Necesitamos volvernos a abrazar

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Tenemos la obligación de estar alerta ante cualquier tipo de medidas que nos afecten.

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Nos encontramos a más de 100 días del inicio una pandemia declarada, viviendo en medio de un distanciamiento social que nos anuncian como permanente. La llamada “nueva normalidad” nos empuja fuertemente a un mundo virtual, controlado globalmente por élites ajenas a nuestras realidades locales y personales. 

Los medios de comunicación han contribuido a llenar a las personas de un miedo exagerado ante el coronavirus, han realizado un seguimiento nunca antes visto para otra enfermedad, haciendo énfasis en el número de muertos, en la tragedia. 

Escuchamos constantemente sobre el riesgo de salir e infectarnos, se nos ordena quedarnos en casa. No podemos ir a la naturaleza en familia, pero sí puedes ir a trabajar en metro y camiones abarrotados; estamos siendo tratados como niños incapaces de tomar nuestras propias decisiones sobre nuestra salud.  

Hemos convivido desde siempre con virus, pero de pronto, ¿somos potencialmente enfermos asintomáticos? Nos falta escuchar otro lado.

Entre el virus y la enfermedad, estamos cada persona y lo que nos rodea: sistema inmunológico, medio ambiente, relaciones. Eso nos fortalece, nos empodera.

¿Cómo queremos vivir?, lo que está pasando nos orilla a decidir en qué ciudades queremos habitar. ¿En donde nos separen y nos proporcionen espacios desinfectados artificialmente? ¿O las que nos unan y propicien salud real?

En este sentido, muchos médicos y científicos están respondiendo al llamado de una mayor transparencia, humanidad y conexión, en vez de distanciarnos. No estamos ante la peste, expone el doctor Heiko Schöning junto a más de 2 mil médicos europeos de la Comisión Extraparlamentaria de Investigación sobre el Coronavirus (acu2020.org) 

Llama la atención el criterio de la OMS cuando, en mayo del 2009 cambió la definición de la palabra pandemia, removiendo la parte de “mortalidad significativa” para poder elevar a nivel de pandemia la gripe porcina (después H1N1).  Aun así, la calificó de gravedad general moderada, con base en que la mayoría de los afectados se recuperaban sin necesidad de atención médica (tal y como está sucediendo ahora). No recomendaron entonces restringir los viajes (OMS/Niveles de alerta de pandemia), como ahora sí lo hacen.

Tenemos la obligación de estar alerta ante cualquier tipo de medidas que nos afecten. Baste un ejemplo; durante el siglo XX, la ideología dominante imponía la creencia de que lo artificial era mejor que lo natural dando lugar al experimento más grande del mundo: el cambio de alimentación de la especie humana. A pesar de la oposición de muchas mujeres y médicos, la práctica supuestamente profiláctica de alimentar a los bebés con biberones esterilizados con leche de fórmula no humana se extendió, lo cual se vincula con la muerte de más de 823 mil infantes al año (revista médica The Lancet-Breastfeeding, 2016). 

En estos meses de encierro, la depresión se ha disparado; 1 de cada 4 niños padece ansiedad debido al confinamiento, según una encuesta realizada a 6 mil niños por la organización independiente Save the Children. En el nuevo protocolo para el regreso a clases, se les impide acercarse unos a otros, jugar durante en el recreo, se les mantiene divididos, separados, hasta que exista una vacuna. ¿Esa es la solución? ¿Quién puede predecir los daños que esta modificación del comportamiento traerá a la larga? ¿Pensamos que el próximo año, cuando les demos permiso, los niños van a correr a abrazarse y jugar como lo hacían antes? Nuestras relaciones y naturaleza humana están siendo alteradas. Ahora, al estar cerca de otro, nuestros cuerpos se repelen.  

Para el filósofo Byung-Chul Han, todas estas medidas darán lugar a una sociedad disciplinaria, en la que se monitorizará constantemente nuestro estado de salud. Las decisiones que hoy apoyemos tendrán un impacto en nuestro futuro.  Recordemos que en la naturaleza todo está conectado, no hay separación, ahí está nuestro equilibrio, nuestra medicina. ¡Necesitamos volver a abrazarnos!

Ireri Palacios

Siento que la vida es un viaje, una búsqueda y la escritura un medio para conocerme. Amo este planeta y su soberbia Naturaleza, me dedico actualmente a la cocina vegana y a dar talleres sobre alimentación saludable. Pienso que la familia es lo más hermoso que tenemos.