Nada sobre nosotros sin nosotros

En realidad, la discapacidad no es algo que la persona tenga, sino el resultado de la interacción de las caracterí­sticas o deficiencias con las barreras del entorno.

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Eres mujer, no puedes votar. Tu piel es más obscura que la de la mayoría, no puedes usar los mismos bebederos que los de piel clara. Eres de origen judí­o, no puedes vivir en este paí­s. Eres una persona ciega, no puedes tener una cuenta bancaria. Todas estas afirmaciones, emitidas en algún momento, caen en el mismo apartado: el de las situaciones injustas que se han dado a lo largo del tiempo, tomando como base caracterí­sticas individuales que han colocado a las personas en la franja más estrecha de la distribución estadística: minorí­as, les llamamos.

Hoy, 3 de diciembre, conmemoramos el Dí­a Internacional de las Personas con Discapacidad (PcD), la minorí­a más amplia del mundo. Solo en México, hay poco más de 7 millones de personas con algún tipo de discapacidad de acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadistica y Geografía (INEGI). En realidad, la discapacidad no es algo que la persona tenga, sino el resultado de la interacción de las caracterí­sticas o deficiencias con las barreras del entorno.

Como suele suceder, las mayorías hemos decidido la manera en que se organiza la sociedad sin tomar en cuenta a esos a quienes apenas percibimos. ¡Pero existen! Y no sólo eso, sino que reclaman ser tomados en cuenta. El lema de los activistas por los derechos de las PcD es: Nada sobre nosotros sin nosotros. No les falta razón, a lo largo de la historia han sido exterminados, aislados, invisibilizados. Sus cuerpos han sido intervenidos médicamente para hacerlos encajar en el modelo de la normalidad y perfección. ¿Tanto nos cuesta aceptar la diversidad?

Tomemos un ejemplo concreto: la comunidad sorda. Este colectivo reclama respeto a su cultura. Tienen un idioma llamado Lengua de Señas Mexicana (LSM), que está reconocido por ley como una lengua nacional más en nuestro país; cuenta con una gramática, sintaxis y léxico propios, diferentes a estos elementos del idioma español. Esta comunidad ha generado representaciones artí­sticas que incluyen teatro, poesí­a y canciones en LSM.

Muchas personas sordas reivindican el orgullo de ser como son, con su diversidad funcional y sus cuerpos perfectos que no desean modificar. No quieren recibir, por ejemplo, un implante coclear. 

Desde nuestra existencia oyente, nos parece increí­ble que alguien no quiera recibir electrodos en su oído interno para que tenga una experiencia similar a la audición. Nos cuesta trabajo prestar atención a los argumentos de buena parte de la comunidad sorda, que alega que muchas veces con ese dispositivo, lo que reciben es un montón de sonidos indiscriminados que para ellos no tienen significado o que no están de acuerdo con colocar algo así­ en sus niños pequeños porque no hay estudios a largo plazo que descarten efectos secundarios indeseados. 

Pero la lógica marcada por el enfoque médico y asistencialista insiste en intervenir en sus vidas, tratando de atraer a estas personas hacia el modelo que se considera como el del “cuerpo normal”. La discapacidad no está en ellos, sino en una sociedad diseñada para pasar por encima de las pequeñas poblaciones. ¿Qué sucederí­a si en lugar de diseñar soluciones desde lo que suponemos que necesitan, simplemente prestáramos atención a lo que las mismas personas sordas solicitan?

La Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas se propone no dejar a nadie atrás. En este texto he hablado de las personas de la comunidad sorda, sin embargo, cada tipo de discapacidad tiene caracterí­sticas que, al ser tomadas en cuenta, constituyen a estos colectivos en beneficiarios pero también en agentes de cambio, permitiendo el desarrollo de sociedades mucho más equitativas para todos.

Bajémonos por un momento de la parte alta de la curva estadí­stica y tomemos la oportunidad de hacer lo justo, simpatizando con su lucha y respetando su lema: nada sobre nosotros sin nosotros. ¿Quién sabe? Quizá en una de esas hasta nos damos cuenta de lo mucho que podemos aprender todos, permitiéndonos conocer diferentes formas de percibir la realidad.

Me he dedicado toda la vida a la educación en diferentes modalidades y niveles. Me apasiona leer y escribir. Soy amante de la diversidad humana, defiendo la alegría. En algún tiempo, activista animalista. Aprendiendo cada día, gracias a las ideas de los participantes de los talleres de columna de opinión.

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