de la casa que ocupan él y su familia. Entra al sitio de OCC Mundial y encuentra una vacante del 9 de mayo, ofertada por la empresa Office Depot de México. Aunque Héctor cuenta con la experiencia que se requiere para la cubrirla, supera el límite máximo de edad que es de 35 años. Al final de la publicación se especifica: inútil postularse si no cubres con el perfil.

Historias como la de Angélica y la de Héctor se repiten día a con día para quienes buscan empleo en nuestro país. Pareciera que, tanto la juventud como la madurez, han sido estigmatizadas en el ámbito laboral. Algunos empleadores demuestran, repiten y perpetúan los prejuicios asociados con la edad y una supuesta imposibilidad de cumplir cabalmente con las tareas y responsabilidades propias de una determinada profesión u oficio. Lo anterior tiene un nombre, se llama discriminación y en México está prohibida.

El pasado 30 de mayo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) compartió, a través de su cuenta de Facebook, una publicación en la que se puede leer “¿Sabías que los anuncios de trabajo que especifican un límite de edad como requisito para obtener el empleo son discriminatorios?”. Lo anterior está sustentado en el Amparo Directo en Revisión 992/2014, cuyo ponente fue el ministro Arturo Zaldívar Lelo de la Larrea.

En el citado amparo de la SCJN, se explica que la Constitución mexicana, desde la reforma del año 2001, introdujo en el artículo 1° la cláusula de no discriminación, la cual establece lo siguiente: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Así mismo, en el amparo ya mencionado se expone que la Ley Federal del Trabajo, a partir de la reforma del año 2012, consagra en sus artículos 2°, 3°, 56 y 133 el derecho a la no discriminación en el empleo. Además, explica la Suprema Corte, nuestro país tiene un compromiso internacional al suscribir el Convenio Internacional del Trabajo número 111, referente a la discriminación en materia de empleo y ocupación.

El mercado laboral en nuestro país ya es suficientemente agresivo y competido como para además hacer distinciones que atentan no sólo contra el derecho al trabajo, sino contra la dignidad humana misma. Las empresas no son necesariamente conscientes de las prácticas discriminatorias que ejercen, pero esta situación nos permite dar cuenta de los esfuerzos que hacen falta en la materia.

Para comenzar a erradicar la discriminación, un muy buen paso es conocer, exigir y hacer valer los derechos que consagran la Constitución y las leyes mexicanas. En México es posible acercarse a instancias como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) para emitir una queja en contra de las empresas que discriminan, o bien acudir a la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (PROFEDET) para obtener orientación, asesoría y representación gratuita.

La exigencia de nuestros derechos no es una tarea sencilla, pero sí debiera ser una práctica que se vuelva común y cotidiana, una tarea del día a día. Cuando nos encontremos con una oferta de trabajo discriminatoria, tenemos la opción de exigir que se respete la Constitución o bien, seguir normalizando un problema que desmoraliza y excluye a quienes buscan conseguir un empleo digno.

Óscar Tolentino

Orgullosamente regiomontano. Me formé como Ingeniero en Sistemas de Información y ejercí como consultor de negocios por más de diez años. Me cuestionaba sobre las dinámicas del mundo del trabajo y decidí convertirme en científico social. Estudiante de doctorado en Ciencias Sociales, con interés en investigar los cambios en las relaciones laborales. Disfruto enormemente de caminar por la ciudad de Monterrey.